viernes, 29 de julio de 2016

EL SANTANDER DE EULALIO FERRER (CON SUS PALABRAS)

Tiene una calle desde hace unos meses en una transversal de la calle Vargas.


Eulalio Ferrer, Lalio, nació en 1920 en Santander y murió en México en 2009. Empresario de la comunicación y publicista, hizo carrera en el país mexicano, a  donde se exilió tras la Guerra Civil.

Los datos están sacados de su libro “Entre alambradas” (1988) y “Mi Santander” (1999), principalmente…


Sus recorridos antes de la Guerra Civil (1936)

“Iba a la escuela de los salesianos en la calle Viñas...donde me inscribió mi abuela paterna, allá en 1930... Me cambiaron a la Escuela Laica de la calle Magallanes...Adolescente, era un ávido lector de la biblioteca municipal...

Alrededor del Ayuntamiento, por sus barrios aledaños, transcurrió mi infancia y adolescencia...Aquí vine más de una vez a visitar a mi padre cuando era Teniente Alcalde...”.

“Éramos vecinos (de Pepe García Venero, hijo de la señora Petra, la dueña de la fábrica de bolsas  de papel donde trabajó mi madre), en el número 12 de la calle Florida, el barrio latino de Santander... Su hermano Antonio me enseñó a montar en bicicleta y gracias a su generosidad conocí la primera película sonora en el “Pabellón Narbón”…Cacahuetes de la “Casa Maestro”, frente a nuestra vecindad de la calle Florida...”.


“En la cuesta de la Atalaya, donde fui enlace en los días de julio del 36...
El refugio antiaéreo de la calle de Cisneros...”.

Después de la Guerra Civil (1968)

En 1968 vuelve a España, tras casi treinta años de exilio: “Creía que mi calle, Florida, era de unos dos kilómetros, y que El Sardinero, por lo menos tenía seis kilómetros de playa...". 

Un viaje sentimental por el pasado


“Empezó en la calle Cisneros, en cuyo número 1 nací, encima de la panadería “Becedoni”...Un pequeño montículo llamado La Trocha fue escenario de las primeras hurrias donde participé contra los terribles chavales de la calle del Monte. Enfrente, encima de la “Hojalatería de Leal”, viví algunos meses con mis abuelos paternos...



Muy cerca, en la calle de Isabel la Católica, estaba mi primera escuela, la Escuela Evangélica de don Josué Benito. Con anterioridad, había hecho palotes con don José de la Reguera, en la calle Vargas, próxima a la zona de Cuatro Vientos, en Calzadas Altas, donde residimos algunos años... Después los llevé a la calle de la Florida...en esa planta baja – bodega o entresuelo – del número 12, en un piso húmedo y oscuro, con un patio trasero donde se tendía la ropa, mi madre preparaba cada año sus ricas anchoas...Cuesta arriba, las dos tiendas que hacían contraesquina con  Florida y Concordia, en triángulo con el emblemático edificio de “La Gota de Leche”. Una tienda se llamaba “El Golpe”... y la otra, “La Mariuca”...

Saliendo de Florida, bajamos a la calle de Magallanes, la calle en que yo jugaba al fútbol, generalmente con pelotas de trapo. Cuando era portero, y me tocaba la calle Gravina, regresaba con las rodillas sangrantes a casa... De la Casa del Pueblo nos fuimos a la Biblioteca Municipal, en las calles de Gravina y Rubio. Territorio de mis lecturas infantiles… Triángulo de mi vida adolescente: Biblioteca-Casa del Pueblo-Escuela Laica. Cisneros-Florida-Magallanes...



Volvimos a enderezarnos por la calle de Magallanes hasta llegar a la que fue la Escuela Laica de don Aurelio Herreros, presidida por mi padre. Un salón amplio, hoy convertido en carpintería, que comunicaba a la calle trasera y paralela de San Luis...Enfrente estaba el breve terreno, coronado con un peñasco, en el que jugábamos a la hora del recreo. Pegado a lo que fue nuestra escuela, el antiguo frontón de los Aramendía, en cuya parte exterior jugábamos a la pelota de mano, antes de que se convirtiera en cine popular, donde vería las películas de Tom-Mix, de La Pandilla, de Rin-Tin-Tin, de Dick Turpin, de Búfalo Bill, de Harold Lloyd, las de El Gordo y El Flaco...”.



SABER MÁS

http://www.eldiariomontanes.es/santander/201408/19/calle-falange-espanola-pasara-20140819165145.html. La calle Falange Española (una de las transversales de la calle Vargas) se llamará Eulalio Ferrer.


“…este pudoroso maestro disfrazado de mecenas y escritor”, por Adolfo Castañón.

Lo último, ultimísimo...



[Gracias a Ramón Viadero por la información sobre la Casa del Pueblo en la actualidad, donde el IFES, en Magallanes, 6, y a Antonio Santoveña por la localización de la Escuela Laica, en Magallanes, 31].

OTROS PASEOS Y VISIONES DE SANTANDER



jueves, 21 de julio de 2016

MI SANTANDER, UNA CIUDAD ENCARAMADA


Santander es una ciudad vertical - a pesar del barrio de Castilla- La Hermida o de Puerto Chico, todo ello terreno ganado al mar.

En algunas calles (la cuesta de la Atalaya, que suben los ciclistas echando el bofe) parece que vayas a despeñarte: casi  da vértigo y, los días de lluvia, una suela de goma es fundamental para no patinar.

Santander se ha esquilado por las colinas desde el principio de los tiempos. Solo a partir del siglo XIX empezó a rellenar dársenas y a aplanar montículos.

Santander, ciudad inglesa

Por la mañana se oyen gaviotas y no sé por qué, pienso en Loo o en Polperro, al sur de Inglaterra. La verdad es que muchas azoteas parecen del cuento de Peter Pan, y el palacete del embarcadero o la calle de Lope de Vega, desde arriba,  me recuerdan a Eastbourne o Brighton.

Santander, ciudad marinera

Santander fue una ciudad de marinos. José Gutiérrez Solana dejó una estampa serena del viejo armador, uno de sus pocos cuadros no truculentos.

En el norte, uno se ensimisma fácilmente y de otear el horizonte se agudiza la mirada, y la expresión del rostro se vuelve atenta y en tensión.

Acostumbrado al ensimismamiento, a la ensoñación, uno se acostumbra a hablar consigo mismo en los paseos, o con las cosas...

A la caída de la tarde, con la bruma y la brisa soplando del mar, los veleros  se cruzan con los barcos que hacen la travesía a Somo y a Pedreña cada media hora. Y con los barcos de remo, que también hacen sus prácticas para la próxima regata de traineras.

Nostalgias

Me da mucha pena que, por un siglo, no haya podido ver las ruinas del castillo de San Felipe, en el cerro de San Pedro.

Santander tiene muchas placas dedicadas a escritores,... algunas en estado lastimoso; otras, aún falta quien se las dedique, como la de la pintora María Blanchard, en la calle Santa Lucía...

La ciudad de las 7 puertas

Hasta comienzos del XIX fue Santander una ciudad amurallada. Siete, un número mágico, eran sus puertas: Puerta del Arcillero, Puerta del Cay, Puerta de Santa Clara, Puerta de San Francisco, Puerta de San Fernando (o del Rey), Puerta la Sierra y Puerta del Cubo o de los Remedios.

VISIONES DE SANTANDER

Santander, primera noche

Ayer me desperté
                 en Santander;
y los vencejos...
                 ¡eran gaviotas!

Santander, otra

A veces,
                SANTANDER
me parece       OTRA                  ciudad.
Y creo estar en EASTBOURNE o BRIGHTON.

GUÍA PRÁCTICA (Y PERSONAL)

Para golosos: Una heladería: Monerris (tienen helados “de niño”, pequeños…), también con turrones exquisitos  -pura almendra o avellana. Mi recomendación: el de chocolate negro. Si hay más de 15º de temperatura, sigue la costumbre y cómprate un helado. Hay quien prefiere Regma… http://www.eldiariomontanes.es/economia/201606/23/regma-alia-rodilla-lleva-20160623000035-v.html .

Un libro: Santander en la historia de sus calles, de José Simón Cabarga (reeditado, por fin).

Un paseo: el clásico: por Pereda o por el muelle, al atardecer.
                   por la mañana, el de Reina Victoria hasta el Sardinero o el Chiqui.

Un rincón: Muchos. Déjate llevar y descúbrelos. El de Alejandro Gándara: la estación de tren desde la calle Alta; una visión de Santander, "por detrás". Para ver Santander desde fuera, subir a Peña Cabarga- si no hay niebla- bien abrigado.

Para curiosos literarios: La casa de Galdós, San Quintín, que ya nada tiene que ver con la original, desde Reina Victoria. Contemplar -en otoño, con la caída de la hoja- la bahía junto a Gerardo Diego. La casa de la abuela de Elena Quiroga, en la Finca Altamira.


Tiendas: Muchas. Para pasear tranquil@, las peatonales: Lealtad, Juan de Herrera, San Francisco, Arrabal, calle del Medio…

UNA MENCIÓN LITERARIA

“Al vagabundo, Santander, con La Coruña y Cádiz, se le antoja una de las tres ciudades más bellas de España” (Cela en “Del Miño al Bidasoa”, 1952).

ALGUNOS RINCONES Y RECORRIDOS





http://quefluyalainformacion.blogspot.com.es/2016/01/memorias-de-un-dia-recorrido.html. Memorias de un día, el recorrido de José Ramón Sánchez.







martes, 12 de julio de 2016

CAMINOS PARA ANDAR CON TROCANTERITIS III. LA ISLA DE PEDROSA


Los autobuses que van a Pontejos (desde Santander, apenas 10 km, unos 15 minutos en bus) te dejan en la carretera general una vez pasado Astillero. Hasta la puerta de entrada hay unos 500 metros. 


La isla tiene 10´4 Ha, un kilómetro y medio andándola en redondo por la parte más cercana al agua. Toda ella es un jardín con muchos árboles (pinos, eucaliptos, plátanos), algunos edificios en ruinas  e incluso un teatro – destartalado y maravilloso- junto al embarcadero.


Nada más entrar por la puerta de los peatones, un edificio en ruinas, a la izquierda. Es el pabellón de María Luisa, conocido también como La Picota, de 1952.


La isla de Pedrosa, esa desconocida tan cerca de Santander


Tras cruzar el puente (que data de 1966), lo primero que se ve son unos bancos desvencijados sin respaldo, y pinos al fondo, hacia el mar.

En la trasera del edificio actualmente en uso, un cartel del Taller de Empleo Pedrosa II,  un tejo casi seco junto a un mirador y las escaleras de bajada al embarcadero.

A la derecha del embarcadero un paseo de hierba bordea el muro junto al mar en un día radiante. Un paisano que pasea a su perro me explica que tendrá “como kilómetro y medio” de circunferencia. Le acompaño en su recorrido. De cuando en cuando, se ven zonas hundidas: “Esto le corresponde al puerto [arreglarlo]…”. Lo que llama “las pozas” son las marismas de Pontejos, a un lado y a otro del puente que hace que la isla ya no sea isla sino península.


Los jardines secretos de La Picota (paseo un 5 de agosto de 2015)


En 2011, dentro del “Plan de Dinamización del Producto Turístico”, el Ayuntamiento de Marina de Cudeyo convocó un concurso de relatos cortos para dar a conocer una iniciativa paisajística en la isla de Pedrosa.

Se tituló “Los jardines secretos de La Picota” y se trataba de escribir relatos inspirados por pequeñas intervenciones (jardines) unidas por caminos de losas.

A las 11 h, cuando empiezo a recorrer hoy los jardines secretos de La Picota (¡Qué lugar tan precioso…y tan abandonado!), el viento empieza a cambiar y se vuelve húmedo.

La intervención de 2011 está totalmente “asalvajada” en 2015. ¿No podría recuperarse con una “huebra” (trabajo comunitario) de esas que hacen en Palencia…? ¿O con un campo de trabajo veraniego…?:

Voy de uno a otro siguiendo el plano:


En el Jardín del romero, lleno de basura, hay un acebo y quiere brotar un eucalipto. El romero rastrero está despelucado.

El Jardín oval, rodeado de agapantos, presenta un árbol de Júpiter  bastante chuchurrío.


El Jardín azul (de lavandas y glicinias) anda todo asilvestrado.


El Jardín de rosas (con rosal rastrero y rosal de Banksia) aparece sin podar, con todos los botones secos.


El Jardín de la seda se llama así por el árbol de la seda que lo preside (una “mimosa” de flor rosa) junto a abelias y cotoneaster.


El Jardín japonés luce un arce japonés y ceanoto rastrero.


Además, está el Banco del alcorque, con un tamarindo, y el Mirador del otero, en una colina, presidido por una encina. 


Jesús Redondo consiguió en 2011 el primer premio del concurso de relatos precisamente con uno titulado “Desde el mirador del otero”. http://www.escritoresmerida.com.ve/escritores/amigos/jesusredondo.php#.Vci00_ntmko.


LA ISLA DE PEDROSA, EN PONTEJOS. SU HISTORIA

En tiempos, al parecer,  se le llamó la Isla de la Astilla, pero no sé por qué: ¿hacían palillos de dientes con la madera de los eucaliptos…?

En 1834 se solicitó el establecimiento de un lazareto en la isla para mantener en cuarentena, aisladas, (el puente es de la segunda mitad del siglo XX) a las tripulaciones de barcos afectadas por enfermedades tropicales. Pero este no comienza a funcionar como tal hasta 1869.

Más tarde, en 1914, se transforma en sanatorio marítimo (nacional) para el tratamiento de enfermedades óseas y tuberculosas. Hasta 1989.

Según el cartel de la entrada, llegó a haber 4 pabellones: el de Pezuela, el de la reina Victoria Eugenia, el de la infanta Beatriz y el de Mª Luisa o La Picota.


Hoy, conviven en su perímetro un centro de rehabilitación de drogodependientes y varias dependencias del Gobierno cántabro (junto a los edificios ruinosos ya en desuso).

Conocida también como la Isla de la Salud, en 2011 un grupo del ICOA (Investigadores Contacto Oculto Asociados) de investigación paranormal,  pasó un par de noches en uno de los pabellones para realizar psicofonías. Los pabellones abandonados y en ruinas evocan todo tipo de historias y de misterios…


SABER MÁS







[Gracias a Maricel Losada y  Miguel Ángel Aramburu por descubrírmela en un curso de verano...].


domingo, 3 de julio de 2016

CARTAS A VID (10)

30.7.2016. YA DIEZ AÑOS SIN TI…Y SÍ QUE SON ALGO


Sigo hablando contigo. Cuando veo un pájaro a primera hora de la mañana…Cuando ha ocurrido algo especial…Cada primero de mayo vamos a Suances a recordar tu última visita y el paseo por el camino de “los platanitos”, la invasora “uña de gato” que a mí me parece fascinante alfombrando los acantilados de la Península del Dichoso.

La sensación, diez años después, sigue siendo de irrealidad: Sé que moriste, pero, a la vez, es como si estuvieras fuera; como si no pudieras venir porque estás de  vacaciones, o en Madrid, trabajando…

¿Sabes? Los cines Luchana al lado de tu casa han reabierto como multisalas de teatro. Alguna vez fui allí cuando me quedaba en Covarrubias. Recuerdo que las butacas, además de ajadas, eran duras como si ya no tuvieran muelles, y la cabeza se me caía para atrás por un respaldo demasiado bajo. Jose se ha comprado un piso en Magallanes, al lado del mío: supongo que ya lo sabes.

En casa, Carolina hizo la Comunión el año pasado: de princesa. Papá estrenó, por fin, la camisa de seda confeccionada con la tela que le trajiste. Le decíamos que, a ese paso, si no encontraba el momento adecuado, iba a estrenarla de mortaja…Mamá, en las fotos, casi se ve tan bien como cuando tenía “carrillitos”.

Coincidiendo con el Día del Padre y de la Madre les regalamos una lista de agradecimientos  (a ti también te incluimos porque sabemos que piensas lo mismo). Hay que hacer las cosas en cuanto que se ocurran, no sea que por dejarlo no se llegue a tiempo y se queden cosas sin decir. Ambos se emocionaron.

Este año, Víctor ya termina la ESO. Ahora tendrá que decidir…y responsabilizarse.

Bea está encantada en Adultos. En el Instituto, estaba llegando a su límite. Las señoras le proporcionan momentos de risa impagables.

Carlos, además de hacer el mejor tiramisú del mundo mundial (y la mejor vinagreta) se ha aficionado a regalar globoflexia ¿o es globoterapia? a l@s niñ@s. Mi favorito sigue siendo el caracol.

Yo, continúo con mis talleres, arrastrando libros de aquí para allá, y pensando en seguir mientras no me fallen las piernas o la cabeza. Siempre digo que, para mí, esto no es un trabajo sino un placer.

Eso es todo por este año. Ya te he puesto al día…






domingo, 19 de junio de 2016

“FORCEJEANDO” CON LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS


Este curso he decidido apuntarme a un taller de manejo de teléfonos móviles Android. Solo leer el título ya me da “yu-yu”: androides y robots. Me suena a alienígenas…

Lo cierto es que ¡cuánto les gusta poner las cosas difíciles a estos “linces” de las tecnologías…!. Últimamente, cuando quiero enviar una noticia a alguien, sale enseguida la leyenda en inglés: “Type the moving letters”, algo así como “Escriba las letras móviles”. Dicen que es para demostrar que hay una persona real detrás de la consulta, pero ¿por qué las letras tienen que bailar de un lado para otro y volverte china decidiendo si es una “p” o una “b”, una “i” o un “7”…? No lo entiendo. Más de una vez, no lo consigo correcto y he de realizar un segundo y hasta un tercer intento. ¿Será que nos quieren disuadir de enviar noticias a nuestros amigos…? ¿Están evaluándonos alguna capacidad ignota…? ¡Pues que lo digan!

Menos mal que, a veces, solo son números “torcidos” (al menos, no se mueven), aunque están como “enarenados” y no se distinguen muy bien (¿es un 6?, ¿un 8…?).

Otra cosa que me estupefacta, a mí, que soy un poco “arbularia” y tengo la pantalla principal llena de iconos (porque todo tiene prioridad para mí), es cuando uno de estos, de repente, un día, desaparece, pero no porque lo haya enviado sin querer a la papelera, sino que está oculto en el “desván” de la pantalla, a la derecha de esta, pero que no se ve (solo si en “Inicio”, “Buscar programas y archivos”, pones el nombre del que se te ha perdido, aparece). ¿Y cómo hacer para atraerlo de nuevo a la pantalla principal…? No lo sé. A veces, veo el filito de un documento y lo atraigo desde la derecha al centro con el ratón. Pero si está muy allá, más a la derecha…Tengo que preguntarle a Marta, mi mentora en esto de las tecnologías imposibles.

¡Andáááá!... ¿Por qué se me ha puesto una foto de fondo de pantalla si yo no me hecho nada ni le he dado a ningún botón…?

Y ahora el phising, el malware y los botnets. Si es que no gano para sustos. El otro día una prima me llamó por wásap mientras estaba en el autobús y, aparte de que se oía muy alto – lo oía todo el autobús-, no sabía dónde tocar para acallarlo, apagarlo o cerrarlo. ¡Qué vergüenza! Era la primera vez que alguien me llamaba por wásap. Encima, consumiéndome mis datos sin yo comerlo ni beberlo. Y sin permiso…

Acabo de leer que pueden controlar tu cámara de ordenador por control remoto, aunque tú no la tengas activada, y verlo todo; así que he colocado un posit delante de la mía. Pero me queda la duda: ¿podrán leer a través del papel…? Incluso más: ¿podrán hacerle describir un ángulo imposible para ver a través de la puerta entreabierta…? Por si acaso, he dejado entornada la puerta de mi estudio…


jueves, 2 de junio de 2016

EN AUTOBÚS A VALDILECHA, EL “VALLE ESCOGIDO” DE MADRID

Cuando mi amiga me habló de que se había mudado a Valdilecha (Val Dilectam), pregunté: Y eso, ¿dónde está…?

Me sonaban Arganda, Campo Real (por sus aceitunas), pero Valdilecha… Pues solo está a 40 kilómetros de Madrid capital. El autobús 313 en Conde de Casal tiene dos paradas en el pueblo de alrededor de 3.000 habitantes: una, al principio de la calle Alcalá -que lo atraviesa-, y otra, al final. Tarda algo más de una hora y lo hay cada 60 minutos, desde Madrid, y hacia Madrid.


El primer día, domingo, salí a pasear a las 7.30 de la mañana. Empecé por la calle principal, Alcalá. Pasé ante el Shiva Center (el centro deportivo de Valdilecha, con pilates, pole dance, brazilian jiu jitsu…), Bodegas Orusco (elaboración de crianzas desde 1896) y la cooperativa vinícola de San Isidro (elaboración y degustación de vinos jóvenes. Venta directa de vino y aceite); la panadería-pastelería Hermanos Cristóbal hoy ha abierto sobre las 7.45, pero en días laborables abre a las 7 de la mañana, más o menos.


Llego hasta la fábrica de muebles Pedro Alcaraz y La Ochava, que lo es todo: restaurante, pensión, hotel, asador… Tiene una cabeza de toro disecada en la pared (en Valdilecha hay plaza de toros, El Rejal).

Voy hasta el final del pueblo, compro unos churros en la camioneta (“hoy es el último día”) y un bizcocho anisado en la pastelería y me vuelvo a casa a desayunar. Constato que muchas casas tienen los cortinones antimoscas y me fijo en los diferentes modelos de estampado: rayas, animales, utensilios caseros…


Lunes, 7 horas

Hoy mi intención es hacer la Ruta del Pinar, que he visto en la web del municipio.


Subo primero a la ermita de la Virgen de la Oliva, patrona del pueblo (cómo no, si el campo está lleno de olivos…). Del siglo XVIII, tiene contrafuertes redondos y parece una fortaleza. Un banquito permite asomarse al interior a quienes no llegan al ventanuco. Un poco más arriba, la ermita de San José, más moderna.

En el campo, las manchas de amapolas, entreveradas de hierba viborera o malvas, me vuelven loca…


Bajando, llego a la plaza del Ayuntamiento, que no está en la calle principal, sino en el interior. Muchos portales lucen una placa de la virgen de la Oliva como la virgen del Carmen está en los barrios marineros. En el escudo, una rama de olivo, lo que me parece una portada de la Feria de Sevilla, y algo que no sé interpretar o con qué identificar.


Al dar la vuelta a la cercana iglesia de San Martín Obispo, de estilo gótico mudéjar, identifico el segundo elemento del escudo: es una de las ventanas. ¿Pero el elemento que está abajo…?

Tras este recorrido somero del pueblo, a las 9.15 h inicio la “ruta del pinar” (2´5 km). Bajo la calle Cañada hasta el pabellón deportivo cultural y el lavadero público de Valdilecha -restaurado en 2006. Leo que la tabla de lavar se llamaba “banca” y que, una vez lavada, echaban la ropa sobre las junqueras (aquí, en el norte, se decía “echarlo al verde”, la hierba. Por lo visto, algo había en ella que blanqueaba las sábanas…).


Sigo…, hasta que me salgo del pueblo (veo la plaza de toros desde la carretera y la panorámica de vides y olivos) y he de volver atrás. Pregunto y cojo ahora un camino de asfalto – paralelo al lavadero y al parque forestal- que pasa ante la plaza de toros. ¿Va a ser todo el rato carretera…? ¡Pues vaya una ruta…!

Voy junto a un arroyuelo y paso ante una zona de descanso con bancos y distintos elementos para hacer ejercicio.


Detrás de mí, camina con bastón –jadeando, pero sin desmayo-, un vecino del pueblo, Antonio Benito, de 83 años. Va a hacer su ruta diaria hasta la piscina “donde hay un mirador muy bonito”. Me dice que para “el circuito” hay que salirse del asfalto y coger un camino de gravilla a la derecha en dirección al pinar. ¡Ah! Menos mal.

Encuentro el primer cartel: “Circuito deportivo Los Pinos”. Recorrido: 1700 m”. ¿Pues no eran 3´5 km…? La discrepancia no me preocupa. Al fin veo carteles. Hasta ahora no había encontrado ninguno; y eso que en el PDF del Ayuntamiento ponía: “ruta perfectamente señalizada”... “Es que los arrancan todos”- me había aclarado Antonio.


Me encanta la asertividad de los carteles: “Empieza usted a recorrer 1.700 m. Suerte”. Así da gusto.

En el siguiente cartel me sugieren parar para hacer un ejercicio varias veces: “Adultos, 10 veces. Niños, 5”. Consiste en doblarse por la cintura a un lado y a otro. Lo hago (mirando en derredor a ver si me ve alguien…). Ya solo me quedan 1.550 m… En los 1.250 m. hago el ejercicio 2 (poner los brazos en cruz y levantarlos a la altura de la cabeza, 12 veces).

Luego, llego a una bifurcación: el circuito sigue por la derecha, subiendo (si me hubiera traído mis dos bastones…), pero también hay otro sendero apetecible de frente. Una chica con un perro, me lo aclara: el camino de frente es uno más largo, también muy bonito. Lo sigo durante un rato y, cuando llego a otra bifurcación, decido volverme y reintegrarme al “circuito”, que ya ensaya su vuelta hacia el pueblo.


Ahí, a los 900 metros,  encuentro el ejercicio 3, doblarse por la cintura y tocarse los pies 8 veces. Los dos siguientes, hacer flexiones tumbada en el suelo, 8 veces,  y hacer abdominales, 6 veces, ya no los hago.

Abajo me encuentro con una pareja y me explican que en la última bifurcación que dejé atrás, el camino más estrecho era el camino “de la cárcava”, y el de la izquierda, el del “barranco”. Este último era para ir y volver por el mismo camino (los neófitos) porque podríamos perdernos. El señor me ofrece acompañarle, pero estoy un poco cansada y prefiero ver el mirador de la piscina y volver al pueblo por ahí.


En el mirador, un buen lugar para hacer interpretación de paisaje,  toda una cartelería con la fauna existente en la ruta: perdices, palomas torcaces, liebres, ardillas (vi una cruzando el sendero), y la flora (pino carrasco, olivo y vid). Todo muy didáctico.

El camino de vuelta va entre campos de cultivo y huerto. Salgo al Camino de los Hornillos -frente a un bar-,  que era donde tenía que haber empezado. Las vallas de obra y el cartel casi invisible me impidieron verlo cuando bajaba por la calle Calzada. “¡Vamos! ¡Que hay que producir…!” – le dice el dueño del bar a un operario que se apoya en una valla.


Por la tarde, en el paseo vespertino vuelvo a encontrar a Antonio sentado con otros paisanos en un banco de  la plaza del Ayuntamiento. Aprovecho para preguntarles por el tercer elemento del escudo de Valdilecha: “Pues ¡el arroyo…!”. ¡Ah! Enigma solucionado.



SABER MÁS. Pueblos de los alrededores

https://es.wikipedia.org/wiki/Olmeda_de_las_Fuentes. Olmeda de las Fuentes, el pueblo de los pintores. A 50 km de Madrid.



https://www.youtube.com/watch?v=8EUZkT39aYY. Olmeda de los fuentes, antes, de las cebollas.