lunes, 2 de diciembre de 2019

A MADRID, EN TREN, POR EL 25 CONGRESO DE APIA

Este año, la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) cumple/cumplimos 25 años.


Como cumplir un cuarto de siglo ya es una hazaña y ¡vete tú a saber dónde y cómo estamos en el 2044 -los siguiente 25-!, este era un buen momento para juntarse con l@s compañer@s y compartir y recordar los inicios, la historia y los retos futuros.


Primero, lo importante. Luego, el relato…

Algunas cosas que se han dicho en el XIII Congreso Nacional de Periodismo Ambiental, y con las que me quedo:

  1. La información ambiental debe ser transversal y formar parte de todas las informaciones que se den.
  2. El diagnóstico y el lamento ya no valen; la fase de diagnóstico ya terminó: hay que aportar soluciones, contar nuevas historias.
  3. El diálogo y el intercambio de conocimientos son esenciales.
  4. El periodista hoy ha de transmitir -de manera sencilla y solvente- mensajes positivos que inciten a la acción. Empatía, solvencia y rigor son fundamentales para hacer una buena presión.
Javier Valenzuela, vicepresidente de APIA: “Somos la antesala de la COP”. (La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, “Tiempo de actuar/Time For Action”,  tendrá lugar en Madrid del 2 al 13 de diciembre).

María García de la Fuente, presidenta de APIA: “Vivimos una emergencia climática y también de biodiversidad”.

Nemesio Rodríguez, presidente de la FAPE: “La APIA es una de las asociaciones más pujantes de la FAPE”.

Teresa Ribera, ministra en funciones para la Transición Ecológica: “Dan ganas de quedarse con vosotros todos estos días… estar con profesionales que entienden, respetan, exigen… Empatía, solvencia y rigor son fundamentales para hacer una buena presión”.

El escritor Manuel Rivas está de acuerdo con las palabras de Miguel Torga: “El primer compromiso del periodismo es escribir; sin olvidar que, todo lo que escribes, compromete”.

María Sánchez, veterinaria de campo y escritora: “Quiero un campo diverso, sostenible y feminista”. “Hay que reivindicar la palabra campesino/a”.

Manuel Campo Vidal, fundador de la Red de Periodistas Rurales: “La salud [enfermos climáticos] va a ser una palanca para que la ciudad mire al mundo rural”.

Víctor García, emprendedor rural: “La aldea del futuro ha de ser cosmopolita, pero hay que adaptar la gestión al territorio”.

Los inicios de la APIA, 1994, por sus soci@s

Rosa Pradas: “La ventaja de estar juntos es que no estás solo”.

Josefina Maestre: “Necesitábamos reconocernos como especie”.

Rafa Ruiz: “Como yo soy de pueblo [de Quintanaentello, Burgos], le puse mucho ahínco”.

En el folleto de presentación de APIA, en 1994, por su primer presidente, Joaquín Fernández, este ya citaba: “el crecimiento de los mares, los agujeros del cielo o los cambios climáticos que provocan prematuros florecimientos”. 


La ilustración de Amechazurra -un periodista-fotógrafo todoterreno, con un nido en la cabeza, al que muerde un cocodrilo, respirando los humos de una industria contaminante y con los pies en un vertido sin depurar-, suspirando: “Señor, ¡qué profesión! “, es bien descriptiva del momento. Rafa Ruiz aportaba  el punto cómico-irónico. 


A continuación, venían los apellidos de l@s primer@s asociad@s y la primera Junta directiva.

Tengo guarreado mi programa con algunas notas: “El periodismo ambiental puede humanizar la política y el periodismo”; “Objetivos de la asociación: darnos moral y arroparnos un poco”; “El acto es un homenaje de los periodistas a sus fuentes”, y una observación: “trajes y camisas de cuadros…”.

25 años después

Arturo Larena, EfeVerde: “Ahora jugamos la Champion League”.

Olimpia García, SEOBirdlife: “Se trata de no perder el rigor científico, haciendo unos artículos sexis”.

Mª José Esteso, Ecologistas en Acción: “Buscamos que los artículos sean un poco más ligeros, con más ilustraciones, y queremos llegar a librerías críticas”.

Edurne Rubio, Greenpeace España: “Ha cambiado el contexto. Ahora, la gente se preocupa”.

Coral García, WWF España: “La comunicación ambiental sigue teniendo que ver con las personas y las relaciones humanas”.

Rafa Ruiz, El País, El Asombrario: “Una cosa son las redes y otra el periodismo. Las redes no son el contenido: son herramientas”.

 Mi relación con APIA y “lo ambiental”

Tengo el número de socio 27. En 1994, cuando se creó, yo trabajaba en la revista GENTE CE, una revista juvenil, donde llevaba los temas de medio ambiente desde 1990 (Páginas verdes).




Aunque pocas veces he trabajado a tiempo completo en “lo ambiental”, siempre tengo el rabillo del ojo puesto en sus contenidos, sobre todo a través de esa función que se llama  FORMACIÓN/EDUCACIÓN A TRAVÉS DE LOS MEDIOS.

Siempre, desde el principio, me he sentido parte de la APIA.

Epílogo

Ha sido un gusto ver a tod@s los compañer@s. Más que nada, porque los siguientes 25, ya tendré 82 y, ¡a no ser que pongan chaise longues para estar en horizontal…! Además, Concha Velasco ha dicho, el día que cumplía 80 años, que “Toda la vida queriendo llegar a los 80 y, cuando llegas, no hace tanta gracia”….

Así me siento yo en 2019… Pero voluntad me sobra...


El relato. Santander, 26 de noviembre de 2019. En la estación

¡Qué pasión por hacer cola…! Llego en taxi a las 6.35 h (el tren sale a las 7.05 h) y, en cuanto ven a la chica del checkpoint, la tercera edad en pleno, aún sin abrir, corre a permanecer de pie al menos 10 minutos.

Yo, me he sentado en uno de los fríos bancos metálicos, poniéndome bajo el culete el plástico con los papeles importantes…por las cistitis, que nunca se sabe…

Como ya no me daba tiempo a tirar las últimas basuras, he metido en el congelador los posos del té: no quería que se quedaran canos en la nevera u olorosos al aire.

Pues hoy abren antes el checkpoint…Casi tengo que irme hasta Valdecilla a por mi vagón, el 8, al principio del convoy…

En la calle he visto ¡17! grados. ¿Estará bien…?- le pregunto al taxista., que bosteza al inicio de su jornada laboral. “Igual está un grado por encima, pero sí”. O sea, que va a hacer un calor…

En mi vagón, no funcionan los lumínicos (espero que no sea una mala señal. En un viaje anterior, no recuerdo si era este vagón, también íbamos fundidos…) y cada uno que entra, pregunta: ¿Este es el 8…?

En el vagón número 7 también marca 17 grados. “Veremos la película Un hombre fiel y el documental…”. “Estamos llevando a cabo una encuesta sobre nuestros servicios…” (a mí nunca me llegó).

En mi vagón, vamos 4, uno de ellos (luego, me enteraré de que ha venido a trabajar a Valdecilla durante 6 meses desde Andalucía) despistado del todo. ¡Horror! Su móvil es de los que no ha quitado el ruido de las teclas al wasapear. Y guasapea todo el rato…

Salimos puntuales  a la hora. A las 8 menos 10 empieza a amanecer.

No han previsto dónde colocar los andadores de las personas mayores: ni caben tras los asientos, ni en las rejillas para maletas, así que sale un trozo hacia el pasillo.


Nubes de sur llegando a Reinosa. De momento, no veo nieve en Santiurde…¡Que quiten los carteles de las ventanas del pasillo: no dejan ver!

En el andén de Reinosa no hay nieve. Dejándola atrás, el cielo está negro de tormenta. O de nieve (panza de burro) y se ve mucha agua embalsada en los campos.

A las 8.50 h paramos en Aguilar. Está tan oscuro que parece que no acaba de amanecer. De hecho, las luminarias de la estación permanecen encendidas.


Pasado Aguilar empieza a llover. Niebla baja y los árboles casi en esqueleto, como si fueran una chuleta medio roída.

En la parte delantera de mi vagón, 3 jóvenes (2 contra 1) se enzarzan sobre política, uno de ellos bastante excitado: “Solo tener una empresa, ya explotas…”, “Todos los de izquierdas, os vais a Amancio Ortega…”.

En Palencia, a las 9.45 h, sigue la luz tenue y baja, gris. Siempre que llegamos a la desviación por carretera que pone a Villamuriel y Soto de Cerrazo, el tren va muy despacio o se para. Nos quedamos en silencio, como si fuéramos en un coche eléctrico.

Por la izquierda, cruzan nubes negras; por la derecha, se ven nubes y claros (pedazos de cielo azul, detrás o arriba de las nubes).

Solo dos nos hemos salido a la plataforma a hablar por el móvil. Un señor detrás de mí lleva un buen rato contando en alta voz sus cuitas y diretes. Luego la gente habla de la intimidad violada…Pero si la publicitas tú a voz en grito… “El comité de empresa…”, “Como ahora los de Viesgo son Repsol…”.

Decido hacer caso a un compañero y seguir hasta Atocha en el tren (que va a Alicante) en vez de bajarme en Chamartín y coger el billete combinado. ¡En buena hora…! Empezamos a ir hacia atrás y a dar un rodeo que hasta pensé si me iba a Levante. Y unos metros antes de llegar a Atocha, nos paramos…Había gente que a las 13 h tenía que enlazar con el tren a Sevilla. ¡Y, como siempre, nadie nos dice nada hasta pasados muchos minutos! “Por avería indeterminada” y tiempo también indeterminado…Al final, llego a Puerta de Atocha a las 12.45 h en vez de a las 11.57 h… ¡Bien está lo que bien acaba! 

Miércoles, 27 de noviembre

Ohhh! Se traspasa mi quiosco de la glorieta de Atocha, donde compraba mis postales y la Guía del ocio cada vez que venía a Madrid…


A las 8.15 h en que salgo, ¡qué ruido! El tráfico, las máquinas de segar o aspirar hojas; gente que habla alto y agudo, los martillos “trepanadores” y las cotorras, con su grito chirriante. En Atocha, gente con maletas y niños que van al cole con sus mochilas de ruedas.

A las 9.26 h, cuando llego al Círculo de Bellas Artes, hay 10 grados.


Jueves, 28 de noviembre

Hoy salgo a las 8.30 h y sigo parándome ante todo lo que me llama la atención…


Me llevo toda la farmacia del Paseo de las Delicias (no sé si me va a dar un ataque de ciática o de lumbago)…y me tomo un chocolate y media de churros (3 de 5, 2´70 euros) en El Brillante, de Atocha.


Sigue el cartel que marca menos - 273 grados en el restaurante Prado, cerca del Congreso. ¿Será profético…?

Los señores que escupen entre el colmillo (ya he visto a dos)… ¡qué cerdez!...

Un hombre va hablando detrás de mí por el móvil en un inglés macarrónico.

Yo voy siguiendo un caminito de hojas secas en la acera como si fueran las baldosas amarillas de "El mago de Oz".


Viernes, 29 de noviembre. Después del Congreso

Salgo a las 9.30 h con día mortecino (pero sin lluvia, por el momento).

Hoy hay “mercadillo de calle” en Atocha, junto al museo Reina Sofía. Casi no se puede pasar. Parece todo de segunda mano.


Me compro la Guía del ocio en el quiosco y selecciono las exposiciones que me interesa ver: en la Biblioteca Nacional, hay una de Galdós y otra sobre el exilio republicano. Y en la Fundación Francisco Giner de los Ríos, sigue la que conmemora el centenario del Instituto-Escuela.

Se pueden sacar fotos, sin flash, así que aprovecho para inmortalizar lo que me interesa. Por ejemplo, una imagen de Galdós “tomando un coche de punto a la puerta de San Quintín”, en Santander, o la escalera de la casa adornada con grabados de los Episodios Nacionales Ilustrados.


Mientras voy a la ILE, en General Martínez Campos, veo “empapelada” toda la calle con banderines de Madrid Green Capital (aunque los nuevos gobernantes se hayan cargado Madrid Central y las medidas ambientales brillen por su ausencia…).


Después me acerco a la Residencia de Estudiantes, en Pinar 21 (siempre que entro en el recinto es como si sintiera que pertenezco a este lugar). Quizá me quede a comer el menú (lástima, hoy el comedor está completo). Pido en la cafetería una caña y una ración de ensaladilla. Luego, ¡a casa! con todos los libros que me he comprado: Toledo (por lo visto, le gustaba mucho) e Italia (que comienza en Santander, el 30 de octubre de 1888, quince días después de regresar de Roma), de Galdós, y el catálogo de la expo  de la Fundación, con una pregunta para el visitante: "¿Y si el futuro tiene cien años…?", y la imagen en la retina de San Vicente de la Barquera, sede de las colonias escolares, pintada por Darío de Regoyos en 1910.



Sábado, 30 de noviembre

A las 10.25 h, en Sol, un vejete con gorra de la Legión, o eso me parece…, baila y golpea el suelo con el bastón al ritmo de soleares. Su arte surte efecto y un montón de gente, fundamentalmente mujeres, se acerca a dejarle unas monedas.


¡Y la cola de Doña Manolita!, a pesar de la máquina de turnos…


En la Gran Vía (y ¡cómo es la Gran Vía…!), una mujer joven duerme beatíficamente, boca arriba, a plena luz del día.


En Montera, descubro otro jardín vertical, como el de Caixa Forum, pero en un edificio de viviendas. 


Enfrente, el número 27, está “todo roto”, en plena rehabilitación desde los cimientos.


Sobre las 12 h, se levanta una ventolera…

ENLACES

https://elpais.com/elpais/2019/11/25/album/1574685513_501390.html. “La Navidad llega al Jardín Botánico”. Yo, prefiero verlo con sus colores naturales…






viernes, 22 de noviembre de 2019

DIARIO “Un año mirando desde el balcón” (1)

Siempre digo que si tan solo leyéramos y escribiéramos 10 minutos todos los días…,¡todo lo que leeríamos y escribiríamos a lo largo de nuestra vida...!

También pienso  a menudo en la vejez: cómo será cuando ya no pueda andar mucho y tenga que observar la vida desde un banco.

Hablo  en clase de los paseos conscientes, con los 5 sentidos, y ahora, he aprendido el término “observación continuada”. Así que, ¿por qué no practicar todos los días una observación continuada de 10 minutos  desde mi balcón, y contarlo…? El biólogo David Haskell se pasó un año observando “un metro de bosque”…

El lugar

MI balcón no da a la calle principal, sino a la trasera de edificios; concretamente, como mi piso es un cuarto, mirando a la altura de los ojos, veo los tejados de la finca de enfrente.





Primera observación, 30 de octubre de 2019

Cojo una banqueta de la cocina y me siento en el balcón a las 8 de la mañana.

Pasan 3 estorninos de voces chirriantes y oigo aleteos de palomas y sus sonidos guturales junto al más sordo y continuo del tráfico (por mi derecha, hacia Cuatro Caminos y la Alameda de Oviedo).

A pesar de que para hoy dieron lluvia, ha amanecido otro día de ¿sur…? 14 grados de mínima en la calle, aunque en mi pasillo sigo teniendo 20.

La escandalosa sirena de una ambulancia se sobrepone al tráfico monótono.

Mi vecina del segundo, del 31, sale a descolgar la ropa. Dentro o fuera, todo el mundo tiene algo en los tendederos.


Tres estorninos se han instalado en una antena de televisión mientras otro observa desde la esquina de un edificio. Veo cuatro más en otra antena. Me recuerda a Los pájaros, de Hitchcock.




Durante unos instantes, me llega el olor  dulzón a ropa recién lavada y se oye el batir de unos huevos.

Las gaviotas graznan y dos gorriones se “tiran” desde un canalón a mi izquierda.

El sol comienza a aparecer y me da en los ojos: es el momento de abandonar. Son las 8 y 10.

Viernes, 1 de noviembre. Todos los Santos

Hoy me siento a las 10.20 h con el sol de cara, así que me pongo un gorro de paja y las gafas oscuras.

Hoy es fiesta (Todos los Santos) y el ambiente parece estar más tranquilo  y silencioso que en días laborables.

Se oyen los graznidos agudos de las gaviotas y los sonidos guturales graves de las palomas. Hace calor, ¿20 grados…? El cielo está bonito, en blanco y gris, con algunas nubes salpicando el celaje.


A mi izquierda, una grúa, lejos, y unos andamios, más cerca. En los patios traseros, abajo, plantas por doquier en tiestos. ¡Me torro…!


Alguien habla por teléfono, en el tercero, y luego se oye el ruido de la aspiradora. Que sea festivo no importa a las buenas amas de casa…Una señora sacude un trapo de polvo por el balcón en el 27.

En el edificio de enfrente los helechos han colonizado el canalón. Me gustaría que mis vecinos de San Luis pintaran de blanco su pared trasera (al menos, lleva 20 años sin “guapearse”). Un blanqueo ligero, aunque fuera con cal, ya bastaría para que luciera mejor y descansara la vista.


En el último piso, donde solía ir la bombona de butano, veo un transportín de ¿perro, gato, conejo…?


En mi “línea de cielo”, donde las torres blancas de la calle Alta, con el sol, brilla algo en las chimeneas, que titila. A la derecha, la H en azul de un hotel. Creo que es el Picos de Europa.


A las 10.30 h se levanta una ligera brisa, ¿con algo de humedad…?, y la ropa empieza a moverse en los tendales.

Sábado, 2 de noviembre. Día de los Muertos o de los (Fieles) Difuntos



Hoy, por fin, llueve, y parece que ha llegado el otoño. Desde el miércoles venían anunciando “nube negra con lluvia”, y nada; apenas unas gotillas.

A las 10 h se nota mucha humedad, así que estoy en mi banqueta pero dentro de casa, justo  al otro lado del marco.

No se oyen pájaros (deben estar bajo el edredón…). Uy, no, acaba de pasar una bandada de gaviotas gritando como posesas (con alguna paloma entreverada).Tras ello, vuelve el silencio. De vez en cuando, el sonido de una gota; una persiana que se abre…

En mi calle, en obras, hoy sábado se han tomado descanso y las máquinas, paradas, parecen restos de Halloween.


Veo dos banderas de España ondeando en balcones hacia la calle Alta. No sé si con las elecciones próximas (el 10 N) la gente saca a pasear sus sentimientos. En el Diario de hoy he leído que el Palacio de Festivales se quedó pequeño para acoger a los seguidores de Vox…


En los patios, las plantas se ven de un verde más rozagante, con más brillo y tiesura que en días anteriores. Ahora oigo un goteo continuo y rápido junto al agua de una ducha en algún lugar.

Lo que me pareció un “descansadero” para bombonas de butano creo que fue antes una “despensa”, cuando no existían los frigoríficos.


La ropa tendida está hoy bajo plástico o retranqueada en los balcones. No se puede parar de lavar…



Como me va a dar un paralís en la espalda por el escorzo para hacer las fotos, dejo la observación continuada a las 10 y 10.

Domingo, 3 de noviembre. 8.35 h

Hoy también hago observación desde dentro, porque ha enfriado bastante.

Anoche hubo rachas de viento bastante virulentas (hasta 123 km/h en Santander- dijeron). Como resultado, veo algunas prendas de ropa caídas en el suelo y los plásticos que las cubren, desgajados.


La mañana está de chubascos: se oscurece el cielo y cae la gorda; luego, para y brilla el resol…hasta la próxima. Debe ser el “tren de tormentas” del que hablaban en la tele.

Se oyen voces chirriantes, yo creo que de estorninos, un ladrido de un perro y gorjeos de pajaritos. Hay un sonido de fondo, aparte del silbar del viento, que no es el tráfico, pero tampoco sé a qué corresponde (¿una industria:..?).

Las rachas de viento continúan y la ropa oscila de un lado a otro. Vuelve a llover.

Mi amiga Conchi, como es una chicarrona del norte,  se ha ido - contra viento y marea-  a dar el último paseo antes de coger el coche de vuelta a Madrid. Yo iré luego a la piscina, pero el paseo bajo la lluvia no está entre mis preferencias. Hoy, a leer y a estar bajo la mantita.

Oigo palabras sueltas: “desagüe”, “maniática”…- pero no sé identificar quién las dice o dónde.

A las 8.45 h termino mi observación esperando que aguante mientras llego a la piscina (las nubes se concentran de nuevo…).


Martes, 5 de noviembre. 9.15 h

¡Qué pereza salir de casa con esta lluvia continua…!

Fuera, se oye el ruido chinchorro de una rotaflex. ¡Qué desagradable…! También los martillos trepanadores de calle, pero me huele delicioso a carne asada…

Ya no veo las banderas españolas. ¿Serían por Todos los Muertos…?

Hoy, en vez de quedarme sentada tras el marco de la ventana del balcón, me asomo también a la ventana del medio. De pie, es como ir en autobús: se ve más. A veces, la cámara me sirve de lupa de lo que no distingo bien en la lejanía. Por ejemplo, un cojín en el alféizar y la cama de una mascota¿¿¿.


Creo que una camiseta aterrizada en un patio se ha volado del edificio de enfrente. Como suceda muy a menudo…


Se incrementa el aguacero; además de por las gotas más rápidas y abundantes que caen al suelo, se nota por el ruido sobre las superficies. Qué pereza de salir…!

Jueves, 7 de noviembre. 7.50 h

Hoy el día está muy tomado. Durante la noche ha jarreado pero bien y en la tele ya han dicho que el finde llega el invierno (sin otoño).

Ahora llueve suave y el sonido de la lluvia es el único junto al del tráfico  (cuando llueve, la gente, en vez de sacar los paraguas, saca el coche…) y algún graznido puntual de gaviota.

En los edificios frente a mí hay luces encendidas: pocas, una aquí y otra allá. Aún no ha amanecido del todo.


Estoy al otro lado del marco: en mi pasillo sigo con 20 grados y un 60 % de humedad, pero fuera hay 11 grados y  una humedad del 83 %. Y dan lluvia toda la semana que viene. Bufff.

El cielo está gris y las nubes avanzan rápidamente de derecha a izquierda (vienen de Cuatro Caminos, del oeste, de Galicia).


Una señora recoloca el plástico sobre la ropa tendida. Hay viento flojo (29 km/h), pero no sé si la ropa se secará algún día con tanta humedad…


Cuando para de llover, se oyen goterones que caen de aleros y cañerías. A las 8 h, rompe el silencio el ruido de un avión - que no se ve- por encima de las nubes.

Sábado, 9 de noviembre. 8 h

Ayer no pude hacer observación porque jarreaba todo el rato. Hoy, de momento, ha amanecido tranquilo y sin lluvia. ¡A ver lo que dura…!

Las nubes vienen del oeste de derecha a izquierda. Hay calma total, de no ser por el ruido del tráfico, algún goterón que otro y las voces agudas de gaviotas y estorninos.


El cielo está entre azul, rosado y gris, y sopla una ligera brisilla -que mueve la ropa, una cuerda de tendal caída y el plástico de mi cajón-macetero.

Los charcos abajo están inmóviles…un minuto. Vuelve a llover.


Me llega el olor de un filete de ternera frito. ¿Alguien que tiene un día duro de trabajo y ha de desayunar fuerte…? ¿Dejando la comida preparada…?

Sobre el techado de uno de los patios veo un trozo de tubería, no sé si desprendido o que ahí quedó cuando hicieran la obra.


Hace fresco (11 grados según mi móvil) y se me ha congelado la nariz. Es hora de meterme en casa. Son las 8 y 10.

Dentro, a pesar de la preceptiva ventilación de 10 minutos, sigo con algo menos de 19 grados. Pero ya me he puesto el radiador de aceite en el cuarto de estudio.

P.S. La camiseta que “voló” hasta un patio, sigue mojada y tirada en el mismo lugar. ¿La habrán dado por perdida…?


Lunes, 11 de noviembre. 7 h

A las 7 de la mañana aún es de noche, pero se oye el sonido del tráfico.

Aquí y allá se ven algunas ventanas iluminadas, y luce, muy azul, la H del hotel a mi derecha.


También oigo algún “pío” débil (todavía no gaviotas o estorninos. Deben ser más perezosos o necesitan la luz para volar…).

Sopla un poco de brisa en el balcón. Hay 11 grados según el móvil, aunque en casa estoy por encima de los 18.

El mundo está inmóvil salvo por el rumor del tráfico.

Hacia Vargas se van encendiendo  más luces de ventanas. Con la máquina de fotos no consigo una imagen clara (me tiembla el pulso y, la cámara, puesta en automático,  no acapara luz suficiente, supongo).

Frente a mí, el piso más alto de San Luis va apagando habitaciones: de 3 pasa a 2 y luego a 1: esta última es una luz tirando a rojiza. En otras ventanas, la luz  es muy blanca o tira a amarilla.

A las 7 y 10  ya oigo un graznido de gaviota y en las torres blancas se encienden 4 pisos. ¿La escalera…? Sí, debe ser la escalera, porque ya se apagó.


Cerca, suben una persiana. Otra persiana en las Torres y una luz. Y más persianas. Unos tirones son discretos; otros, enérgicos. Van apareciendo ventanas más grandes y más chicas.

La cisterna de un baño y el ruido de una moto. El tráfico se intensifica y creo oír la descarga de un iglú de vidrio. Son las 7 y 10. De momento, no llueve.

Jueves, 14 de noviembre. Bajón de temperaturas

6.45 h. Hoy hace mucho frío fuera cuando abro la ventana del balcón. Decido cerrarla y ventilar más tarde, cuando haya templado un poco. Ahora hay ¡8! grados… Dicen que la nieve bajará hoy en Cantabria hasta los 500 metros.

A las 8 h hace un frío que pela. Se ven nubes: unas más sólidas que otras. Avanzan de derecha a izquierda, o de oeste a este, pero también de norte a sur, cabalgando, como gigantescos dinosaurios.


El viento es muy frío. De pie, apoyada en el quicio de la ventana, ya tengo congelada la punta de la nariz y las yemas de los dedos.

Algunas gaviotas trastean por los cielos, aparentemente encantadas. También se oye el piar de pajarillos pequeños, pero no consigo verlos. Y el omnipresente rumor del tráfico, que nunca para.

Resguardada tras una jamba, siento que me voy momificando, como si el viento fuera un aire acondicionado gigantesco.

No me quedo a esperar qué pasará cuando los dos grupos de nubes se junten. ¿Chocarán o se deslizarán unas sobre otras…? Son las 8 y 10 y estoy congelada.


Viernes, 15 de noviembre. 8h. Nevadas invernales en otoño

A las 8 h hoy sí que está Mordor. Tengo condensación en los cristales del frío que hace (según la tele, la temperatura es la misma que un 21 de diciembre).


Pronto empieza a llover racheado y el viento trae las gotas hasta dentro como si fuera la espuma del mar en un día de viento sur. Parece el diluvio: se oscurece todo.


Me traslado a la ventana del medio, más protegida, para no mojarme. Son 2 o 3 minutos intensos; luego, afloja.

Siempre me preocupa - cuando llueve o graniza tan fuerte y abundante- que el patio del bajo se inunde, pero no. El registro draga bien y rápido.


Según mi móvil, hay 8 grados; un viento de 37 km/h y una humedad del 77 %.

Creo que mi casa ya se ha ventilado de sobra. Voy a cerrar. No quiero que bajen mis 19 grados ni aumente mi 60 % de humedad. Son las 8 y 10.

No sé si iré a mi piscina hoy…(Fui).

Martes, 19 de noviembre. 7.30 h

¡Por fin un amanecer claro…! Vuelven los colores anaranjados del otoño. Aun así, sale vapor de mi boca.


Sigue el rumor ininterrumpido del tráfico, un murmullo sostenido sin principio ni fin; como el motor de una industria. Algún graznido de gaviota aislado y lo que parece la descarga de planchas metálicas en la lejanía. Luego, el chasquido seco de una persiana que se levanta.

Creo que a mi vecina del 27 se le ha quedado encendida la luz de la terraza cerrada: igual al tender la ropa…


Me encanta mi línea de cielo con el convento de Santa Cruz, las Torres Blancas y los edificios a la izquierda.


A las 8 menos 20, en el primero del número 27, o del 25, salen a colgar la ropa. ¡Con 7 grados, un 88 % de humedad y apenas viento!  Creo que la camisa se va a escarchar…

Jueves, 21 de noviembre


He cogido miedo a la velutina de  ayer (que entró por el balcón y se quedó un buen rato posada en la puerta de la sala de estar); por eso, para ventilar, hoy apenas dejo una rendija en cada una de las ventanas…

Es el segundo día seguido que amanece despejado (mañana vienen de nuevo las lluvias y el temporal).


A las 8 y 5 me asomo, temerosa, al balcón, como si me estuviera esperando toda la colonia de avispas asiáticas…

Mi máquina de fotos no hace justicia a los colores del amanecer, del amarillo al rojo en todas sus gamas. Quizá…,  acercando la imagen…Pero no.

Una paloma gorgotea (gorjea, zurea o arrulla -según el diccionario) en algún lugar a mi izquierda (no la veo) y otra pasa aleteando sobre mi cabeza.


Me afano intentando descubrir si hay algún nido de asiáticas camuflado en una maceta, en un alero o en algún balcón, pero no veo nada. ¿No se las comerán las palomas, estorninos o gaviotas que sobrevuelan los tejados…?

Hoy me fijo en las antenas. A las 8.15 h el sol está a punto de salir tras el edificio de andamios.


Las nubes, ¿son de sur o los “platillos volantes” que anuncian lluvia…?


P.S. La camiseta de manga larga que debió volarse hasta el patio contiguo, sigue en el suelo, cada vez más miserable... ¿Pensarán que la han perdido...?


P.S.1. En mi patio trasero también pena un calcetín que lleva varios días...


Viernes, 22 de noviembre

No sé lo que durará, pero, de momento, a las 8 h, hace viento sur. Hay 11 grados, aunque debido al viento de 32 km/h, parece menos. 57 % de humedad y  un 87% de probabilidades de que llueva…

Las gaviotas chillan y las sábanas se agitan en los tendales. También el viento trae el ruido de las sirenas de los  barcos, el pitido de los trenes y el traqueteo de los vagones sobre las vías.


En la azotea del edificio de andamios se ve moverse a dos figuras vestidas de negro;  supongo que con forros polares y gorros de lana. Parecen dos hormigas, pero son dos seres humanos.


Las nubes cabalgan por encima del convento de Santa Cruz. Giran del sur (suroeste) hacia el norte. Pero la “negritud” verdadera viene de Cuatro Caminos, del oeste, de Galicia.



No sé si me va a dar tiempo a ir a la piscina sin mojarme… (Me dio, e incluso para ir a la compra. Luego, llovió, pero yo ya estaba en casa…). La aguja de mi barómetro está tumbada en las bajas presiones.