viernes, 13 de diciembre de 2019

DIARIO “Un año mirando desde el balcón” (2)

Martes, 3 de diciembre

Hoy parece que quiere hacer sur (aunque a las 8 menos 20 hay 5 grados en la calle. En mi casa, a pesar de la semana que he estado fuera y de no tener calefacción central, continúan los 19 grados, gracias a unas buenas ventanas).


El ruido del tráfico me parece llegar más del este que del oeste (del Ayuntamiento más que de Cuatro Caminos).

Veo luz en el taller ¿ cerrado del 31. Mi vecina del bajo dice que oye correr ratas por el techo de su casa… Y que deben venir de ese local…


En los edificios, las ventanas de luz blanca compiten con las de luz naranja, más cálida. Me llega un olor a cebolla cruda, como de sudor.


A las 8 menos 10 cierro rápido la ventana -sin ventilar ni nada- que se escapa “el gato”. Tengo condensación en los cristales. Hace frío y hay un  73 % de humedad.


Miércoles, 4 de diciembre

A las 8 y 20, nubes rojas y otras que recuerdan a las de los incendios.


Las gaviotas graznan por mi izquierda mientras el ruido sordo del tráfico me ataca por la derecha. También se oye el sonido gutural de las palomas: parece que se rascan los oídos por dentro.

En los tejados brilla el relente de la noche y mis ventanas están empañadas de condensación. Todo rezuma humedad (83 %, y 5 grados de temperatura).


¡Qué bien se está en casita! En mi pasillo, 19 grados y un 61 % de humedad. Hoy he leído un artículo sobre “¿Cuánta casa necesitamos…?” Se citaba a Thoreau, cuya cabaña autoconstruida en el siglo XIX tenía 13 metros cuadrados y la actualización del alumnado de la universidad de Texas en 2019, de 37 metros cuadrados.

No sé cuánta casa se necesita, pero sí un techo donde cobijarse y tener tus cosas. El derecho a la vivienda me parece fundamental.

Este 7 de diciembre tendrá lugar “la noche sin hogar” (https://www.lanochesinhogar.org/) en 50 ciudades del mundo para concienciar sobre el sinhogarismo. En España, al menos 31.000 personas carecen de una casa. Se puede contribuir con una donación económica y dormir una noche a la intemperie para experimentar el frío. Yo ya sé lo que es no poder dejar de temblar…

Ya están iluminadas las oficinas de la calle Burgos, pero no distingo “comensales”. ¿Serán las señoras dela limpieza…?


De cuando en cuando, un martillo trepanador te atruena los oídos.

Mientras estaba en Madrid se me ha acabado de morir lo poco que me quedaba en mi jardín aéreo (léase el cebollino y una cuantas ramitas de albahaca). Tendré que replantarlo…


Por el este del edificio de andamios surge una nube en tirabuzón y del número 23 ¿sale vapor en momentos medidos del tubo de extracción de humos¿??


¡10 minutos! Ya he ventilado…

Viernes, 6 de diciembre. 8 h

No sé qué les pasa hoy a las gaviotas: gritan como posesas. 7 grados y 91 % de humedad: hace un frío que pela, pero amanece despejado y naranja, con una ligera brisa.


Una de las que grazna se ha apostado en un grupo de antenas; otra, se ha posado en una chimenea cercana. Varias surfean alrededor de las torres blancas.



La dentista del 27 ha puesto luces de navidad en su patio trasero. Ayer encendieron las de Santander, justo antes del puente de la Constitución. Esperemos que no compita en gasto -por mucho que sean luces led…- con Vigo y Madrid…


La gaviota de la chimenea a mi izquierda, permanece impertérrita, sin graznar, solo moviendo la cabeza (en un momento dado, se gira 180 grados) . La de la antena está demasiado lejos para distinguir sus gestos, pero también lleva petrificada un rato.


El cielo se va enrojeciendo, aunque con mi máquina de fotos no se aprecia. Se me están congelando las yemas de los dedos. Me meto en casa a las 8 y 10. Hoy también hay rocío sobre los tejados. 

Miércoles, 11 de diciembre


¡Otra ristra de lluvias y nuevo tren de tormentas! Buffff.

Hoy, a las 8.30 h, parece no haber amanecido. La lluvia cayendo y los martillos “trepanadores” son el ruido principal en el exterior.

Aún hay luces en las ventanas y está iluminada la H azul del hotel porque con la luz natural no se ve un pimiento.

Una gaviota solitaria planea para posarse en un resalte. ¡Ya tiene ganas de salir del nido…!

Un bebé llora en una casa cercana. ¿Lo habrán levantado para ir a la guarde…?

Mi vecina del 31, del 5º, ha tendido a secar todas las bayetas a la vez, pero no lo van a hacer nunca...


Mis vecinos encima de mí, han hecho como yo: mientras toca que se haga la fachada trasera (más de 20 años desde la anterior reforma), pintamos los alrededores de las ventanas, hasta donde llegamos…



En el patio del 27, dos sillas de plástico solitarias, mojándose. La camiseta que se voló y aterrizó en el patio de los de enfrente,  ¿se acabará convirtiendo en microfibras ante mis ojos…?


Según el móvil, a las 8. 40 h, 11 grados, 85 % de humedad y viento a 27 km/h.

Sábado, 14 de diciembre

5. 20 h de la mañana. Solo se oye el tráfico…incluso a esta hora.


Hay pocos insomnes: solo veo una ventana encendida en lo alto de las torres blancas (y la mía). También la del taller ¿? del bajo del número 31. ¿Quedará permanentemente encendida…?

Una sirena de ambulancia destaca entre el rumor sordo. Y luego el ruido de un motor de coche que debe tener 200 años y no ha pasado la ITV hace cien…

Se enciende la luz de la escalera del edificio de la calle Alta. Igual alguien vuelve de una noche de farra, o es alguien que va a trabajar, muy temprano…



¡Otra ambulancia!

Para hoy dan cero lluvia. Un 69 % de humedad y viento de 14 km/h. Huevo frito predominantemente y temperaturas entre los 12 y los 17 grados. A las 5.30 h hay 13 grados y está nublado -según mi  móvil. Como es de noche, no lo veo…

Domingo, 15 de diciembre

7.10 h. Hay dos ventanas encendidas (y la mía…).

¡Uy! De repente, en el hotel azul se encienden varias. Debe de ser la hora de arreglarse y salir lo antes posible, de vuelta a casa…


En el cielo, se  aprecian nubes y claros. Dan 13 grados y mayormente nublado. De lluvia, solo un 2%, pero una humedad del 87 %, y nada de viento.


Oigo una moto pasar, petardeando.

Abajo, en el 27, he visto cepillarse el pelo a una adolescente. Se oyen voces tenues.

El omnipresente fragor del tráfico y el continuo de una industria son rumores que nunca paran. Ahora, el tubo de escape de uno de esos coches que tunean para hacer más ruido. Yo, para quienes hacen ruidos y no respetan, ¡multa!...

El pitido del tren y alguien abajo que parece cachetearse las mejillas (¿con Floid…?), o aplastar chuletas con una maza…Me asomo al balcón, pero no veo a nadie…

Ahora, las máquinas que limpian las calles (ya podían inventarlas sin ruido…). Hace ya años, en un curso sobre jardines, lo comenté y me dijeron que “el ruido (eliminar el ruido) no era una prioridad en su diseño…”.

Las gaviotas empiezan a graznar, alto y lejos.

X 18 de diciembre. Día de asueto (entre carro y carro de tormentas)

8.20 h. Omnipresentes martillos trepanadores y los pitidos de las máquinas cuando van marcha atrás. Parece que están haciendo un escáner/resonancia a las calles…Dos o tres escáneres a la vez. Un ruido de mil demonios…

Mi calle parece Siria. Con las lluvias, está permanentemente llena de barro con todos los trabajos de nuevas tuberías y aceras.


Amanecer fresco y naranja. 12 grados, pero viento de 29 km/h, lo que hace que la sensación de frío sea mayor. Lluvia, cero, y 47 % de humedad.


Las gaviotas gritan: unas, posadas; otras, planeando.


En el edificio de andamios, un obrero recorre el piso superior. Ha vuelto a aparecer la bandera española, ¿con motivo de la Inmaculada, del día de la Constitución...???


Las bayetas del 31 se siguen aireando; si fueran jamones, ya tendrían un nivel óptimo de curación…


Aún luce la luna menguante a las 8.30 h...


Jueves, 19 de diciembre. 9 h

Juraría que a las 7 h ha caído el diluvio; incluso con viento. Pero a las 9, si no fuera por los charcos en los patios, parece que no hubiera pasado nada.


Para hoy han dado bastante viento…, y lo hace. 55 km/h. Ha crecido desde las 6 de la mañana, lo mismo que el porcentaje de lluvia esperado (ahora, el 6%). Hay 15 grados, pero la sensación térmica es menor.

Las nubes parecen de sur, pero el viento es ábrego porque ha cogido frío al pasar por los Picos nevados. Hoy no es el mejor día para pasearse por los andamios…


Se oye el chasquido de algunos pájaros, ¿estorninos invisibles…?, y  el ruido, insoportable, de la calle, con los martillos hidráulicos.

No me había fijado en los cactus del 2º, del número 31. Odio las plantas “pinchudas” y no entiendo la manía de ponerlas en jardines o en aceras de paso.


Siempre hay alguna prenda caída en el suelo…



Martes, 24 de diciembre. Víspera de Navidad

Día hermoso a las 8 h, lleno de colores: azul celeste, rosado, naranja…Las gaviotas graznan mientras cruzan el cielo de un lado a otro, sin propósito. Las nubes se alargan en dirección oeste-este.

La temperatura es buena: 14 grados. “Despejado con intervalos nubosos”. Cero lluvia para hoy. 62 % de humedad y viento de 21 km/h.

Dicen que las témporas, esta vez,  han quedado de sur… Según mi móvil, si no cambia, en los próximos días, habrá “huevo frito” hasta Año Nuevo.

Una paloma zurea en algún lugar a mi izquierda mientras por la derecha no cesa el sempiterno ruido del tráfico, solo roto por el caer del cristal de un contenedor de vidrio que se vacía.

Martes, 31 de diciembre. Último día de 2019


Hoy no ha amanecido muy brillante (en cambio, la noche de ayer fue bien clara).


A las 8. 35 h me huele a pastel, a hojaldre: como si tuviera debajo el obrador.

Las gaviotas chillan en el cielo y alguien habla. En el 5º del 31 siguen las bayetas aireándose; yo creo que deben sacarlas cada día para que se esfumen las bacterias…

Hay una ligera brisa y, como tengo tos perruna, me refugio tras el quicio de la ventana. En mi pasillo, sigo con 19 grados (gracias a que mi casa da al sur y al calorcillo que se acumula cada día, supongo).

Se me ha muerto la máquina de fotos (hizo plop y murió; quizá ya tocaba y la batería se agotó…). Como la cámara de mi móvil solo saca fotos “del revés” y no tiene ni zoom ni nada… Voy a ver si mi hermana o mi sobrino me ceden sus máquinas, que apenas usan.

En el patio del 25 apenas distingo (con gafas) qué hay sobre la silla: ¿calcetines…?, ¿una piedra para que no se vuele el trapo que hay debajo…? Otra silla de ruedas está boca con las patas p´arriba sobre el borde-alféizar.

Voy a meterme, que no quiero coger neumonía…







lunes, 2 de diciembre de 2019

A MADRID, EN TREN, POR EL 25 CONGRESO DE APIA

Este año, la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) cumple/cumplimos 25 años.


Como cumplir un cuarto de siglo ya es una hazaña y ¡vete tú a saber dónde y cómo estamos en el 2044 -los siguiente 25-!, este era un buen momento para juntarse con l@s compañer@s y compartir y recordar los inicios, la historia y los retos futuros.


Primero, lo importante. Luego, el relato…

Algunas cosas que se han dicho en el XIII Congreso Nacional de Periodismo Ambiental, y con las que me quedo:

  1. La información ambiental debe ser transversal y formar parte de todas las informaciones que se den.
  2. El diagnóstico y el lamento ya no valen; la fase de diagnóstico ya terminó: hay que aportar soluciones, contar nuevas historias.
  3. El diálogo y el intercambio de conocimientos son esenciales.
  4. El periodista hoy ha de transmitir -de manera sencilla y solvente- mensajes positivos que inciten a la acción. Empatía, solvencia y rigor son fundamentales para hacer una buena presión.
Javier Valenzuela, vicepresidente de APIA: “Somos la antesala de la COP”. (La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, “Tiempo de actuar/Time For Action”,  tendrá lugar en Madrid del 2 al 13 de diciembre).

María García de la Fuente, presidenta de APIA: “Vivimos una emergencia climática y también de biodiversidad”.

Nemesio Rodríguez, presidente de la FAPE: “La APIA es una de las asociaciones más pujantes de la FAPE”.

Teresa Ribera, ministra en funciones para la Transición Ecológica: “Dan ganas de quedarse con vosotros todos estos días… estar con profesionales que entienden, respetan, exigen… Empatía, solvencia y rigor son fundamentales para hacer una buena presión”.

El escritor Manuel Rivas está de acuerdo con las palabras de Miguel Torga: “El primer compromiso del periodismo es escribir; sin olvidar que, todo lo que escribes, compromete”.

María Sánchez, veterinaria de campo y escritora: “Quiero un campo diverso, sostenible y feminista”. “Hay que reivindicar la palabra campesino/a”.

Manuel Campo Vidal, fundador de la Red de Periodistas Rurales: “La salud [enfermos climáticos] va a ser una palanca para que la ciudad mire al mundo rural”.

Víctor García, emprendedor rural: “La aldea del futuro ha de ser cosmopolita, pero hay que adaptar la gestión al territorio”.

Los inicios de la APIA, 1994, por sus soci@s

Rosa Pradas: “La ventaja de estar juntos es que no estás solo”.

Josefina Maestre: “Necesitábamos reconocernos como especie”.

Rafa Ruiz: “Como yo soy de pueblo [de Quintanaentello, Burgos], le puse mucho ahínco”.

En el folleto de presentación de APIA, en 1994, por su primer presidente, Joaquín Fernández, este ya citaba: “el crecimiento de los mares, los agujeros del cielo o los cambios climáticos que provocan prematuros florecimientos”. 


La ilustración de Amechazurra -un periodista-fotógrafo todoterreno, con un nido en la cabeza, al que muerde un cocodrilo, respirando los humos de una industria contaminante y con los pies en un vertido sin depurar-, suspirando: “Señor, ¡qué profesión! “, es bien descriptiva del momento. Rafa Ruiz aportaba  el punto cómico-irónico. 


A continuación, venían los apellidos de l@s primer@s asociad@s y la primera Junta directiva.

Tengo guarreado mi programa con algunas notas: “El periodismo ambiental puede humanizar la política y el periodismo”; “Objetivos de la asociación: darnos moral y arroparnos un poco”; “El acto es un homenaje de los periodistas a sus fuentes”, y una observación: “trajes y camisas de cuadros…”.

25 años después

Arturo Larena, EfeVerde: “Ahora jugamos la Champion League”.

Olimpia García, SEOBirdlife: “Se trata de no perder el rigor científico, haciendo unos artículos sexis”.

Mª José Esteso, Ecologistas en Acción: “Buscamos que los artículos sean un poco más ligeros, con más ilustraciones, y queremos llegar a librerías críticas”.

Edurne Rubio, Greenpeace España: “Ha cambiado el contexto. Ahora, la gente se preocupa”.

Coral García, WWF España: “La comunicación ambiental sigue teniendo que ver con las personas y las relaciones humanas”.

Rafa Ruiz, El País, El Asombrario: “Una cosa son las redes y otra el periodismo. Las redes no son el contenido: son herramientas”.

 Mi relación con APIA y “lo ambiental”

Tengo el número de socio 27. En 1994, cuando se creó, yo trabajaba en la revista GENTE CE, una revista juvenil, donde llevaba los temas de medio ambiente desde 1990 (Páginas verdes).




Aunque pocas veces he trabajado a tiempo completo en “lo ambiental”, siempre tengo el rabillo del ojo puesto en sus contenidos, sobre todo a través de esa función que se llama  FORMACIÓN/EDUCACIÓN A TRAVÉS DE LOS MEDIOS.

Siempre, desde el principio, me he sentido parte de la APIA.

Epílogo

Ha sido un gusto ver a tod@s los compañer@s. Más que nada, porque los siguientes 25, ya tendré 82 y, ¡a no ser que pongan chaise longues para estar en horizontal…! Además, Concha Velasco ha dicho, el día que cumplía 80 años, que “Toda la vida queriendo llegar a los 80 y, cuando llegas, no hace tanta gracia”….

Así me siento yo en 2019… Pero voluntad me sobra...


El relato. Santander, 26 de noviembre de 2019. En la estación

¡Qué pasión por hacer cola…! Llego en taxi a las 6.35 h (el tren sale a las 7.05 h) y, en cuanto ven a la chica del checkpoint, la tercera edad en pleno, aún sin abrir, corre a permanecer de pie al menos 10 minutos.

Yo, me he sentado en uno de los fríos bancos metálicos, poniéndome bajo el culete el plástico con los papeles importantes…por las cistitis, que nunca se sabe…

Como ya no me daba tiempo a tirar las últimas basuras, he metido en el congelador los posos del té: no quería que se quedaran canos en la nevera u olorosos al aire.

Pues hoy abren antes el checkpoint…Casi tengo que irme hasta Valdecilla a por mi vagón, el 8, al principio del convoy…

En la calle he visto ¡17! grados. ¿Estará bien…?- le pregunto al taxista., que bosteza al inicio de su jornada laboral. “Igual está un grado por encima, pero sí”. O sea, que va a hacer un calor…

En mi vagón, no funcionan los lumínicos (espero que no sea una mala señal. En un viaje anterior, no recuerdo si era este vagón, también íbamos fundidos…) y cada uno que entra, pregunta: ¿Este es el 8…?

En el vagón número 7 también marca 17 grados. “Veremos la película Un hombre fiel y el documental…”. “Estamos llevando a cabo una encuesta sobre nuestros servicios…” (a mí nunca me llegó).

En mi vagón, vamos 4, uno de ellos (luego, me enteraré de que ha venido a trabajar a Valdecilla durante 6 meses desde Andalucía) despistado del todo. ¡Horror! Su móvil es de los que no ha quitado el ruido de las teclas al wasapear. Y guasapea todo el rato…

Salimos puntuales  a la hora. A las 8 menos 10 empieza a amanecer.

No han previsto dónde colocar los andadores de las personas mayores: ni caben tras los asientos, ni en las rejillas para maletas, así que sale un trozo hacia el pasillo.


Nubes de sur llegando a Reinosa. De momento, no veo nieve en Santiurde…¡Que quiten los carteles de las ventanas del pasillo: no dejan ver!

En el andén de Reinosa no hay nieve. Dejándola atrás, el cielo está negro de tormenta. O de nieve (panza de burro) y se ve mucha agua embalsada en los campos.

A las 8.50 h paramos en Aguilar. Está tan oscuro que parece que no acaba de amanecer. De hecho, las luminarias de la estación permanecen encendidas.


Pasado Aguilar empieza a llover. Niebla baja y los árboles casi en esqueleto, como si fueran una chuleta medio roída.

En la parte delantera de mi vagón, 3 jóvenes (2 contra 1) se enzarzan sobre política, uno de ellos bastante excitado: “Solo tener una empresa, ya explotas…”, “Todos los de izquierdas, os vais a Amancio Ortega…”.

En Palencia, a las 9.45 h, sigue la luz tenue y baja, gris. Siempre que llegamos a la desviación por carretera que pone a Villamuriel y Soto de Cerrazo, el tren va muy despacio o se para. Nos quedamos en silencio, como si fuéramos en un coche eléctrico.

Por la izquierda, cruzan nubes negras; por la derecha, se ven nubes y claros (pedazos de cielo azul, detrás o arriba de las nubes).

Solo dos nos hemos salido a la plataforma a hablar por el móvil. Un señor detrás de mí lleva un buen rato contando en alta voz sus cuitas y diretes. Luego la gente habla de la intimidad violada…Pero si la publicitas tú a voz en grito… “El comité de empresa…”, “Como ahora los de Viesgo son Repsol…”.

Decido hacer caso a un compañero y seguir hasta Atocha en el tren (que va a Alicante) en vez de bajarme en Chamartín y coger el billete combinado. ¡En buena hora…! Empezamos a ir hacia atrás y a dar un rodeo que hasta pensé si me iba a Levante. Y unos metros antes de llegar a Atocha, nos paramos…Había gente que a las 13 h tenía que enlazar con el tren a Sevilla. ¡Y, como siempre, nadie nos dice nada hasta pasados muchos minutos! “Por avería indeterminada” y tiempo también indeterminado…Al final, llego a Puerta de Atocha a las 12.45 h en vez de a las 11.57 h… ¡Bien está lo que bien acaba! 

Miércoles, 27 de noviembre

Ohhh! Se traspasa mi quiosco de la glorieta de Atocha, donde compraba mis postales y la Guía del ocio cada vez que venía a Madrid…


A las 8.15 h en que salgo, ¡qué ruido! El tráfico, las máquinas de segar o aspirar hojas; gente que habla alto y agudo, los martillos “trepanadores” y las cotorras, con su grito chirriante. En Atocha, gente con maletas y niños que van al cole con sus mochilas de ruedas.

A las 9.26 h, cuando llego al Círculo de Bellas Artes, hay 10 grados.


Jueves, 28 de noviembre

Hoy salgo a las 8.30 h y sigo parándome ante todo lo que me llama la atención…


Me llevo toda la farmacia del Paseo de las Delicias (no sé si me va a dar un ataque de ciática o de lumbago)…y me tomo un chocolate y media de churros (3 de 5, 2´70 euros) en El Brillante, de Atocha.


Sigue el cartel que marca menos - 273 grados en el restaurante Prado, cerca del Congreso. ¿Será profético…?

Los señores que escupen entre el colmillo (ya he visto a dos)… ¡qué cerdez!...

Un hombre va hablando detrás de mí por el móvil en un inglés macarrónico.

Yo voy siguiendo un caminito de hojas secas en la acera como si fueran las baldosas amarillas de "El mago de Oz".


Viernes, 29 de noviembre. Después del Congreso

Salgo a las 9.30 h con día mortecino (pero sin lluvia, por el momento).

Hoy hay “mercadillo de calle” en Atocha, junto al museo Reina Sofía. Casi no se puede pasar. Parece todo de segunda mano.


Me compro la Guía del ocio en el quiosco y selecciono las exposiciones que me interesa ver: en la Biblioteca Nacional, hay una de Galdós y otra sobre el exilio republicano. Y en la Fundación Francisco Giner de los Ríos, sigue la que conmemora el centenario del Instituto-Escuela.

Se pueden sacar fotos, sin flash, así que aprovecho para inmortalizar lo que me interesa. Por ejemplo, una imagen de Galdós “tomando un coche de punto a la puerta de San Quintín”, en Santander, o la escalera de la casa adornada con grabados de los Episodios Nacionales Ilustrados.


Mientras voy a la ILE, en General Martínez Campos, veo “empapelada” toda la calle con banderines de Madrid Green Capital (aunque los nuevos gobernantes se hayan cargado Madrid Central y las medidas ambientales brillen por su ausencia…).


Después me acerco a la Residencia de Estudiantes, en Pinar 21 (siempre que entro en el recinto es como si sintiera que pertenezco a este lugar). Quizá me quede a comer el menú (lástima, hoy el comedor está completo). Pido en la cafetería una caña y una ración de ensaladilla. Luego, ¡a casa! con todos los libros que me he comprado: Toledo (por lo visto, le gustaba mucho) e Italia (que comienza en Santander, el 30 de octubre de 1888, quince días después de regresar de Roma), de Galdós, y el catálogo de la expo  de la Fundación, con una pregunta para el visitante: "¿Y si el futuro tiene cien años…?", y la imagen en la retina de San Vicente de la Barquera, sede de las colonias escolares, pintada por Darío de Regoyos en 1910.



Sábado, 30 de noviembre

A las 10.25 h, en Sol, un vejete con gorra de la Legión, o eso me parece…, baila y golpea el suelo con el bastón al ritmo de soleares. Su arte surte efecto y un montón de gente, fundamentalmente mujeres, se acerca a dejarle unas monedas.


¡Y la cola de Doña Manolita!, a pesar de la máquina de turnos…


En la Gran Vía (y ¡cómo es la Gran Vía…!), una mujer joven duerme beatíficamente, boca arriba, a plena luz del día.


En Montera, descubro otro jardín vertical, como el de Caixa Forum, pero en un edificio de viviendas. 


Enfrente, el número 27, está “todo roto”, en plena rehabilitación desde los cimientos.


Sobre las 12 h, se levanta una ventolera…

ENLACES

https://elpais.com/elpais/2019/11/25/album/1574685513_501390.html. “La Navidad llega al Jardín Botánico”. Yo, prefiero verlo con sus colores naturales…