lunes, 20 de mayo de 2019

PASEOS DE MEDIA HORA. SANTANDER, DISTRITO 39002

DISTRITO 39002, el centro-centro (el de la renta más rica)

Miércoles, 15 de mayo de 2019

Me escapo del caos que es mi casa (parece la guerra, toda llena de polvo, plásticos y cubriciones) por mor de los pintores.

Salgo por la puerta, en el distrito 39007 y, enseguida, estoy en la calle Miguel Artigas, del código postal 39002, el más rico.

A las 10.50 h, no hay un nordeste tan fuerte como ayer. En la calle del bibliotecario, hay andamios, y una grúa se alza por detrás del Ayuntamiento.


Amós de Escalante, la prolongación de Jesús de Monasterio (en tiempos, la Alameda Primera), es una calle diminuta: apenas 10 números. El 2, que corresponde a la placa del escritor, está casi ilegible (como la placa, que necesita un poco de brillo y esplendor).


A ambos lados del Ayuntamiento, las carpas (azul, del PP, y verde, de Vox) hacen campaña por las elecciones europeas, municipales y autonómicas del próximo domingo 26 de mayo.


Hoy, miércoles, toca mercado de ropa en la plaza. “A 10 eurines, ¡venga!”, “¿Fajas más blanditas no tiene…?”. Es un murmullo de voces sobre los que, de cuando en cuando, se destaca un grito o una frase de vendedor.


Al principio de Isabel II, sigue, impertérrita, La Conchita, con más de 100 años (desde 1908). Sábanas, mantelerías, camisones, toallas, batas, gorras…Quedan ya tan pocos comercios centenarios que, quienes resisten, se autopromocionan justamente poniendo en sus establecimientos el año de inicio.


La segunda parte de Isabel II (desde la intersección con Ruamayor), tiene un montón de locales en alquiler, entre ellas la confitería Máximo Gómez o los supermercados J.D.


Tras el nuevo enlosado y “ajardinamiento” de los números pares, ahora tocan obras (y ruidos) en los impares y Méndez Núñez. Emilio Pino, que hicieron peatonal, ha quedado muy bien, con su línea de acebos en el centro.


Llegando al final de Isabel II, el viento sopla más fuerte. Como siempre, las soleadas terrazas de la calle Calderón de la Barca hasta el hotel Bahía, están llenas de gente.

En Somorrostro, también hay obras. Junto a adoquines y placas de piedra, el cartel artesano de “Adrián e hijo. Trabajos de cantería”. Y, como siempre, señores parados ante las obras. Nunca veo mujeres. ¿Será que no tienen/tenemos tiempo…?


Intento imaginarme cómo sería la zona en tiempos antiguos, pero las abstracciones nunca han sido lo mío…

Antes de bajar a la calle Lealtad por las escaleras, me imagino el puente hasta Ruamayor.

Me encantan las calles peatonales y semipeatonales de “solo a 30” en los centros de las ciudades. A mí, me incitan a mirar, a pasear (a comprar, si se tercia), sin el ruido del tráfico o las aceras estrechas que te ponen en riesgo permanente de atropello, por las que aceleras el paso.


No recordaba cuál era la calle del Puente, al leerla sobre el papel, pero tiene sentido: la que da, de frente, a la catedral, en el desaparecido puente de Atarazanas...


Otro día, más.

Viernes, 24 de mayo. Las calles de las tiendas

Los partidos apuran sus estrategias de persuasión, en el último día antes de la jornada de reflexión, en la plaza del Ayuntamiento. Hoy, son PP y Ciudadanos los que destacan con sus carpas azul y naranja.


En Juan de Herrera, la más amplia de las calles peatonales -que parte del Ayuntamiento hasta la plaza Porticada-, están entrevistando a Revilla en su carpa del PRC.


En la Porticada (la plaza de Velarde), banderas del Racing y la banda municipal practicando desde las ventanas. En el centro, la orquesta The Gordini se prepara más tarde. El fin de la campaña, supongo...


Las calles Juan de Herrera y San Francisco (su paralela, más estrecha y sombría), comparten franquicias y tiendas pitifinas junto a comercios de toda la vida (Camper, El Ganso, L’ Occitane, Oysho, Sephora, Sfera, las perfumerías Villafranca o Güezmes (cerró Java), sastrería Garayo, Clarks,  zapatillas Ocharan, regalos Picó, corsetería Alvi o Tejidos Antonio, por ejemplo).

Miércoles, 29 de mayo. Más calles...

En Calderón de la Barca (Jungla) compro otro paquete de humus de lombriz. Antes había otra tienda de plantas, pero desapareció.


La manzana del hotel Abba Santander y del hostal BBB son las únicas que quedaron en pie tras el incendio de 1941. Luego, ya se ve la construcción “racionalista” de los años 40 y 50, paredes lisas sin balcones.


Rompe el estilo (para mí), al final de calle Cádiz, el edificio de cristal y hierro de Zara.


Los espacios para practicar Pilates se están reproduciendo en la ciudad (el otro día vi uno en Floranes y ahora veo otro aquí).

En la calle Cádiz cerró la droguería perfumería Inés (ahí encontré el champú Geniol de fresa, con el que nos lavábamos la cabeza de pequeños) y sigue la ferretería Montañesa (aunque desapareció -está en venta- la planta que les servía de almacén, encima de Koopera. Recuerdo que en ese fascinante  totum revolutum conseguí unas manijas de baquelita negras para las puertas de mi casa de principios del siglo XX, inencontrables). Al principio de la calle, también ha cerrado la Librería Religiosa que primero estuvo en la calle Juan de Herrera.



Paso ante la rampa Sotileza,  que dejo para otro “paseo de media hora”…

Por la tarde


En Calvo Sotelo, cerró la joyería-relojería Salamanca. Volvieron los calzados Antigua de Las Rojas, junto a regalos Pombo. Y el edificio Aurora Polar, testimonia con su placa que fue el primero en “renacer tras el fuego” y ser reconstruido tras el incendio de 1941. Marcas como Purificación García, Lucio Herrezuelo o Javier Simorra dan glamur a la avenida.

En la calle Lealtad, el cine Coliseum es ahora hotel. Siguen SAMOT (cine-foto-óptica), la escuela de danza Ángeles Almendral; Las zapatillas rosas, artículos para danza (desde 1990); Lostal (donde Carmen me atendió, y asesoró, estupendamente cuando quise transformar mi bañera en ducha); y la mercería El botón de oro, mi preferida (aunque no la visite mucho porque no coso…).


Jueves 30 de mayo. Las (calles) que me quedaban…

Yo antes pensaba que me moriría en febrero, mi mes de la melancolía. Pero ahora creo que será un día de calor. Me derretiré, y ya.

21 grados (al sol) a las 10.30 h. ¡Bufff! Hoy me he puesto de verano: camisola, pantalones tobilleros y sandalias. La gente por la calle va “de todo”: unos, con sudadera; otros, en manga corta. También veo gorras y sombreros.

Atilano Rodríguez es una calle muy pequeñita de entrada a Santander. Por el contrario, la rampa de Sotileza es una subida, larga, zigzagueante.

El texto en aluminio sobre el muro (el paredón) es obra de la artista Concha García (Santander, 1960); está tomado de la novela Sotileza, de José María  Pereda.


En la primera curva, a la entrada del Parque del Agua, una mujer con vestido rojo contempla ¿el futuro…? por un catalejo. La escultura, de hierro y bronce pintado, es obra del portugués Baltazar Torres (Figueira de Castelo Rodrigo, 1961). Se titula “Hacia el futuro”. Yo la hubiera puesto mirando al infinito en vez de a los edificios de pisos cercanos, pero…


En la segunda curva, Curtidos González, venta al por mayor y al por menor. Pieles, tacones, plantillas, cordones, cremas, adhesivos y flisp¿?...; la librería, y centro social, La Libre (que antes estaba en la calle Cisneros) y el estudio de danza Armengou.


El hermoso edificio vecino (donde está la Oficina de Vivienda de Cantabria) lo están restaurando.


Cruzo la calle Alta y bajo por la Cuesta del Hospital. Al fondo, el Ayuntamiento, y detrás, en el paseo del General Dávila, antiguamente, El Alta, la fachada triangular de los Salesianos.


La calle Cuesta es diminuta; se sube (yo, la bajo) mediante 24 escalones, Como siempre, en estos sitios retirados de poco tráfico, huele a pis. Hace una L. Creo que nunca había pasado por esta calle. Sale a Jesús de Monasterio.


Cruzo para llegar a la última calle que me faltaba: Los Escalantes. Lógicamente, es una perpendicular a la calle Amós de Escalante. Entro en la parroquia de San Francisco (en Los Escalantes, 9). No había entrado nunca antes. Es sobria y sencilla y, junto al altar, hay dos baúles de mimbre para dejar alimentos.


En casa, leo que la iglesia es obra del arquitecto Javier González Riancho, a mediados del siglo XX. Pero que el solar estuvo ocupado, desde el siglo XIII, por un convento de franciscanos.



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