martes, 30 de abril de 2013

MI BLOG ESTÁ HECHIZADO



Se lo tengo que preguntar a mi profesora de TICs: ¿por qué se indisciplinan las nuevas tecnologías, sin haber hecho nada para exacerbar sus iras…?

El hecho es el siguiente: como todas las semanas, más o menos, me dispongo a colgar en mi blog el relato o artículo seleccionado. Desde el principio de los tiempos, escribo en Arial 12 porque es una letra redonda y suficientemente grande, que leo bien.

Sigo los pasos de siempre: copio y pego, pero cuando pulso “Vista previa” para visualizar cómo queda -antes de Guardar y Publicar-, resulta que algunos párrrafos ¡se han puesto en Times New Roman 10! Ellos so-li-tos. Sin darles ninguna orden ni nada.

A eso es a lo que yo llamo “la indisciplina de los ordenadores”. Se despendolan, hacen de su capa un sayo y cometen alegalidades. Y tú te quedas a cuadros. Porque, ¿qué vas a hacer? ¿QUÉ puedes hacer...? Has seguido los pasos como todos los días, pero las letras ¡se han rebelado! Han dado un golpe-en-su-estado, o un golpe de efecto que, en este caso, es lo mismo.

Incrédula, vuelvo al texto original y paso el cursor sobre los párrafos por si es que tengo un desfase visual  y la letra es más grande en unos que en otros. Pero no-no.

Tratando de arreglarlo antes de lanzarlo al espacio, busco en la regleta del blog alguna  función para cambiar el tamaño de la letra o el tipo. Pero no hay, o -al menos- no están a simple vista. A MI simple vista -quiero decir.

Mi amiga y profesora Marta me matará, pero hoy tengo mucha prisa y no puedo dedicarle más tiempo. Así que lo lanzo con caracteres de “improperios en lenguaje de cómic” (esos sapos y culebras que ponen en los “bocadillos” de cada personaje airado en los tebeos). ¿No dice que soy una “arbularia”…?

Tras la clase…
La profe me dijo: Lo marcas y, en “Tamaño”, lo pones en pequeño y luego, de nuevo, en grande. Una absurdez. ¡Pues funciona! Pero ello no me saca de mi idea de que lo digitecnológico todavía tiene “muchos agujeros” y mucho por solucionar y mejorar.

¿Será porque no me he cambiado aún al Google Chrome como me recomiendan ellos mismos…? ¿Me estarán haciendo “luz de gas”…?

martes, 23 de abril de 2013

SE ME MUEREN LOS ELECTRODOMÉSTICOS



Buen momento para que empiecen a fenecer… En plena crisis.

Ayer, a mi tele Sanyo, que no es digital ni de plasma, le salió una línea azul en la pantalla, una pixelización que deja todos los cráneos rasurados como si les hubieran cortado la cabellera. La encendí y apagué varias veces, a ver si era una cosa coyuntural, debido a una tormenta atmosférica, o a un fallo del repetidor, pero no: es permanente, y no se quita.

Por otro lado, la nevera cada vez hace más hielo, y la lavadora, últimamente, me devuelve una especie de posos de té entre las ropas recién lavadas, bastante inquietantes. ¿Será porque en quince años no he limpiado el filtro inencontrable…?

Además, acabo de darme cuenta de que el termo de agua caliente presenta en las junturas un color azul sulfato. ¿Será venenoso? Porque debajo tengo el secaplatos… Igual me estoy envenenando con arsénico, o con plomo, y me vuelvo azul como un guerrero picto o un pitufo. ¿Y si se me pone el hígado blu...?

Menos mal que, al menos, todavía me queda la aspiradora de última generación -que muevo con el meñique y con una cubierta transparente -donde veo con placer todo el polvo, invisible a los ojos,  que se acumula entre pase y pase.

Unido a que mi puerta de la calle cada vez se cae más  (dentro de poco voy a ser una Alicia en el País de las Maravillas entrando por una puerta enana), y a  algunas grietas en la pared bastante asustantes,  mi morada se parece cada vez más a la de la peli  Esta casa es una ruina.

Y ahora, para remate, están picando la fachada trasera del edificio que linda con el mío. Espero que no se me desconche más la pared o se me caigan los “cellos” que he pegado para que no se desprenda la pintura. Me recuerdo a una compañera de clase que se cosía el dobladillo de la falda del uniforme con una grapadora o cinta adhesiva. Primeros auxilios estilo “macguiver”, en cutre.

La última moribundia: se me acaba de morir la impresora. Estaba haciendo su trabajo tan ricamente y, de repente, sin aviso ni admonición previa, dejó de funcionar. Encendí y apagué el ordenador. Enchufé y desenchufé sus conexiones eléctricas. Cambié de clavija las terminaciones… Pero la luz de encendido permaneció impertérrita. ¿Será que ya le ha llegado su obsolescencia programada…?

martes, 16 de abril de 2013

MIKELÍN, MI SOBRINO ADOPTIVO



Nació el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos y de la concesión del premio Nobel de la Paz.

Para su madre, el parto fue “por pura mala leche”, porque desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche, Mikelín se lo estuvo pensando.

“Al principio no sabíamos que hacer con él” –decían unos padres primerizos y angustiados. Pero pronto una enfermera caritativa les puso al día de lo esencial.

Mikelín, que no es el casamentero de la película El hombre tranquilo, pesó tres kilos doscientos, muy dentro de la media, y  es tranquilo, en principio.

Me imagino el escándalo del personal médico cuando las visitas, en vez de llevar los tradicionales ramos de flores y cajas de bombones, aparecieran con latas de cerveza  y similares. Pero hay que recuperar el tiempo perdido...

A las pocas semanas, ya pesaba casi cuatro kilos: un chonuco de una pastaaa... “Es el vivo retrato de su padre”. Muy diferente de su primo Joao, un guindilla inquieta y gateadora, sin cumplir aún el año.

A los dos meses, ya se sabía todos los trucos: si tardaban en sacarlo a la calle, se ponía a llorar inconsolable, como un perrillo, llenando de ansiedad a su madre: “Te dejo…”-y colgaba el teléfono con toda celeridad al reclamo del pequeño tirano. Más tarde, me comentaba: “Dicen que el baño los relaja, pero a este lo único que le relaja es salir a la calle. Se duerme, y dura dormido hora y media. En casa, está todo desasosegado y no se duerme ni a tiros”.

Lo que más le asombra  a mi amiga es lo poco que tardan los bebés en cogerle el punto a  sus padres: “pero si es un mico y ya sabe latín. Yo creo que ahora los niños son más listos; vienen enseñados…”.

¡Y tan listo! Que dice que el biberón se lo tome su padre. Que él prefiere la teta. No me extraña: entre un pecho calentito o un plástico viscoso, yo tampoco tendría ninguna duda…

Unos amigos me habían informado de que Mikelín era un “niño-mayor”, serio y ceñudo. Que solo le faltaba la corbata. Pero cuando lo conocí, casi ya de seis meses, estuvo todo risueño. Y apenas lloró, a pesar de tenerle despierto toda la tarde. Creo que le fascinan las voces y los sonidos. Quizá haya nacido otro músico en la familia…


martes, 9 de abril de 2013

DORITA



Cuando éramos pequeños, siempre nos clavaba una barba al besarnos. Ahora, con más de 80 años, dice que la memoria “se le va a puñaos”.

A Dorita le gusta jugar a la brisca y al bingo con las amigas, sea aquí o en Benidorm. Antes, sufría con las telenovelas todas las tardes, pero ya se ha hartado de sufrir y ha decidido que es más ameno jugar la partida en el club de jubilados.

Dorita trabajó mucho en la tienda cuando aún el teléfono público era de clavija. Y de tanto estar de pie, se le arquearon las piernas como a John Wayne. Pero una de esas operaciones maravillosas se las puso de nuevo rectas y ahora parece  talmente una Marilyn [Monroe].

Cuando íbamos a verla, siempre nos ponía una copita de quina Santa Catalina, que entonces decían que abría el apetito, y claro, nos volvíamos a casa más contentos que unas Pascuas, y mi madre, bolinga del todo.

Un día nos contó que a ella lo que más le gustaba en este mundo era dormir, y que cuando iba a la trastienda a buscar algo, se apoyaba contra una balda y, de pie, echaba un sueñecito... de unos segundos, claro.

Allí, en la bodega, un poco lúgubre y oscura, nos cebaba a comer, fuera una tortilla de patatas, un bocadillo de queso o un café con leche y bizcochos. Y que no le dijeras que no, que te ponía una “cruz y raya” en su agenda del corazón.

Fuera, en la huerta, pastaban los conejos y se comían todos los árboles jóvenes que la familia le regalaba. La hierba era de lo más mullida y estaba  llena de bolitas negras como las de las cabras.

Dorita,, siempre  que íbamos, estaba trabajando: despachaba en la tienda de ultramarinos, ventilaba sábanas y mantas o ponía una conferencia dándole a una ruedecilla como las de las máquinas de coser.

Ahora, a los ochenta y tantos, dice que ya está cansada de la vida, que se le hace muy larga y pesada, y que todo le aburre. Pero nosotros no queremos verle así,  y la pinchamos para que nos cuente cosas y saque su aguijón a relucir.

Su marido, Fernando, vive a su vera, preocupado porque no pasea, porque no sale..., como un perro guardián a la puerta de casa. Su hija, Mari Carmen, los trae y los lleva: de Benidorm a Torrelavega, de Torrelavega a Ruiloba. Intentando que no se quiebren...


 [Publicado en la revista MH. Noviembre 2003]

miércoles, 3 de abril de 2013

ELO, UN ENANITO DE BLANCANIEVES



Marcelo siempre me ha parecido un enanito de Blancanieves. Creo que se llamaba “Feliz”, tenía cara de beatífico y no se alteraba por nada; al menos, aparentemente...

A sus más de ochenta años baja todos los días andando a Torrelavega, con sus zapatillas de deporte y un miniuolman en las orejas, para dar un paseo con sus hermanos por el parque o tomar el aperitivo.

Por las tardes, tras la siesta, dedica el tiempo a su huerta, una huerta muy guapa y bastante grande donde planta patatas, tomates, lechugas, cebollas...

Su mujer, Pili, es una gran cocinera y, cuando éramos pequeños, una vez que nos quedamos en su casa, nos hacía bizcochos y tortilla de patatas “de niño”-individual- para cenar. Así que, claro, luego no queríamos volver a la nuestra…

Marcelo, rayando los 95,  es todavía coqueto.
-Mira, Dora, ¿no estoy resultón? – le pregunta a su hermana, mirándose en una foto de cuando tenía quince años... Creo que es la única persona que conozco que lleva una foto de sí mismo en la cartera.

Un día encontró en el hotel tinte para el pelo que alguien se había olvidado. Desde entonces, con un bastoncillo, se tiñe las cejas todas las semanas para parecer más joven.

Marcelo es de muy buena pasta, como su hermano Amador. Siempre está de buen humor (o, al menos, eso parece). “Si no fuera por las piernas…” -es su letanía.

Le hubiera gustado ser médico, “cirujano”; pero los tiempos eran los que eran y había que trabajar. “A los 13 años, todos ganábamos lo que comíamos”. Primero, en la tienda; luego, en el bar Central, que había sido un café cantante y al que había que adaptar a los nuevos tiempos. En los años 40, tras la guerra, fue muy duro. “Entraba a las 10 y salía después de las 10. A los hijos, solo los veía los domingos”.

A los 95, con la cara todavía tersa, y a pesar de andar con dos bastones, sigue imponiéndose la disciplina de bajar al centro… menos cuando llueve. Reconoce estar sin dolores únicamente en la cama, en horizontal; pero se obliga. Porque el día que claudique, será el principio del fin…

CODA: Elo murió el 5 de enero de 2018, tras cumplir los cien, como su prima de Salas, Ángeles. Gracias por todas las historias familiares que me contaste. Tu padre, Alfredo, estará encantado de encontrarse, de nuevo, con su "hortelano"...

lunes, 25 de marzo de 2013

MI TÍO SITO ES UN AVENTURERO



Mi tío Sito, a sus 66 años, quiere irse a Dublín a trabajar.
Aprender inglés y salir a otro país ha sido su sueño incumplido desde siempre y, ha decidido que, ahora que está jubilado, es el momento justo.

Dice que no le importa el tipo de trabajo; con que le den de comer y un sitio para dormir, ya le vale. Y él se las apaña bien en todas partes; es un manitas: le gusta la huerta, embotar, salir de pesca y gozar de la vida. Puedes verle lo mismo ayudando con las redes en el puerto que llevando una carretilla de abono desde el Ferial de ganado.

Yo le digo que escriba un libro: “Trabajar en Dublín a los sesenta y seis”. Quizá dé ideas a más de uno...

En mayo, vino a la boda de mi hermano. Era una cita irrenunciable. No estaba muy dicharachero. Supongo que andaba un poco harto de que todo el mundo le pidiera: háblame algo en inglés. A mí me dijo: I like you very much. Y al día siguiente se volvió para Dublín porque el profesor le había dicho que para afianzar su inglés necesitaba por lo menos otro mes. Ya nos contará a la vuelta.

Se volvió antes de lo que pensaba porque la cocinera, un buen día, por problemas personales y familiares, dejó de hablarles a todos. Y claro, para qué iba a estar en Dublín en silencio, como si fuera sordo y mudo. ¡Pues me voy! Y se vino, y empezó a llenar la bañera de mi tía de plantas y a dejar la ropa en cualquier sitio. Y mi tía le perseguía por toda la casa recogiendo todo y diciéndole que por qué no se iba a Francia a aprender francés.

Ahora estudia inglés en un Centro de Adultos. “El saber nunca ocupa lugar” -dice. Y aunque no ha dejado de embotar anchoas o pimientos, siempre se lleva con él su libro o las fotocopias con los ejercicios para estudiar en cualquier rato perdido.

A mí la verdad es que me admira. Pensar que yo todo lo que deseo es dar una patada a los libros e irme a jugar por ahí con mis amigos...

Sus próximas batallas dice que van a ser el submarinismo y las clases de cocina. ¡Seguro que a los 80 hace el pino como su hermano Amador, se convierte en otro Ferrán Adriá o es un as de internet!

P.S. Torrelavega, 13 de octubre de 2022

Querido tío Sito: me encantó apartar las hormigas imaginarias de tu brazo en Sierrallana.

Seguro que, donde andes, estás organizando un fiestón con mi hermano David, tu hijo Arturo y el tío Carlos. Guardadnos un sitio…, para cuando vayamos…DEP. 

Viernes, 15 de diciembre de 2017

MI PRIMO ARTURO (1958-2017)

El sábado 9 de diciembre, a las 17.53 h, aún me decía en un correo-e: “Muchas gracias, prima. Pasadlo muy bien estas Navidades. Un beso”.

Yo le había mandado antes mi foto favorita: una de las navidades de 2010 en el Saja, donde se les veía a Sito, su padre, y a él, de perfil, en plan Paul Newman. 


Luego, silencio. Hasta hoy, viernes 15, en que su padre nos comunicó que había muerto por la tarde. Nosotros estábamos en el Conservatorio, oyendo la primera audición de Carolina al piano. Pero estoy segura de que David salió a recibirle, y de que le ha hecho los honores y le ha presentado a todo el mundo.


Aparte de las reuniones del Saja, las otras fotos que tengo de él son del verano que pasé en las instalaciones de "El Patriarca", en 1985, en Francia. Allí trabajamos y comimos juntos y oí muchas historias. Aún recuerdo a algunas de las personas.


Te mando un abrazo muy grande, allá donde estés. Aída.

lunes, 18 de marzo de 2013

MI PADRE TAMBIÉN FUE UN "NIÑO DE LA GUERRA"



El otro día estaba leyendo un libro que se titula Los niños de la guerra y, de repente, me di cuenta de que mi padre ¡era también un niño de la guerra!

Cuando nuestra guerra estalló,  en julio del 36, mi padre tenía ocho años y acababa de irse a Asturias para hacer un intercambio con una prima suya porque él quería aprender guitarra apasionadamente.

Su madre –viéndole simular que tocaba el instrumento con un palo a la menor oportunidad- decidió enviarle a aprender solfeo con Socorrito, una amiga de la familia que, más tarde, conocería a Narciso Yepes.

Allí estuvo, en Salas, Asturias, hasta agosto de 1937, fecha en la que su hermano Amador fue a buscarlo en un camión. Mi padre recuerda que, para volver,  dieron una vuelta muy grande por León, Palencia... y que, por esos caminos intrincados de la montaña, echó la pota con todas sus ganas.

Sobre la guerra, no recuerda haber visto muertos, pero sí los heridos que llevaban al hospital (todos los niños acudían en cuanto se enteraban de que venían las ambulancias) y también recuerda como “los rojos” se llevaron un día al médico del pueblo -don Mario-, “solo porque iba a misa”.

Sus primas mayores, Ángeles y Sabinita, -entonces joseantonianas- fueron requisadas para fregar en el hospital. Y a su tía,  todos los días le hacían freír en casa cientos de chuletas para dar de comer a los milicianos.

Por eso, cuando se enteraron de que iban a entrar en el pueblo las tropas de Franco, huyeron por las montañas más allá del Viso para que los rojos no se las llevaran con ellos de retirada.

Mi padre recuerda esos tiempos como una época de libertad: iban a bañarse solos al río, a la finca llena de frutales de un amigo que tenía una ferretería junto a la pastelería de sus tíos; a ver a los heridos que traían en camilla de la batalla; a recoger latas de comida y balas que los grupos de hombres armados dejaban abandonadas cuando iban al frente de Oviedo...

Sin ser conscientes del peligro, vaciaban la pólvora y hacían regueros que luego prendían con una cerilla. También arrojaban los percutores a las hogueras para que estallaran, o les tiraban una piedra encima. Otras veces, cogían las granadas de mano mientras veían en el fondo de las aguas cristalinas del río pistolas y carabinas. Tuvieron suerte: nunca les pasó nada ni hubo ningún accidente que los hiciera volar por los aires como se ha visto luego en otras guerras.

Al entrar “los nacionales”, mi padre, quizá influido por las leyendas de la zona sobre las moras de tiempos de la Reconquista que habitaban las cuevas del lugar, se acercaba a los moros de Franco a pedirles oro: “Dame una sortija o algo de oro” -imploraba, como si fueran los opulentos personajes de “Las mil y una noches”. De ellos le chocó su manera de lavar la ropa en el río: en vez de darle jabón y frotarla con los puños –como hacían las lavanderas de entonces- la pisaban con los pies, para quitarle la suciedad, y luego la aclaraban y la volvían a pisar.

Cuando, por fin, llegó a casa, mi padre tenía un acento asturiano tan cerrado que -la familia- apenas conseguía entenderle.