viernes, 26 de enero de 2018

PASEOS DE INVIERNO. EN SOCABARGA (1)

Socabarga  es un núcleo de población (para otros, un barrio) situado a los pies de Peña Cabarga, a tan solo 11 km de Santander.

Hoy, martes 23 de enero, aprovechando que daban buen tiempo (al menos, no lluvia), quedamos con Ana para que nos enseñe su finca y ver las posibilidades para desarrollar ahí actividades de educación ambiental en relación con las emociones y los sentidos.


Nada más llegar, en el prado cercano a la casa, veo a una oveja que me mira: es Priscila que a pesar de tener más de un año, se “pierde” por los biberones de leche hasta casi atragantarse.


Lo segundo en que me fijo es en la maravillosa panorámica: desde el astillero, con sus grúas, a la bahía de Santander, al fondo. Y en la combinación de sonidos de la naturaleza con los propiamente urbanos: el piar de los pájaros y un ruido sordo y sostenido, totalmente fabril.

Ana es una mujer entusiasta, extrovertida y con ganas de colaborar y compartir. Nos lleva, sin prisa, a dar una vuelta por la finca La Estrella: 600 carros (unas 10 Ha., como 20 campos de fútbol), llena de todo lo que puedas desear: pastos, bosque, árboles, arbustos, flores, pájaros…


Nada más salir nos damos  de bruces con un roble desnudo del que mi tío Amador hubiera dicho que “estaba muy bien hecho”. “Igual tiene 200 años…”. En la ladera sombreada ya se ven varias matas de prímulas amarillas. Según mi Guía de plantas, deberían florecer en marzo/abril, pero ya llevo varios años constatando que lo hacen antes.

Cerca, en unas rocas, las primeras ortigas. “No las quites todas…”, que tienen también su función: indicadora de nitrógeno, acelera el compostaje. En la Edad Media, la planta  se usaba como verdura...


Aquí y allá destacan los avellanos en flor con sus largas flores masculinas. Son árboles silvestres. Sus ramas se utilizan para hacer cestos y cuévanos como luego nos enseñará Ana en casa.


Entramos un poco en una zona de arbolado. Ana nos quiere enseñar unas cagarrutas. Están en un pequeño agujero de unos 10 centímetros, es decir, el animal ha excavado su propia letrina. ¡Qué limpio y apañado! Resultan ser de tejón. Leo que las hacen en forma cuadrada para que no rueden…Ana ha visto a varios cuando anda sola por la finca, y se sabe sus caminitos y su guarida.



Al salir de nuevo al descubierto, vemos una zona llena de heléboros. “Esa planta no la comen las vacas…”. No me extraña, listas que son ellas… Es venenosa. La llaman “hierba de ballesteros” porque, con su jugo, los arqueros envenenaban las flechas. También deberían florecer en marzo…


Ayer llovió y los campos están mullidos de agua y la arcilla se nos pega a las botas. Peña Cabarga, conocida en tiempos romanos como “la montaña de hierro”, ha visto explotados sus yacimientos desde esa época hasta 1988. Toda ella es un macizo calizo y la disolución de la roca ha originado arcillas de descalcificación y nódulos de óxido de hierro. Ana nos muestra un pequeño otero que dice estar lleno de pedazos de una piedra negra que pesa un montón.


La piedra caliza está asociada a la encina y, efectivamente, hay varios rodales en la finca. Comparamos sus hojas con las del rusco, uno de mis arbustos favoritos,  y el acebo.


Mientras andamos, Ana nos cuenta cuál es su filosofía, y algunas curiosidades: “Mi idea es conseguir un equilibro de pastos y bosque”, suficientes para que su cabaña vacuna, compuesta de 50 vacas y terneritos (una vaca adulta come ¡30 kilos! de hierba al día), pueda autoabastecerse de pastos naturales. Le preguntamos por los campanos. “Aquí solo se los ponemos a las vacas preñadas”, para saber por dónde andan. Pero no los compran: se heredan.

Nos muestra un “paridero”, uno de los lugares que escogen las vacas por su tranquilidad y discreción: es un sitio alfombrado de hojas secas y parece cálido y confortable.


Aún tenemos tiempo para que nos enseñe la cabaña que  construyó su abuelo, Fernando, el Sobano (era del valle de Soba) en la parte más alta de la finca. Todavía quedan en pie las paredes construidas por él mismo en 1946, si bien los árboles han colonizado el suelo.


Ya de vuelta, vemos en mitad del campo unas heces dejadas sin ningún pudor: son de zorro; nada que ver con las letrinas cavadas por los cuidadosos tejones...


También descubrimos sobre una rama desgajada varios ejemplares de hongo yesquero, dispuestos artísticamente a modo de  cuadro. Nos acordamos de la expresión “arde como la yesca”.


Ana nos despide con unas naranjas dulces del árbol pegado a la casa. Están buenísimas…

SABER MÁS

Finca La Estrella en Socabarga. Ana Lavín. Carne natural Cabárceno-Socabarga. Tel: 659 620 599. Comercio al por menor de carne.



https://www.youtube.com/watch?v=HpuPC0nowRE. Comentario: “Su ganadería tiene pastos naturales, come hierba sin fungicidas, ha logrado equilibrio entre el monte y la tierra de pastos ¡¡¡¡oleee por Ana!!!!”.


Ganaderas en red (GER). Pastoras y ganaderas de extensivo. 130 mujeres dedicadas a la producción de alimentos de calidad.




En Cantabria, 'Ganaderas en Red' cuenta con 7 socias: Pilar y Guadalupe en Liébana; Manoli en Anievas; Ana en Socabarga; Marta en Soba; Nika en Colindres y Angelines Balbás en Campoo.


Ellas son: Marta García Martínez (Cañedo, Soba), Ángeles Balbás Díez (Requejo, Campoo de Enmedio), Manoli Solar Castillo (Anievas), Ana Lavín García (Socabarga), Pilar Sebrango Velarde (Lerones, Pesaguero), Verónica Rozas Ortiz (Colindres) y Reyes González García (Sel de la Carrera, Luena).

“Mujeres al viento”. https://www.youtube.com/watch?time_continue=113&v=Cx_QA1iHsNA. “Despacito” al ritmo de la mujer ganadera.

OTRA EXPERIENCIA



https://www.youtube.com/watch?v=bHGbRdn8-8U&feature=youtu.be. Vídeo de la experiencia “Los sentidos del bosque”.




viernes, 19 de enero de 2018

RELATOS DEL ASILO (3). FLORA, JUGADORA DE CARTAS SIN TIMBA

Flora es hermana de Oliva, pero muy distinta a ella, incluso en el físico. “Yo salgo a mi padre, y ella, a mi madre”.

De carácter, también fueron siempre muy diferentes, y en Liérganes, antes de ir a la Residencia, se llevaban mal: “Cuando tengamos que ir al asilo, tú te vas a Santoña y yo a otro sitio”.

Pero ahora que Oliva está enferma, Flora no la deja ni a sol ni a sombra. “Ya ves qué prontito hemos venido” -dice mientras me enseña sus retratos, unas fotografías coloreadas de las de antes.

Flora fue siempre muy andarina. Durante veintisiete años iba andando a una fábrica de tejidos y volvía andando. También subía al monte y le gusta aún que el sol le dé en la máxima superficie de su cuerpo, sin pantis ni mangas de por medio.

Tomando un café descafeinado con sacarina  me cuenta que empezó a fumar a los sesenta años  (ahora tiene 85) por una amiga, pero que no las cala porque una vez se mareó y casi se cayó redonda al suelo.

Su pasión son las cartas, y en Liérganes,  bajaba siempre del monte con 200, 300 o 400 pesetas más rica de lo que había subido, después de ganárselo a las amigas a la brisca.

Las dos hermanas son solteras. “Yo tuve pretendientes hasta de Madrid, ¿eh? Pero soy muy exigente”.

Nadie lo diría de esta mujer apacible, de apariencia bonachona, que compra pan sin sal y sin azúcar, y cigarrillos sin nicotina ni alquitrán, para fumarse tres al día.

Al salir del estanco, me comenta que le encantan los peluches, pero que de Liérganes apenas si pudo traerse nada (apunto en mi mente: buscarle un peluche).

En la Residencia, por las tardes, se aburre mucho y le gustaría encontrar un grupo que jugara a las cartas regularmente. Pero también tiene que pasear porque cada vez está más torpe de las piernas. Ella, que había andado a razón de seis kilómetros la hora, subido y bajado montañas. Los años no perdonan a nadie...

Su hermana Oliva ha muerto y le han metido otra compañera en la habitación. Ahora tendrá que compartir el armario con una extraña.

Le he llevado un pato de peluche que hace cuá. No recuerda muy bien quién soy, pero me dice que le gustan los peluches que hacen algo y lo pone encima de la cama junto a la almohada.


Con las prisas de última hora se me olvida decirle que abajo, en el salón, hay un grupo que juega a la brisca todas las tardes después de comer....

[Publicado en la revista MH. Julio 2001]









martes, 9 de enero de 2018

PASEOS DE INVIERNO. A MADRID, EN TREN, IDA Y VUELTA

Además de la maleta con una rueda a la virulé, llevo los regalos de Reyes de varios amigos y un roscón de hojaldre metido en una bolsa, en vertical, que no sé si va a llegar hecho un acordeón… (nos lo vamos a comer igual…).

Miércoles, 3 de enero de 2018

13.30 h. 17 º C. ¡Bufff!

Voy con todo lo más abrigado que tengo: abrigo de guata, chaleco de lana, polo de cuello alto, bufanda, botas… Y hace sur. Pero, ¿qué pasará en Madrid…?

Adelanto a toda la cola, que casi se sale de la estación, para sentarme en un banco -helado- en la sala de espera. No entiendo la pasión por estar haciendo fila media hora antes, de pie…

Hemos salido o´clock, a las dos en punto. “Vamos muy rápido” -comenta un niño de unos 9/10 años. Exactamente, a 124 km/h. La que parece ser la abuela del niño es una pesada. Lo coge de la barbilla cada vez que quiere que la atienda. El niño pone cara de fastidio.

El cielo está gris, sin llover. El campo está encharcado de estos días. Veo ovejas pastando y unos caballos corren hacia donde está el pienso.

La entrada a Torrelavega está toda desbrozada, llena de restos de poda en los márgenes de las vías. Los que se suben, andan perdidos y van de un vagón a otro como pollos sin cabeza. Mucha gente ha ido al bar a comer: es la hora, así que dejo para más adelante lo de comprar un botellín de agua. A la vuelta, me fijo en los que han desplegado sus bocadillos o sanwiches sobre las mesas abatibles. Muchos se han traído polvorones de postre.

A partir de Pesquera, sale el sol. ¡Qué maravilla!- dicen detrás. Y con el sonido de violines del “Doña Ana” de la peli  “Don Juan de Marco”, que llevo en los auriculares, es aún más bonito. El cielo está impresionante: blanco, azul y gris, como a mí me gusta. Y los chopos, desnudos contra el cielo.


En mi segunda incursión al bar, me paro a mirar en los descansillos. Me molesta la T de turista en las ventanas. ¡No deja ver nada! Cuando regreso, me fijo en los distintos “dormires” de la gente: con la boca abierta, despatarrados, una encima de otra a modo de bisagra…


A las 16.15 h estamos parados en Monzón de Campos. Hay muchas vigas de cemento apiladas en los laterales. Después de Palencia, vamos a cámara lenta, como si fuera un coche eléctrico, sin ruido…Acabo de aprender dónde está el enchufe para cargar el móvil: debajo del asiento, como el salvavidas en los aviones…

A ALCALÁ DE HENARES (EN TREN), AL ARCHIVO GENERAL DE LA ADMINISTRACIÓN

Jueves, 4 de enero de 2018

La niebla ha dejado el suelo resbaloso…Voy preguntando todo porque la estación de Atocha, para mí,  es un “monstruo”.

El tren a Alcalá (hay uno cada 15 minutos) para en todos sitios. El billete me cuesta, ida y vuelta, 6´80 euros. A las 8.55 h hay 16 grados en la calle. Cojo el C-2 a Guadalajara, el primero que sale, aunque el C-7 tiene Alcalá como destino final.

Al ver las paradas, me doy cuenta de que este es el tren del 11 M: El Pozo, Vallecas, Vicálvaro, Santa Eugenia…Las tapias que separan las vías están llenas de grafitis: no hay ni un resquicio libre. Me llama la atención el nombre de YIESUS, varias veces repetido.


Aunque la mayoría de la gente va callada a estas horas, una detrás habla como un loro…, y alto. El cielo es como una inmensa boina gris. En Coslada, “la voz” empieza a cantar las paradas. ¡Menos mal! Temía pasarme si no veía a tiempo el cartel de la estación…

Descampados y naves se van alternando, y un montón de palomas, inmóviles en los cables de la luz, parecen disecadas.


Tras 35-40 minutos llego a Alcalá. Ahora, a buscar el Archivo General de la Administración (AGA): quiero consultar el expediente instruido a la maestra (luego, escritora) Dolores Medio por parte de la Comisión Depuradora de Enseñanza, durante la Guerra Civil.

Luego, si tengo tiempo, me pasearé por sus calles…

Una chica me dice que el AGA está a unos 15 minutos andando, así que no hace falta que coja un autobús urbano. Tomo el Paseo de la Estación, y su continuación, hasta llegar a la plaza de Cervantes. En la oficina de información pido un plano, sorprendida por la cantidad de cigüeñas que anidan en los tejados.


En la calle de los Colegios, un paisano me dice que tengo que llegar a una plaza “con un burro”. Luego, veré que es la puerta de Aguadores. Enfrente, el Archivo.


Tras tomar notas y sacar fotocopias de lo que me interesa, decido darme una vuelta por la calle principal, la calle Mayor, “la más larga de España soportalada”, según dice en el folleto. 


Llego hasta la plaza de los Santos Niños junto a la catedral…, y me vuelvo para coger el tren de las 14 h. Hace sol, pero las nubes amenazan. De Coslada a Madrid, por el lado derecho en el sentido de la marcha, veo chabolas. No me había fijado al ir.

VUELTA A SANTANDER

Lunes, 8 de enero de 2018

En el tren. 2º C a las 7.45 h.


A las 9 h, parados en no sé dónde; supongo, por la hora, que ya cerca de Valladolid. La tierra, nevada ligeramente, pero ha habido tramos a la salida de Madrid, con una buena capa. Un mercancías viene por la derecha: quizá sea eso… Las carreteras tienen pinta de tener hielo.

Yo voy leyendo, en papel,  tan ricamente, el catálogo de la exposición de Barea en el Instituto Cervantes (de Madrid).


He reñido al chico que me lo vendió porque no estaba incluido el estupendo mapa con todas las localizaciones de los sitios y jalones de su vida. “Igual está en la web del Instituto…”. Pero no. Me informa también de que, en unos días, empezarán unos paseos guiados; pero no sé cuándo volveré a Madrid…


https://hermes.cervantes.es/FichaWeb/117974/105. Paseos por el Madrid de Barea, previa inscripción de 5 euros. Los sábados, entre el 13 de enero y el 3 de marzo de 2018.

De camino a Palencia, niebla espesa. Yo, con mi música clásica, mientras en las pantallas dan Capitán Calzoncillos, una de animación para niños. Me doy cuenta de que el hilo musical de RENFE son siempre las mismas canciones, que se repiten hasta el infinito: Doña Ana, de don Juan de Marco, Barry Lindon…

Antes de llegar a Palencia, nos paramos de nuevo y se apagan hasta las luces. Como siempre, nadie nos dice nada… Voy al bar a preguntar y me explican que el polvo de la nieve ha congelado los ejes y que hay que echar agua caliente (por wásap, mi hermano me escribe que, según el Diario Montañés, el día anterior pasó lo mismo y llegaron a Santander con un retraso de ¡90 minutos! Así y todo, hoy vuelve a suceder. No tenemos remedio…).

En la vía paralela, acaba de llegar un Cercanías (¡¿Eh?!, que nosotros tenemos preferencia, que llevamos más tiempo…Pero ni por esas. Él se va y nosotros nos quedamos). Al cabo de un rato, pasa, como una bala, otro Talgo en dirección Madrid.

Por fin, la voz neutra nos dice que la llegada prevista a Palencia será a las 10.43 h y que llevamos 90 minutos de retraso (la llegada oficial era a las 9.15 h). “Disculpen las molestias”…

A Santander llegamos con 80 minutos. Hemos ganado diez...


viernes, 29 de diciembre de 2017

RELATO DE NAVIDAD. TRAJES DE PAPEL


Fue antes de que muriera mi abuelo, así que yo debía de tener menos de diez años.

Por Navidad, solíamos ir a Madrid en el 600, atravesando  el puerto  del  Escudo y Somosierra, donde recuerdo que el dueño del restaurante tenía alguna clase de animal en una vitrina.

Yo, todos los años, comenzaba un cuaderno donde apuntaba cada pueblo por el que pasábamos, que siempre tenía los mismos huecos, donde había caído rendida. Aún me sé los primeros: La Montaña, Las Presillas, Vargas, Puente Viesgo, Aes…

Aquella Navidad, de niña, fue la más divertida: A las chicas nos hicieron vestidos de papel Pinocho, y recuerdo una locura de persecuciones y risas,  por el pasillo y el salón del piso del Parque de las Avenidas.

La noche terminó con mi tía Sonia, un año menor que yo, roncando frente a la tele dentro de su traje de papel.

[Publicado en el Blog “Esta noche te cuento”. www.estanochetecuento.blogspot.com ]

lunes, 18 de diciembre de 2017

RELATOS DEL ASILO (2). VITORINA, UNA ASTURIANA CON APELLIDO FRANCÉS

Vitorina es menuda, tiene sólo dos dientes y lleva escrito el nombre en el bastón para que no se lo confundan.

En su bolso, que es como una gran despensa, lleva las medicinas de diario: inhaladores para los bronquios, termalgín para el dolor de cabeza y tranquilizantes, además de cacao para los labios, que tiene malos.

De la cartera, abultada -ja, si se creen que llevo dinero- saca sus únicas tres fotos: una suya, ya viuda, a los cincuenta y tantos años, vestida de negro ante el nicho de su marido, que murió de resultas de trabajar toda su vida en una tejera con cal. Otra, a los 22, una moza bien lozana con la cara redonda. Y la primera, en color, recortada y llena de picos, donde sólo aparece la enfermera de su planta. “Las demás salieron muy mal”.

Aunque dice que el médico le ha ordenado no hablar para que no se canse y no quedarse afónica, no puede evitar hacerlo de su vida: asturiana, casada con uno de Cabezón y, sobre todo, que ella está allí “provisional” porque tres hombres la sacaron de su casa con goteras (otras compañeras me confiesan luego que la sacaron los vecinos casi a rastras de entre los escombros). En el bolsillo de la chaqueta lleva un recorte de una inmobiliaria con foto: una especie de cabaña de madera prefabricada con un bosque detrás y verde delante. “La llevo porque se parece a la mía. Allí dejé tres perros, un gato, el huerto y un jardín donde había rosales, malvas y un saúco. Los echo mucho de menos...”.


En su habitación, poco hogareña, quizá por su sentido de que ella está allí de paso (aunque lleva más de un año), todo es sobrio: dos muñecas; una, de plástico, sobre la cama, regalo del asilo, y otra, con cara de antigua,  en la mesilla de noche; una mesa camilla trastabillante, dos cojines desgastados sobre el sillón y tres ramitas de romero en un botellín con agua turbia: “el agua podrida le proporciona abono; por eso no se muere…”. Las cortó del jardín, a escondidas, porque dice que no se puede.

En el armario, pocas cosas suyas y muchas regalo del asilo: vestidos amplios, zapatos grandes... Pero ella es muy apañada y se hace arreglos. Aunque hay vestidos que no se ha puesto nunca. En una caja de cartón, su kit de belleza: un tubo de nivea, callicida para los pies y brillantina para el pelo.

-Pero, a ver, Vitorina, ¿dónde está esa cinta  que le gusta tanto? En el salón, me ha tarareado  una canción -que no recuerdo, pero estoy segura de que no era de Machín -el cantante, según ella, de su única cinta. “Pero mi preferido es Manolo Escobar. Tiene unas letras...”. Y me recita una estrofa.

Vitorina es sabia: “Si tienes una discusión con tu marido, lo mejor es callarte. Luego, un día que esté de buenas, le dices lo que piensas”. También me aconseja que me busque un novio que sea, sobre todo, bueno: “Un marino no, que esos tienen una mujer en cada puerto. Para eso, mejor un aviador, y si no, un mecánico, que esté siempre cerca de ti para quererte “.

Después de tomar un kas de limón y de reírse como una niña con las ilustraciones de “Ratón Pérez”, me despido de ella recordándole que otro día me tiene que enseñar el jardín y la familia de gatos que se aloja en una cesta.

“¡Acuérdate!, asturiana y con apellido francés!...” -me grita desde la puerta.


viernes, 8 de diciembre de 2017

PASEOS DE OTOÑO, EN TREN. Lo que me quedó por ver. HERAS

En otoño de 2014 inicié mi diario anual de octubre a junio, el curso escolar, sobre Viajes en tren de cercanías a lo ancho y largo de Cantabria. Le siguió, el curso siguiente, el Diario de viajes en autobús, en el que llegaba en transporte público por carretera a los sitios donde no era posible por ferrocarril.





Pero me quedaron sitios y paradas intermedias por ver: de ahí, la elección para este otoño de esos viajes que se quedaron sin hacer y de esos pueblos que se quedaron sin reseñar. ¡Felices jornadas!

HERAS, donde se hace el pan del “Machi”

Martes, 5 de diciembre de 2017

8.10 h. Frío, cielo despejado y gaviotas graznando en mi calle. Hoy vuelvo a mis paseos de otoño.

¡Se me han olvidado los guantes!...6 grados en Santander.

En la estación, como siempre, al poner la vía en los rótulos, sale automáticamente: “en andén” y, como siempre, el tren no está…

Un joven se ha saltado la valla y nadie de seguridad se ha dado cuenta. Los demás, hacemos como que no hemos visto nada.

El trasero se me ha congelado el breve minuto que he permanecido sentada. Espero no coger cistitis…

Antes, en la cafetería de RENFE, he tomado un café y un sándwich vegetal que se veía fresco y recién hecho tras los cristales.

Saliendo de Santander, aún se ve la luna, casi llena, sobre las casas de Valdecilla. ¡También he olvidado el abanico…!

De repente, el tren se pone a vibrar como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Me levanto porque, sentada, me resulta muy molesta la reverberación.

En Valle Real la niebla  flota sobre los campos.

Llegando a Astillero, ocurre de nuevo: siento como si me estuvieran electrocutando. Miro a la gente alrededor a ver si también se revuelven incómodos, pero a ellos debe de parecerles que atravesamos un plácido lago…

Por fin, la recta de Heras: naves y más naves...

Al salir de la estación, tiro hacia la derecha, como veo hacer a un chico y una chica. El ruido de la autovía se me hace ensordecedor. Enseguida veo la silueta del instituto de Heras. El IES La Granja está frente al moderno tanatorio. ¡En algún lugar tendrían que ponerlo…! En la carretera, un grupo de cinco o seis chicos hacen pellas, o están a la espera de la siguiente clase…El suelo está un poco helado y hago aquaplaning.


En vez de ir hacia la autovía, y al pueblo de Heras, decido coger a la derecha la desviación al barrio La Estación. En la distancia, las montañas nevadas. Un mirlo viene a posarse  en un cable de la luz ante mis narices: le saco un perfil divino. Me sigue o parece que quiera indicarme algo; vuela sobre el cementerio hacia un ciprés del muro.


Aún hay muchas zonas en sombra donde la helada y la escarcha permanecen. ¿Me saldrán sabañones en los dedos…?


Aunque hay varios chalés más modernos y nuevos, me seduce una casa despintada en colores blanco, verde y ladrillo.


A las 9 y 35 he llegado a la estación de nuevo tras hacer un circuito circular. Creo que para ir a Heras pueblo tengo que coger la indicación hacia la autovía. Al cruzar el puente sobre la autopista, veo un gran parking a la izquierda frente a las naves de (transportes) Margutsa.


Estoy en el barrio La Sota. Me llego a la iglesia de San Miguel. Junto a ella el edificio escuela al que asistió en 1862-1863 el niño Ramón Pelayo, luego marqués de Valdecilla.


A un hombre que pasa con un pan debajo del brazo le pregunto dónde está la panadería (no he olvidado que mi objetivo es descubrir el lugar donde hacen el pan tan rico que desayuno a veces en “El Machi”). Es la casa amarilla a la derecha de la iglesia. “No pone nada”- me dice. Sí, son ellos (la panadería artesana y familiar Gómez Pan. https://www.gomezpan.es/) -me confirma la mujer a la que compro un delicioso pan de centeno con pasas, recién horneado. Me dice que venden su pan en varios sitios en Santander y que en la plaza de la Esperanza están restaurando su puesto. ¡Bien!


Luego, para ir al baño, me pido un cortado en el café La Plaza. Es un sitio nuevo con unos servicios amplios, muy limpios.

Solo me queda ya ver la torre de Alvarado (de las sugerencias del poste magenta), cruzando la carretera general. Está en venta. La vende Solvia.es. Dándole la vuelta, tiene adosado un pegote (la casa, supongo); pero el escudo en la parte frontal es maravilloso: un guerrero parece esconderse tras el escudo, que contiene cuatro flores de lis y dos hombres barbados frente a frente (en casa, un libro de Carmen González Echegaray, me ilustra: las cabezas afrontadas son, en realidad, un moro y un cristiano. Y el lema, Jus est in Armas, significa "la Justicia está en las armas"...Pues vaya. Cómo se las gastaban en el siglo XVI).



De camino al tren, veo un estornino entre los caquis. A mí me parece un fruto de lo más insípido, ¿o es la chirimoya la que solo me sabe dulce…?


Al final, cojo el atajo lleno de musgo que antes pensé terminaba en un paso para animales. 


El tren llega puntual a las 11.21 h. Y a las 11.45 h estoy en Santander...con mi pan...