viernes, 21 de diciembre de 2018

VIAJES EN TREN 5. LOS PUEBLOS QUE ME QUEDARON. SOMAHOZ (1)

SOMAHOZ DE BUELNA


Cuando venía de Madrid en tren, mi referencia para saber que ya estaba cerca de Torrelavega era el ruido infernal metálico que yo identificaba con Los Corrales de Buelna, y ahora sé que era el puente ferroviario de hierro sobre el río Besaya, en Somahoz.

En mis últimos paseos, siempre veía, al otro lado, una línea de casas más allá de Los Corrales, por las que tenía curiosidad. Hoy es el día…

Miércoles, 19 de diciembre de 2018

[En homenaje a Laura Luelmo, asesinada en El Campillo, Huelva, sigo saliendo al monte y al campo, sola. ¿Me puedo decir alguien qué daño, qué mal hago…?].


12 grados a las a las 9.42 h en la farmacia de Jesús de Monasterio. Las nubes son un poco raras, no sé si de sur o de niebla nebulosa. Veremos…


Hace frío y las yemas de los dedos se me han quedado heladas. En el andén, el luminoso de la vía 2, otra vez, está “en barras” y, dentro del tren, no funciona nada. ¡Nos estamos deteriorando por momentos…!

De repente: “9.49 h. 13º C”… Debía ser que todo estaba apagado hasta llegar el nuevo maquinista…

Una pasajera ayuda a subir a una mujer mayor con una muleta y el carro de la compra. Estos trenes son demasiado altos, ya casi para cualquier persona. No sé en quién piensan los que diseñan…

El de Seguridad se sube en la parada de Valdecilla. Observo que mira de reojo los bolsillos abultados de mi chaleco. El cielo está azul pero cruzado por nubes blancas teñidas de gris por los bajos.

Tengo un poco de hambre ( he desayunado sobre las 6) y le doy unos cuantos mordiscos a mi sándwich antes de Muriedas. Una “lengua” sobre Peña Cabarga tapa, ¿momentáneamente?, el sol antes de llegar a Guarnizo. Hoy tampoco han venido “los chicos” de la Asociación de Mayores. Quizá la cercanía de las fiestas y todos los preparativos…

En el primer vagón, solo vamos tres, mujeres: la señora del carrito, otra que se ha subido en Maliaño, y yo. A la salida de Guarnizo, me vuelven a impactar los plumeros, diseminados por todas partes.

En Renedo, ayudo a bajar a la señora del carrito. “Otras veces está el de seguridad…”- me dice (para ayudarla). Pero hoy, no. Y vuelvo a preguntarme: ¿Para quién diseñan los que diseñan…? ¿Para ellos mismos…? ¿Son usuarios del tren…? ¿Preguntan, u observan, a sus usuarios…?  No sé por qué no se generalizan las buenas ideas como la del Talgo a ras de andén y, en cambio, se dedican a pensar nuevos reposabrazos y reposapiés para cuyo despliegue hay que saber latín…

Sigue roto el tejado en Las Caldas. ¡Qué dejadez…! 


A las 10. 44 h con 11 grados, me bajo en Los Corrales.

Intento preguntar a dos hombres junto a una hormigonera a dónde va la carreterita paralela a las vías, pero entre el ruido propio y el de la fábrica Nissan al lado, no me oyen;  así que decido seguir y ver a dónde llego.


Un señor que sube al final del andén por unas escaleritas me confirma que, efectivamente, la carretera conduce a Somahoz, como a un kilómetro, y que luego puedo regresar por otra carreterita del mismo estilo. ¡Perfecto!


Llego a una zona de chalés y adosados bajo dos montes. A la izquierda, una especie de gran pilar con una caseta encima que me recuerda a una torre medieval, no sé por qué. Esforzándome mucho, creo leer: “CORRALES DE BUELNA. AÑO 1948” (Luego, al descargar las fotos, me doy cuenta de que pone: “FORJAS DE BUELNA”). ¿Un depósito de agua de La Quijano…?- me dice un paisano que pasea con una garrota tallada. No lo sabe bien; dice que lleva desde siempre. [Más tarde, en casa, descubro en internet, en una foto de 1960 que es un depósito elevado construido por Nueva Montaña Quijano en 1948].


Al fondo, la iglesia parroquial de Somahoz. “A las 19.30 h el 22 de diciembre cantará la Coral de Los Corrales”- según el tablón de anuncios junto a la parada de autobús. Comparte el espacio con la noticia de que se ha encontrado un cachorro [de perro] en la zona de la bolera. En el estanco, una parroquiana, a gritos: “Y el Koala, ¡¿cómo despuntó…!? Supongo que se refieren al concurso de Gran Hermano...

La iglesia está frente a la bolera; un sufrido árbol sirve de “corcho” para las esquelas, pegadas con celo, o las menos amistosas grapas.


Dejo atrás la plaza Gedio [Gedío, como el pico y la peña], con un pequeño aparcamiento. Oigo el rumor del río a mi izquierda. Unas cuantas lavanderas [pájaro] bajan a beber y una pareja de azulones se deja llevar por la corriente.

Más adelante, una casona estupenda [La Casona de Somahoz, hotel], con dos arcos, frente al hotel restaurante Fleming. Junto a él, un monolito  de 1964 dedicado al científico de la penicilina, con unas palabras de su compadre, el doctor Marañón: “El hombre que más vidas humanas ha salvado en tiempos en que tantos otros han hecho lo posible por destruirlas”...

El puente Ranero pone que está cortado por obras, pero los coches pasan de ida y vuelta. ¿Se habrán olvidado de quitar el cartel…?


Entro a tomarme un café y un pincho (y a ir al baño) en el Fleming (2´30 euros). “Tenían que ponerle a secar…”-dice uno de los comensales ante la noticia de que ha confesado el  asesino de Laura Luelmo. Luego, dejo atrás el Fleming y el pueblo. Unos operarios trabajan en el vallado de madera. “Nos han dicho que tenemos que quitarlo” (¿?¡?)…- le dicen a una vecina.


Desde el vallado, distingo una garza real, inmóvil en el centro del río, sobre una roca. Un poco más allá, empieza un voladizo de cemento, que retumba con mis pisadas. Voy lo más a la derecha que puedo, para agarrarme al quitamiedos en caso de que ceda…

"Los Corrales de Buelna 2. Km 171 de la N-611". Es una referencia de lo ya andado (2 kilómetros).


Decido continuar mientras haya una senda junto a la carretera, fuera del arcén. A la derecha, la montaña plagada de eucaliptos.

Llego a una bajada al río (será la primera, pero eso aún no lo sé). No tiene ningún cartel. Está un poco enmarañada, así que decido seguir adelante (Al hilo de lo que viene después, creo que es la “Primera playa”).


La carreterita asfaltada baja al llegar a una especie de depósito. “…Más o menos 1 kilómetro hasta el cruce de Cieza”- me dice un corredor que viene de vuelta.

Camino hasta la llamada “Segunda playa” (esta vez sí hay cartel), unas escaleras de bajada al río, y… pienso en volverme y dejarlo para otro día que tenga menos miedo. Es un camino solitario, por tramos encajado entre el río y la carretera general…


Un señor con dos perros viene detrás de mí: le pregunto por el final de la senda y veo bajar al de la garrota labrada. Quizá el cruce de Cieza sea una distancia adecuada para muchos. Decido continuar. ¿Qué daño, qué mal hago andando sola…?

El camino va encajado entre dos laderas (es un desfiladero, una hoz) y el río está cavando su curso. De cuando en cuando, atravieso “desaguaderos?/, aliviaderos de los montes?” que cruzan el sendero para ir a desembocar en el río, abajo.


Solo me cruzo con una chica que va corriendo con un perro atado a la cintura. El resto, hombres.

Llego a unas mesas con un cartel informativo: “Tramo Somahoz-Cieza de la senda fluvial del río Besaya”. Así que es una senda fluvial…


Un poco más allá, el Pozo del cura, otro nombre tradicional, según me contó el vecino de los perros. En los tramos de suelo más blandos se ven huellas de bicis, pero hasta el momento (son las 12.30 h)  no me he cruzado con ninguna. Los pinos han sustituido a los eucaliptos en las laderas.

Otra bajada más: “La Mesuca”. Podían haber señalado los kilómetros…Al final del camino hay, efectivamente, una mesa de madera, ya casi en el río.


“Pozo La nutria”. La “Bajada empedrá” es, ciertamente, de grandes lajas de piedra. “¡Buen selfi!- me dicen unos ciclistas desde la carretera. Yo, que no soy de selfis, de repente me doy cuenta de que me hago uno, y lo mando, como referencia del sitio donde estoy, por si me sucede algo, que sepan dónde empezar a buscarme…


Me cruzo con una pareja que se hace 13 kilómetros todos los días. Hablamos de los habitantes del río: patos, lavanderas…”He visto una garza…”. El señor me ilustra: “Las garzas se comen las truchas…”. No sé si quiere decirme con ello que no tienen derecho a la vida. Las personas también nos comemos las truchas…

“Bajada de Cieza”.

Sobre las 13 h llego a un cruce de caminos, con un asubiadero, una señal de obras y la desviación a Villayuso de Cieza: este debe de ser el final del camino. “Aún podría continuarse unos 500 metros más…”- me ha dicho el último paisano.”Luego, ya, viene la carretera…”.


Sí, podría continuar pasando al otro lado de la carretera general, donde hay una caseta de obras?, pero “It´s too late”; no tengo tiempo para más (el tren de vuelta es a las 15.30 h).

Los coches vienen f…….s por la carretera general; y eso que primero recomiendan, y luego, obligan, a ir a 70…4 km “de ciervos” –señala el cartel. N-611. Km 169. Quería saber cuánta distancia había recorrido y, tratando de leer el cartel, voy por el arcén buscando un sitio por donde bajar a la senda de nuevo, sin tener que dar marcha atrás.

He recordado que había un momento en que carretera y sendero iban muy cerquita, casi paralelos, sin el talud de algunas partes y sin tener que saltar el quitamiedos. Está a la altura del Pozo de la nutria, pero hay que tener cuidado y tantear bien con los pies porque hay agujeros.  Una vez en la senda, me doy cuenta de que el mejor paso está justo antes de comenzar el siguiente quitamiedos.


A las 13.30 h estoy en la Bajada La mesuca de nuevo. Después de ver tantos monolitos en el Camino de Santiago, a veces cada 200 metros, aquí me hubiera gustado ver algún tipo de indicación sencilla de las distancias…

Sobre las 14 h ya estoy en la señal que indica “gasolinera a 600 metros”, cerca de la Primera playa ¿ (sin cartel), junto al vallado que primero es de metal y luego de madera.

Llegando a la entrada de Somahoz, la iglesia, el hostal Fleming y el depósito de aguas son los tres edificios que más destacan. La gente viene andando por el arcén de la carretera general, rodeando el pueblo por fuera, pero no me apetece ir por ahí, así que regreso por el mismo camino,  desandando lo andado.


Justo al inicio, veo el cartel que inaugura la senda fluvial. Como a la ida estaban trabajando en la zona, liberando los postes de la barandilla, no vi el cartel. Me entero ahora de que el sendero tiene 2. 440 metros, una pendiente máxima de 5´5 % y 146 metros de elevación máxima.


Dejo para otro día la desviación hacia el río Ranero. Recorreré el cauce del río Besaya hacia Los Corrales por la otra margen.

Como tengo tiempo antes del tren, me tomo una clara (0´70 euros) en “La parada”, ya en el centro de Los Corrales. “¿Quieres un caldito…?”. El tema sigue siendo el mismo…”Dice que no puedo violarla al estar inconsciente…”.


SABER MÁS

https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/somahoz-senda-fluvial-del-rio-besaya-30660835. Senda fluvial del río Besaya entre Somahoz y Cieza, en wikiloc.







lunes, 17 de diciembre de 2018

VIAJES EN TREN 4. LOS PUEBLOS QUE ME QUEDARON. LAS FRAGUAS (2)

LAS FRAGUAS. Sus alrededores


Miércoles, 5 de diciembre de 2018

El miércoles anterior me quedaron pendientes el “camino rojo” a Los Llares y La ruta del Navajos, en dirección Molledo. Sin embargo, quiero parar antes en Arenas porque un tío mío me ha dicho que allí vive una pariente.

14 grados a las 7.55 h. Hoy quiero coger el tren de las 8.14 h porque he de volver antes para comer en Torrelavega y, si no, no  me da tiempo.

Cuando salgo de casa, aún es de noche. En la sala de espera, me sonrío, entre irónica e incrédula, cuando “La Voz” dice, como un papagayo: “No está permitido “jugar” en el recinto de la estación”…Je, je. A estas horas, solo estamos 4 gatos y, ninguno, es un niño…Se me está quedando el culo frío sentada en los asientos metálicos, pero no me apetece salir fuera: aún no ha llegado el tren procedente de Los Corrales.

Viene petado…En mi vagón se han subido dos jubilados, venerables, con sus barbas blancas, vestidos (como yo) de senderistas. Hoy, la temperatura que marca el tren (14 º C) es la misma que la del termómetro de la calle (Jesús de Monasterio).


Salimos o´clock: a las 8.14 h. Como siempre, lo sillones (que suben por la parte final) se me clavan y cortan los muslos. No sé quién diseña, pero siempre debe pensar en los mismos: altos y sin celulitis…

Llevo mi sándwich de quesitos untados, frutos rojos y pepitas de calabaza espolvoreadas; y el termo lleno de agua, por si no encuentro un lugar donde tomar algo.

Acaba de pasar el “armario” de hoy, que casi da con la cabeza en el techo. Las luces anaranjadas de las casas fuera parecen las de un belén en miniatura. Ayer salí a ver las luces de Navidad este año en Santander: el buen gusto en unas calles y comercios y el colorín y el kitsch en los lugares más multitudinarios...


De repente, oigo: “Esto es lo que he encontrado sobre Sofía de Grecia…”; una voz parecida a la de Siri, en el sillón de atrás, ocupado por un hombre, que mira su móvil.

Me empiezan a entrar los calores, pero es tanta la parafernalia de empezar a quitarme ropa, que solo me subo las mangas del forro y me abro la cremallera un poco. Eso sí: saco el abanico de mi bolsa “de todo” y aprovecho para ponerme en la cara crema solar.

Hay niebla sobre Parbayón ahora que empieza a amanecer (8.33 h). El día está un poco “mortecino”. Se ven charcos en los campos después de Renedo.

En Torrelavega están fumigando las malas hierbas entre las vías y, en Las Caldas, sigue sin arreglarse el tejado caído y acordonada la zona. ¿Hasta cuándo…? Hace 10 grados centígrados, pero empieza a parecer un tímido resol.

Cuando bajo en Arenas a las 9.07 h, hay 6 grados. Huele a pis de vaca y el aire está húmedo y frío. “Desde pequeños les inculcan el odio hacia Cristo…”- le dice una señora mayor a su hijo (¿), también mayor.


En El Rincón me tomo un café y medio sanwich (2´20 euros). Hay a estas horas más mujeres que otras veces, y también está el revisor. Fuera, un cartel anuncia la fiesta de  La Vijanera, en Silió, el 6 de enero de 2019.


En el quiosco de prensa y chuches me dicen que la tienda que busco está más arriba; pero no saben el nombre y la indicación no es muy precisa. Vuelvo a preguntar y ya consigo saber que está frente al consultorio médico; les hago una visita, prometiendo que la próxima vez estaré más rato.

Mientras voy hacia Las Fraguas, cruzando por el paso a nivel, veo en la distancia la llamada iglesia de San Jorge, que recuerda a un templo griego o romano (luego leo que le llaman “El Partenón”…).


Mi primera intención es ir hacia el poste que indica La ruta del Navajos, pero decido rodear la finca de La Casona siguiendo el muro, dejando un caqui a mi derecha. He acertado: he salido al café-bar El Chiringuito.


Veo a dos mujeres vestidas de chándal venir andando por un camino y ¡allá que voy!... Pues porque las he visto a ellas, que, si no, me voy por la carretera…No hay ninguna indicación. El sendero empieza junto a un aparcamiento de alquitrán, cerca del río, con un gran pino a la izquierda y una barandilla de madera a la derecha. El firme al comienzo es de adoquines rojos con hierba entre las junturas.


Son las 10.30 h. Tengo dos horas hasta el siguiente tren (a las 12.30 h). Me tengo que administrar: una hora de ida, hasta donde llegue, y otra de vuelta.

El camino rodea la bolera, el parque infantil y el campo de futbito. Tras otros 100 m de hierba, se llega  a una cadena baja (se puede saltar cómodamente) que conecta con una pista de asfalto.


Siempre con el sonido del río a la derecha, de pronto una garza real sale volando de entre los cudones. Dos cormoranes vuelan río arriba poco después y una bandada de urracas va de acá para allá como pollo sin cabeza. Huele a papel quemado.

El campo a mi izquierda está lleno de cardos secos y unas ovejas pastan lo que pueden. De cuando en cuando, un banco de madera para descansar.


Pregunto a dos caminantes con los que me cruzo, que hasta dónde lleva este camino y uno de ellos me dice que, más adelante, puedo cruzar el puente y volver por el “camino rojo”, que llega hasta Los Llares, al otro lado del río. Me lo repite dos o tres veces, pero ya lo he entendido a la primera (solo le falta decir: “En resumen…”- como hacía mi padre cuando me explicaba los ejercicios de matemáticas, y me repetía lo mismo de nuevo...).

Cuando reanudo la marcha, veo una vaca suelta delante de mí, pastando por la orilla. Oh, Dios mío… Estos que somos de ciudad…Espero que no me moche…, que voy de rojo…

Al cruzarnos, cada una en un extremo, ambas nos miramos de reojo. Ay, que decide no darme la espalda y se vuelve, pastando, en mi dirección…Veo más ganado suelto, pero las vacas siguientes no me prestan la más mínima atención. La grulla cruza de nuevo, con las patas plegadas hacia atrás, como el tren de aterrizaje de un avión.

Paso bajo el viaducto [de Pedredo] y, un poco más adelante, está un toro mascando, este sí, dentro de una cerca de espino. Me mira…, y sigue rumiando. Tiene unos cuernos bien largos y puntiagudos.


En uno de los pilares del viaducto he visto la primera, y única, señal amarilla y blanca, que indica un sendero de corto recorrido. Hacia la izquierda, se ven las casa de una aldea/barrio, pero decido seguir de frente en busca del paso hacia la otra margen del río.

“Por llegar…, puede llegar hasta Bárcena Mayor…”- me dice otro paisano paseante. Pasadas un poquito las 11.30 h llego a Carrocerías Lastre, el lugar del que me hablaron los dos primeros cicerones, junto al mesón El Nogalón.

El puente es muy estrechito, para solo un vehículo cada vez. Al otro lado, El puerto de Veracruz, especialidad en cazuelas caseras. Estoy en Cohiño (leo en el parque infantil). Junto al río va una pequeña carreterita. ¿Llegará a Las Fraguas…?


Una señora me saca de dudas y, menos mal: si no, podía haber llegado a un punto sin paso y haber perdido el tren. Me recoloca hacia el camino rojo por la carretera con la señal Km 2. CA-804. Un gallo canta como un poseído (no es nada cierto que canten al amanecer).

Junto a la marquesina del autobús -como decía la señora- empieza el camino peatonal. De la caseta sale una canción montañesa: es un paisano ciego que dice que se llega hasta ahí todos los días. Lo dejo silbando tan contento, sentado en el banco.


Ahora estoy en San Cristóbal. Paso de nuevo bajo el viaducto (Fracking, ¡no!- leo en un pilar) y estoy en Pedredo. Huele otra vez a pis de vaca como si se hubieran puesto a mear un millón a la vez.

Mientras leo los carteles junto a otra marquesina de autobús, paran dos coches para leer una esquela en el panel de anuncios, sin apearse, desde la ventanilla bajada (debe de ser el deporte comarcal…). En los jardines, animales "de mentiras" y, solo alguno, real.


Llegando ya a Las Fraguas, se intensifica el sonido de un helicóptero, muy molesto, que hace círculos concéntricos, ¿mapeando algo…?

A la estación hay que subir por unas escaleras bien pindias (nada de adaptación). Como no hay a quién preguntar, me agobio con qué vía será. En el panel de anuncios, leo que -según la hora y la dirección- es la vía 1. Me tranquilizo un poco.


Sentada al sol en el andén, me llega un olor a judías verdes.

Un ciclista “listo” me pone en duda: “Suele venir por la vía 2…, pero hay un botón donde puedes llamar…”. “La voz”, masculina, me confirma: “Si no se dice nada, siempre la vía 1”. Me recuerda a la película “Esa gente tan divertida" (1977), de cámara oculta, cuando un señor real hablaba desde un buzón, asustando a la gente que iba a depositar su carta…Je, je, je.

https://www.youtube.com/watch?v=dOOFV6mY9ns. Esa gente tan divertida (Funny People). Una escena.


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viernes, 7 de diciembre de 2018

VIAJES EN TREN 3. LOS PUEBLOS QUE ME QUEDARON. LAS FRAGUAS (1)

LAS FRAGUAS, donde se rodó “Los otros”


Miércoles, 28 de noviembre de 2018

14 grados a las 9.51 h en el termómetro de la calle. En el del tren, ¡¡19!! Hoy nos han cambiado de vía: de la 2 a la 4. Menos mal que el de seguridad estaba atento y me ha “reconducido”. Iba enfilada…

En la taquilla, solo he visto a dos ciclistas. ¿No irán hoy los del Centro de Mayores…?

Salimos o´clock a las 9.58 h. Me alegro de llevar el reloj un poco adelantado…Tenía en la cabeza el horario de salida antiguo (las 10.06 h). En el primer vagón,  vamos la señora rubia de siempre (esta vez con una amiga/conocida) y yo. Día de sur, ¡otro!, con las nubes deshilachadas.


Al rato, pasa un “armario” de seguridad de renfe. Se baja en ¿Renedo…? No sé si después se intuye que ya no se sube ningún malandrín…

El luminoso se ha “encasquillado” y todo el rato pone: “Próxima parada: N. [Nueva] Montaña”. ¡Y ya estamos en Parbayón…! “No hay solución”- me dice el revisor (al acercarse, me doy cuenta de que es el que se cayó en la marmita de colonia cuando era pequeño...).

Antes de Renedo, los árboles están plagados de muérdago. Siempre me acuerdo de Panoramix el druida cuando lo veo. El segundo pensamiento es para las películas navideñas americanas (las del beso bajo el muérdago)...


En la estación de Sierrapando, ¿otro nido de velutina…? Está en un árbol a la izquierda  de la estación, en el sentido de la marcha desde Santander.

En La Caldas se sube un grupo de gente mayor, ¿del balneario…? Va a Los Corrales. “Al mercado” -le dicen al maquinista, que ha salido unos segundos de su cabina (¿irán dos o ha puesto el piloto automático…?). Son de Zaragoza. “Como el tren, no hay nada...”- apunta una. “Para los viejos, que somos los únicos que vamos… Y como cada vez quedamos menos…”.  “Nos lo quitan todo…”- interviene otra.

En Los Corrales sopla vientecillo… “Un minuto”- me avisa el revisor después de Las Fraguas. Me bajo en Arenas a las 10.55 h con 16 grados.

Primera parada: Arenas pueblo

Como Las Fraguas está a apenas medio kilómetro de Arenas de Iguña, decido bajarme aquí para desayunar, de nuevo, en “El Rincón”…

Vanesa (¿)  conoce a todos sus parroquianos por el nombre: “¿Qué tal, José…?, ¿Qué te pongo, Teresa…?”. Esta vez pido un chocolate caliente y un pincho de tortilla (2´70 euros).

Antes de ir hacia Las Fraguas, cojo a la derecha la carretera general hasta el final de pueblo: mansión con araucaria en el número 90, consultorio médico en una casona estupenda con portalada (Portalada Mesones)…


Están arreglando la Cooperativa del Campo de Arenas de Iguña, un edificio de piedra y ladrillo (fue Casa del Sindicato Agrícola y Escuela de Niñas allá por 1918); parece que le están cambiando las ventanas de madera, muchas veces repintadas, por unas de PVC. Enfrente, la Casona de los Lomas, ahora posada. Sobre ella, un enorme pino infestado de procesionaria se mueve al vaivén de un  viento cada vez más fuerte.


Aquí hay unas casas…, junto a rincones olvidados (con detalles maravillosos) donde crecen las zarzas, las hiedras y las hojas de acanto.


Llego hasta el final del pueblo por la acera y, cuando veo el puente elevado y muebles Anibos, me vuelvo.

Por el lado de la derecha, en un caserón con las ventanas rotas, se conservan los azulejos con el nombre del pueblo, blanco sobre azul marino, ARENAS (en un libro escrito hace un siglo leo que era una fábrica de harinas, de Cobo, Ruiz y Cía). 


En una de las paredes laterales se adivinan las palabras “Piensos” y “Las Co/Cu…”. ¡Las Cuevas II!. "1891", pone en un medallón de una pared que sobrevive, aneja, sin tejado. En la finca, un cauce de agua desviado, ¿un azud…?, no sé para qué.

Decido tomar una carreterita que va más cerca del río. La gran “nave” parece abandonada. Por detrás del campo de fútbol, una pareja de cuervos cruza, silenciosa, desde la otra orilla. El río y el viento compiten a ver quién ruge más alto. Es un agradable paseo por la hierba del campo de futbito, la bolera y el  parque infantil (con dos elementos para mayores) que va a dar a la cooperativa del campo.


Por un momento, me huele a judías verdes rehogadas con buen aceite de oliva. Son las 12 y 20 y, a pesar de mi segundo desayuno, no despreciaría un almuerzo con ese aroma…

El río va encauzado por el centro del pueblo. Creo ver otro nido de velutinas frente al consultorio médico, cerca del puentito con el letrero “Se venden estacas”.


En este pueblo hay de todo;  contabilizo, al menos: una farmacia, un estanco, un supermercado, tres entidades bancarias, parada de bus, instalaciones deportivas, 2 peluquerías, una panadería, una carnicería, un quiosco de prensa y chuches, el restaurante casa Victoria, la posada El Arrabal, la tienduca de Sara…, e incluso apartamentos turísticos a la salida del pueblo (Casa Castillo I y II).

Hacia Las Fraguas

Sobre las 12.45 h siguiendo "hacia atrás" las vías del tren, voy hacia Las Fraguas. Paso bajo un pasadizo de 2´5 m de altura para sortear los raíles. El viento arrecia.

Mientras camino, recuerdo que el año pasado en un curso de Románico, en Aguilar de Campoo, nos llegamos a comer al "Casón de La Marquesa" y, en otro curso, en Comillas (curso Casas y Jardines Históricos, en 2015), vinimos a ver los jardines del palacio de Los Hornillos.


Además, poco después de rodarse la película Los otros, como no vimos cartel de no pasar, casi llegamos a la puerta principal, y una chica, con uniforme, salió a decirnos amablemente que esa era una propiedad privada.

Pero perderme por las calles del pueblo, eso no lo he hecho, todavía…

La localidad queda a un kilómetro y, prácticamente, es un continuo de casas de pueblo y adosados/pisos de dos alturas. De hecho, tras pasar bajo un puente elevado comienza la finca de La Casona de Las Fraguas, con algunos trozos del muro derruidos y otros reconstruidos. Aún quedan restos de yedra seca sobre las paredes y la luz es cálida sobre las hojas de los árboles.


En el cruce hacia la autovía, dos carteles detallan todo lo que merece la pena en el Ayuntamiento de Arenas (al que pertenece Las Fraguas), incluido un mapa de rutas.

Ya cerca de La Casona, distingo en la otra ladera la carretera por donde ascendí a Bostronizo la semana pasada.

Las Fraguas siempre me ha parecido un pueblo “acogotado” por las vías de transporte (la carretera, los raíles, las instalaciones eléctricas…).


Dejo atrás la posada Ocho hermanas y el aparcamiento de La Casona. Cruzo el puente sobre el río Los Llares, que apenas lleva agua por uno de sus tres ojos y, cuando estoy en el otro lado, un paisano me pide desde su coche que le lea, por favor, la esquela clavada en el poste de la luz. “Menganita…”- le grito. “Es en Cieza, ¿verdad…?” “¿Cuántos años...?”. “88”. “¡Ya está bien!, ¿no…?”. El susodicho no creo que le ande mucho a la zaga…

El poste es el panel de anuncios del pueblo: junto a un cartel antiguo de una feria de ganado en San Felices, una fotocopia en color de una gata perdida, de nombre Julieta, y, en madera, el símbolo del Camino Lebaniego.


Voy hasta donde comienza un paseo peatonal junto al cartel “tachado” de Las Fraguas. ¿A dónde llevará…?

De vuelta, a mano derecha, una desviación hacia el punto limpio, la bolera El Chiringuito y la Ruta del Navajos (17´5 km, 5 horas y media) a Molledo. Otro día será…

Cogiendo por un atajín (aún quedan rosas en noviembre), me doy de frente con un enorme árbol de caquis, naranjas y bruñidos al sol.


A las 14 h salgo como una exhalación rumbo a Arenas. ¿Pues no quería comer en Casa Victoria el menú desde que lo viera el otro día…? El sol empieza a quedarse frío y me escuecen las plantas de los pies.


En el restaurante, son todos hombres: unos toman el menú, sentados en el minicomedor, y otros, el aperitivo en la barra (unas cervezas en botellín). Estos últimos, sobre las 14.30 h se van a comer a sus casas. Los que atienden son dos chicos jóvenes: un chico y una chica.

Pido lentejas y albóndigas con una caña. De postre, lo que entra en el menú: arroz con leche (mi padre estaría encantado). Todo por 9´50 euros. La tele está puesta, sin volumen, ¡magnífico!, y con subtítulos para sordos.

Me traen una “palangana” de lentejas, deliciosas y calentitas, con su chorizo, pimiento rojo y verde, zanahoria y cebolla. Mientras espero a que me traigan el segundo plato, leo los carteles que anuncian las especialidades recomendadas: hamburguesa de vaca vieja, 6 euros; rabas, 5 euros…, y sobre todo, “hacemos tartas y bizcochos por encargo”. Ummm. Con orujo, de zanahoria, de manzana y canela, de chocolate, lemon pie…El precio, entre 18 y 20 euros. Me llevo en un táper una buena ración del sabor de hoy, chocolate, por 3´50 euros, para merendar. Su artífice, una mujer joven que cree en la comida casera hecha con mimo.

Mientras vuelvo en el tren, la luz fuera es color caramelo.


SABER MÁS

https://aytoarenasdeiguna.org/. Web del Ayto. de Arenas de Iguña.