Buen
momento para que empiecen a fenecer… En plena crisis.
Ayer,
a mi tele Sanyo, que no es digital ni de plasma, le salió una línea azul en la
pantalla, una pixelización que deja todos los cráneos rasurados como si les
hubieran cortado la cabellera. La encendí y apagué varias veces, a ver si era
una cosa coyuntural, debido a una
tormenta atmosférica, o a un fallo del repetidor, pero no: es permanente, y no
se quita.
Por
otro lado, la nevera cada vez hace más hielo, y la lavadora, últimamente, me
devuelve una especie de posos de té entre las ropas recién lavadas, bastante
inquietantes. ¿Será porque en quince años no he limpiado el filtro inencontrable…?
Además,
acabo de darme cuenta de que el termo de agua caliente presenta en las junturas
un color azul sulfato. ¿Será venenoso? Porque debajo tengo el secaplatos… Igual
me estoy envenenando con arsénico, o con plomo, y me vuelvo azul como un guerrero
picto o un pitufo. ¿Y si se me pone el hígado blu...?
Menos
mal que, al menos, todavía me queda la aspiradora de última generación -que
muevo con el meñique y con una cubierta transparente -donde veo con placer todo
el polvo, invisible a los ojos, que se
acumula entre pase y pase.
Unido
a que mi puerta de la calle cada vez se cae más
(dentro de poco voy a ser una Alicia en el País de las Maravillas
entrando por una puerta enana), y a
algunas grietas en la pared bastante asustantes, mi morada se parece cada vez más a la de la peli Esta casa es una ruina.
Y
ahora, para remate, están picando la fachada trasera del edificio que linda con
el mío. Espero que no se me desconche más la pared o se me caigan los “cellos”
que he pegado para que no se desprenda la pintura. Me recuerdo a una compañera
de clase que se cosía el dobladillo de la falda del uniforme con una grapadora
o cinta adhesiva. Primeros auxilios estilo “macguiver”, en cutre.
La
última moribundia: se me acaba de morir la impresora. Estaba haciendo su
trabajo tan ricamente y, de repente, sin aviso ni admonición previa, dejó de
funcionar. Encendí y apagué el ordenador. Enchufé y desenchufé sus conexiones
eléctricas. Cambié de clavija las terminaciones… Pero la luz de encendido
permaneció impertérrita. ¿Será que ya le ha llegado su obsolescencia
programada…?
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