viernes, 31 de julio de 2015

DIARIO DE UNA VIAJERA EN TREN (DE CERCANÍAS) III


Durante las vacaciones de Semana Santa, una tarde sobre las 6, en el Pasaje de Peña, me crucé con Felipe, mi “hombre del pan”. Sin pararnos, nos reconocimos y nos saludamos: “¡Adiós, Felipe!”. Él sonrió.

¿Iría de paseo…? ¿Es que se quedaba a dormir en Santander para llevar el pan al día siguiente…?

Como este trimestre, mi primer destino va a ser la Vía Verde del Pas desde Astillero, quizá pueda preguntarle.

DÍA 1. LA VÍA VERDE DEL PAS DESDE ASTILLERO


Hace años, la caminé desde Obregón, cerca de Cabárceno, a donde llegué en autobús. Creo que eran unos 6 o 7 kilómetros. Ahora, la recorreré en sentido contrario desde Astillero. Para ello me bajaré en La Cantábrica, que creo que es la parada de tren más cercana.

Jueves 16 de abril

15º C a las 7.36 h. Cielo gris. Espero que no llueva…

Hoy no está el señor que pide con un sombrero de lluvia  a la salida del túnel  (Pasaje) de Peña. ¿Será demasiado pronto…?

La grúa del Centro Botín está aún iluminada. A ver si me encuentro a Felipe (mi hombre del pan) en el primer tren desde Liérganes, con llegada (estimada) a las 7.47 horas.

Oigo cantos melodiosos (de pájaros), no sé si dentro o fuera de la sala de espera.

Pues no…No viene. Quizá sea entonces que venga el día anterior sobre las 6 de la tarde, que es cuando lo vi la última vez. En ese caso, tendría que coger en Liérganes el tren de las 5.

En el tren vamos pocos. Y en mi vagón, el primero, aún menos: una chica pelirroja que lee un libro electrónico, otra con melena, y yo.

Las naves a la salida de Santander aún conservan los focos exteriores encendidos. No hay mucha luminosidad. Me pica un poco la nariz. Espero que la alergia no me ataque demasiado.

A mi lado, una mujer lee un libro ¡subrayando con regla! Nunca se me hubiera ocurrido (Si es que tú eres un poco bardal…).

¡Qué escándalo el puente de hierro antes de llegar a El Astillero! Hay marea baja y las Marismas Negras enseñan todo su lodo. El ferry sigue en dique seco. Ya no sé si es que vive ahí…

En La Cantábrica nos bajamos solo yo y un chico que va al final del tercer vagón.


Pregunto a un limpiador callejero sobre la Vía Verde, y me indica: “Ves unas chimeneas y…”. La verdad es que podían poner una señalización a la salida del tren (Al cabo del tiempo, casi al final de mi periplo, distinguiré un cartel en la estación de El Astillero...Pone: "Seguiremos...hasta el Parque de La Cantábrica...a 1´5 km"...Sin palabras...).



La zona ha crecido mucho desde la última vez que estuve por aquí, quizá hace quince años, pero no andaba yo muy desencaminada.

Las dos chimeneas pertenecen al parque La Cantábrica. Otra limpiadora, cruzando la carretera y tirando hacia la derecha, me indica unas casa amarillo mostaza: “A la vuelta (a la izquierda), ya la ves”. Y, efectivamente, es la calle Nemesio Mercapide y, al fondo, se ve lo que parece un campo de fútbol o un polideportivo. La vía verde pintada de rojo. Son las 8.30. Enseguida empieza a chispear y el suelo me huele a heno dulzón que empieza a pudrirse.


Paso delante del IES Astillero. Un nutrido grupo de estudiantes que espera la hora de entrar a clase, ocupa la vía, pero no se apartan y he de salirme por fuera para sobrepasarlos.

A la derecha, una instalación eléctrica: un edificio de ladrillo que recuerda la arquitectura fabril del XIX. Las torretas de la luz parecen los nuevos molinos quijotescos.

En la cuneta, empieza a distinguirse el aro: “la comida de las culebras”, que decíamos de pequeños. Toda la planta es venenosa -leo en mi libro de plantas.

Tras alcanzar el primer puente sobre la ría, decido volverme. La lluvia no para y ya han pasado los 20 minutos de cortesía. Lo intentaré de nuevo mañana.

DÍA 2. A LA VIA VERDE DEL PAS DESDE ASTILLERO

Martes 21 de abril. De La Cantábrica a Liaño

Como me sentía culpable por no haber terminado los ejercicios de inglés y, a la vez, ya me había comprometido conmigo misma, para ir, la noche anterior, adopté una solución salomónica: iría, pero con la vista puesta en una “señal”, cualquier señal, para volverme; me volví tras llegar a Liaño, donde había que cruzar la carretera general, para seguir la vía por el lado izquierdo…Una buena excusa.

13 º C a las 7.28 horas.

Llegando a la estación, pasado el túnel (pasaje de Peña), los árboles empiezan a mostrar ya sus hojas tiernas (verde claro).

Me siento culpable porque acabo de descubrir que la profe de inglés -en su blog, que no había consultado- nos ha puesto un montón de ejercicios para la semana en que no ha estado (por enfermedad de su padre) y yo no los he visto hasta hoy. Los acabo de ver ahora, un poco antes de salir de casa. Pero ya me había hecho a la idea de irme…Intentaré volver pronto.

Espero en la estación al tren que llega de Liérganes a las 7.44 h, a ver si viene Felipe. Cogeré el de las 7.53 h a La Cantábrica, como el otro día. Voy embadurnada de crema protección 50, pero -aunque llevo pañuelo para la cabeza- creo que hoy voy a echar en falta mi sombrero de peregrina de “ala ancha”.

“Tren a La Cantábrica, con salida a las 7.53 h, situado en Vía 1…”- dice la señorita del altavoz. Lo dirá ella… No está aún (en el luminoso pone “en andén”). El tren procedente de Liérganes, con llegada a las 7.44 h, rectifica en el letrero: “Estimado, a las 7.47 h”. Al parecer, es el que viene de Liérganes por la vía 1, el que va a La Cantábrica por la vía 1. 

Me quedo pegada a una columna para que no me avasallen los que llegan. No veo a Felipe en el primer tren del día desde Liérganes. ¿Será que venga el día anterior sobre las 18 horas, como la vez que me lo crucé en el Pasaje…?

¡Dios mío! Llevan la calefacción encendida…Creo que la chica del otro día, hoy vestida de azul eléctrico, va leyendo un libro electrónico. Y la de melena se pone rímel en los ojos con un espejito y el vaivén del tren. Yo acabaría con el ojo como el de un boxeador puñeteado. Lo cierto es que no puedo ni pintarme la raya: con lo gestera que soy y la alergia primaveral, estaría todo el día emborronada…Y como no soy de las de “Para presumir, hay que sufrir…”.

Creo que en la parada de Valdecilla se ha subido de nuevo la que subraya con regla. Sí, sí, es ella. Y un nuevo inquilino que lleva bicicleta. Fuera,  sol y nubes, pero es otro día “naranja”.

Martes, de nuevo día de mercado en Maliaño. Hoy la marisma está con marea alta.

Ya en La Cantábrica, cojo la calle del mismo nombre hasta la primera desviación a la derecha hacia el parque. Lo cruzo en perpendicular en dirección a la carretera general.


“Entonces, si me he desagregado…”- escucho a un grupo de chicos de unos doce años que va al cole/insti, mirando al móvil mientras caminan. No oigo comentar a ninguno sobre el asesinato de un profe en un instituto de Cataluña por un menor con un cuchillo... 

A las 8.30 h. suena el timbre de entrada en el IES Astillero. Los primeros chopos del camino están torcidos hacia la derecha como si les hubiera dado “un aire” desde Peña Cabarga. Al pie de las torretas de la luz, un grupo de equisetos relucen como un ejército de duendecillos.

El jubilado de las zapatillas azules, a quien sigo desde el principio, espera a otro jubilado. También me adelanta un trío de mujeres que deben hacer el trayecto habitualmente. Una señora regresa oyendo en la radio la tragedia del instituto.

A las 8.30 h. es este un paseo muy transitado por gente de todas las edades. Casi todo el mundo que pasea solo, va “conectado”. ¡Y a mí que me encanta oír los sonidos “ambiente”, aunque estos sean los del tráfico en la autovía…! Pero también están los pájaros: las gaviotas, las urracas, los cuervos…, y muchos otros “píos” que no sé reconocer, como una sinfonía de sonidos, unos más agradables que otros, pero con una cierta armonía interna.

El cartel del Itinerario Ornitológico Vía Verde de Cabárceno, en la ría de Solía, da pena. No puede leerse nada porque está plagado de pintadas. Según la información, estoy en el valle de Villaescusa. Igual alguno de los pájaros es un carricero…


Paso por un túnel bajo la autovía, que no parece tener luces nocturnas. No sé quién lo cruzará de noche… En las cunetas, ya han florecido las “falsas” ortigas (ortigas muertas sin pelos urticantes). Pregunto a la gente que vuelve hasta dónde llega el camino: “Yo es que solo voy hasta el siguiente cruce…”. Por lo visto, cada cual hace su circuito y no sabe más.
De cuando en cuando, han colocado unos bancos “de madera”. ¡Qué bien! Así no cogeremos cistitis...

De repente, veo un bunker de ¿Enagás…? Es la estación de tratamiento de agua potable de Astillero-Villaescusa. Pero parece una nave de Star Trek…


Cerca, un parque infantil. ¿Vendrá algún niño a jugar aquí…? Las papeleras, al menos, están llenas de papeles.

Las tres marías del principio ya se vuelven. Han llegado hasta la chimenea de ladrillo junto al parque infantil y de mayores. “Puedes llegar hasta Sarón, a unos 8 o 10 kilómetros…”. También regresa el jubilado de las zapatillas azules. Ha llegado hasta donde la vía ha de cruzar la carretera general. Estoy en Liaño.


Ahora tendría que cruzar para seguir por el otro lado de la carretera. ¡Esta es mi señal para volverme! A las 9.30 h. el camino de vuelta es “un conventillo”. Circula alguna bici, pero pocas. Somos mayoritarios los peatones. En las huertas, entre la vía verde y la carretera, veo ¿habas…? Lo confirmo, preguntando. Lechugas, patatas, cebollas, puerros, ajos… “El otro día dijeron en la tele que el tomate es el rey de las plantas compradas”.

En el parque de mayores, una señora en chándal para, a la vuelta, en “el andador”  a hacer una caminata “virtual”. “Esto sí que es “un completo”- le digo al pasar. “Paseo más gimnasio…”.

A las 10.15 horas cojo el tren de vuelta. El cielo se ha ido cubriendo de nubes deshilachadas que ya casi tapan el sol. Ahora, a hacer los ejercicios de inglés…

28 abril 2015. VIAJE DE VUELTA DESDE REINOSA (para rellenar días y días de lluvia)

Fui en autobús porque tardaba menos, pero decidí volver en tren, tras la charla en el salón de actos. A estas alturas, ya han nacido potrillos y terneras que descansan sobre los prados o ramonean entre las hierbas. Dos potrillos que se persiguen son tan pequeños que parecen dos caballitos de mar.

Mientras atravieso en tren por los pueblos en donde estuve, los reconozco y los miro con amor, el amor que da el conocimiento y el reconocimiento... Los tojos están en flor (también los majuelos. Claro, es casi mayo), y veo un campo invadido por el gamón. Hay mucho muérdago parasitando los árboles. Ya podía venir Panorámix…Así voy dialogando con la naturaleza a través de la ventana. El tren de cercanías lo permite: va a la velocidad de tu pensamiento.


El revisor cruza el tren como una exhalación. Es el que se ha caído en la marmita del perfume. Empiezo a estornudar.

¡Cómo es este mundo! Unos jugando despreocupadamente a los bolos, fuera del tiempo, y en el Tíbet intentando sobrevivir a un terremoto devastador…

En los huertos distingo a hombres jubilados mientras hombres jóvenes siegan (la primera siega de la primavera) campos interminables. ¡Qué agujetas por la noche...!

DÍA 3. A BOLMIR

Jueves, 21 de mayo de 2015

Como hoy no tenía inglés a las 14 horas y daban mejor hacia el sur de Cantabria, decido ir hacia abajo de nuevo. Ya me estaba quedando un poco anquilosada de no salir a caminar un día a la semana.

A las ocho menos diez hoy no hay nadie en la sala de espera. En los monitores, el anuncio “Por favor, presten atención a los horarios”, pero no hay nada puesto en los tablones. ¿Cuál será hoy mi tren y mi vía…? Al rato, aparece un estudiante con mochila y casquitos. Estos asientos son heladores: hoy no tengo nada para poner debajo... Decido comprarme un kinderbueno a un euro en el kiosko de la estación.

Al llegar un tren, le pregunto al revisor desde el otro lado del torco: Vía 2. Y me subo.15 º C a las 8.07 h. Como siempre, pasan a toda flecha el de seguridad y el de la escoba y el recogedor. Hoy no va mucha gente. En el primer vagón, solo una chica con un libro, y un señor que va al final, mirando de espaldas a la locomotora. ¡Ah! Y otro delante  leyendo el periódico, desplegado en el otro par de asientos.

Aunque he metido en la mochila mi “sombrero de ala ancha”, también llevo mitones y un gorro de lana porque en Reinosa está previsto que haya muchos menos grados. A las 8.15 h, 16 º C en Santander. Esto sube como la espuma…Mientras salimos de la ciudad, veo en funcionamiento el ascensor de la pasarela entre la calle Castilla y la calle Alta, “inaugurada sin inaugurar”, porque son  elecciones, y no se puede. Ya ha habido más de un conflicto por eso.

En la costa rondan bastantes nubes negras y se nota que por la noche ha llovido. ¡Qué bien! Hacer hoy un “media distancia”. Más minutos en tren…Quizá de haberme quedado en Astillero, me hubiera chispeado algo…

En la estación de Boo, donde permanecemos parados unos minutos, distingo un saúco cuajado de sus planas flores blancas. Lo llaman el “compañero/acompañante de la civilización”, y dicen que da mala suerte cortar un saúco… La campiña está coloreada en distintos tonos de verde, del más brillante al más oscuro (el de las acacias, las hiedras, los prados, los eucaliptos, los alisos, los plátanos…). Cerca de Renedo, en una zona de aguas lentas o estancadas, destaca un macizo de salicarias en color rojo fucsia. También han florecido el rosal silvestre y la acacia, la mostaza y los gordolobos. Los campos ya han sido roturados para sembrar y presentan la tierra dada la vuelta, destoconada y desmenuzada.

De repente, en Caldas, echo de menos al hombre que siempre se bajaba allí. Hace ya tanto tiempo…Pero no: lo veo bajar. Todo sigue igual...

Cuando llegamos a Los Corrales, el cielo está negro de narices y el sol, “picón”. No sé si no me van a caer unos chuzos. Entre los montes de Arenas de Iguña se desliza la niebla. Una urraca se ha posado en el poste de una cerca y todos los pajarillos han salido volando. En Molledo, está aún más negro: Oh, my God!

En Bárcena, comienza a llover. Si hoy, y aquí, no tocaba…Qué bonita es la subida en caracol desde Bárcena…El camino desde Santiurde es una procesión de majuelos en flor. Bellísimo…

Me bajo en el apeadero de Reinosa y voy primero a Vejo, a “restaurarme” con un zumo de naranja y dos deliciosas empanadillas. También aprovecho para ir al baño. Pregunto y me indican: “¿Por la carretera o por el sendero…?”. Por sendero, of course. Primero tengo que llegar a Requejo. Tomo por la calle La Barcenilla, atravesando el paso a nivel, y leo en un poste “A Requejo, 1´6 km”. Pero antes de decidirme a tomar el camino, me llama la atención un puentecillo de madera a la derecha, sin llegar a cruzar el río, y decido explorarlo. Es un camino de cemento de algo más de un metro que atraviesa la mies dejando el río a la izquierda. Enfrente, un montón de naves industriales. Leo “Corta” en una sucesión de naves azules y beiges o Fundación ONCE en otra. Así llego hasta un campo de ejercicios un poco desangelado con la hierba alta y una pista polideportiva descubierta. Y, de repente, un perro. Lleva collar pero no se ve a su amo. Ha debido salir a su paseo matutino. Nos quedamos mirando mutuamente y él avanza hacia mí. Yo no quiero retroceder, pero retrocedo, un poco. Al final, aunque él no hace caso de mi chasquido antiperros, decide darme un rodeo por fuera del sendero. Así, ambos salvamos nuestra honrilla…


En el camino de vuelta, delante de mí, de poste en poste, aletea un petirrojo, un alirrojo o un colirrojo. No distingo bien: solo veo un destello rojizo. Es un tramo muy bonito. Al fondo, aún quedan unas lenguas de nieve en las montañas.

Vuelvo al sendero hacia Requejo. Ahora llevo el río a mi derecha. Es un camino de guijo y arenilla fina. No sabía que podían venir coches…Un chico me pregunta por la ventanilla si estoy haciendo el GR-93. “Es que mucha gente lo hace, perdone”. Es el GR-99. Lo leo en un poste. Al rato, el coche está parado ante lo que parecen unos huertos de ocio. A partir de aquí, el camino es de herradura, no apto para vehículos.


Cruzo una cerca perfilada por espinos en flor hacia el paso bajo la autovía. Un potrillo muy miedoso se esconde tras su mamá con la excusa de que va a darle “a la chupeta”. En el área recreativa de Requejo, un cartel me indica 1´2 km a Bolmir, ya por la carretera. Cruzando el puente, comienza un “carril bici” para peatones, en rojo. Cerca del embalse pastan muchos caballos. Al otro lado, una chatarrería al aire libre, a pesar de su intenso colorido, empaña la visión de los majuelos.

Al llegar a Bolmir, unos operarios vestidos de naranja limpian con palas las cunetas de tierra y hierbajos acumulados durante el invierno. Cuento siete personas, al menos, adecentando el pueblo.


La iglesia románica de San Cipriano tiene canecillos y capiteles algo desgastados, pero lo que más me gusta es la espadaña. El recinto es un sitio recoleto con el prado bien cortado.

Bolmir, un lugar que me suena a visigótico o celta, con todos esos espinos que dicen los fairy tales ser “morada de hadas”.


A pesar del frío, de la afonía, del dolor en el corvejón (¿) ( ah, no, que eso lo tienen los caballos. Me parece que en humanos es la “corva”), creo que esto: estar al aire libre, me sana. Hoy no tengo prisa por llegar a inglés, así que puedo rezagarme lo que quiera.

Voy hacia los confines del pueblo, al norte, al sur, al este y al oeste. En uno de los finales, un chalé con una portalada en la que se abomban dos vieiras. En la entrada al cementerio, una losa hace de escalón. En la calle Mayor, Alimentación "Concha" y un bar.

Tomo el caminito siguiendo el río canalizado y distingo a “mi lugareño de hoy”, el que he encontrado en el parque infantil nada más llegar al pueblo; luego, sentado en las antiguas escuelas y ahora, paseando por el canal. No le parece que el pueblo sea nada del otro barrio, pero me recomienda recorrer la parte alta. “Es más bonita”.

Volviendo por la carretera, encuentro un elemento de artesanía popular: una mata de fresa dentro de un neumático deconstruido”.


DÍA 4. DE LA CANTÁBRICA A OBREGÓN

Jueves, 28 de mayo de 2015

Hoy, aprovechando que me he despertado temprano, decido coger el tren de las 7.15 h para llegar hasta Obregón por la Vía Verde del Pas (unos 6 kilómetros). 14 ºC a las 7 horas en el luminoso de la Farmacia.



En la estación, la señorita, como siempre, dice que el tren está en el andén, pero no está.
Creo que este es el día que he cogido el tren más pronto. A esta hora, cambian los parroquianos del  primer vagón: un señor de traje, una pareja, un chico joven que anda torpemente y, en Valdecilla, se suben un bicicletero y un estudiante con capucha.

De camino a la estación, en el Pasaje de Peña, he fotografiado varios de los nuevos dibujos infantiles que acaban de realizar los niños y niñas de varios colegios de Santander: pensaba que había más sobre "Los raqueros", pero me he dado cuenta de que el “tíovivo” es otro motivo frecuente. No sé si les daban alguna pauta o solo “Dibuja algo relacionado con Santander”...

El sol ha salido hace tiempo y, antes de Vallerreal, cerca del aeropuerto, la niebla se alza levemente sobre el suelo. Cuando me bajo en La Cantábrica, huele a abono. Solo una chica pasea a un perro negro por el parque. Una pareja de mirlos se mueve a saltitos y picotea sobre la hierba mientras unas palomas cruzan aleteando sobre mi cabeza.

El “camino rojo” está cubierto de pelusa de chopo, que ya sé que no da alergia. Bajo la torreta de la luz, los equisetos ya se han hecho adultos. Pensaba que a estas horas no habría gente pero, a las 8, me adelanta una chica corriendo y vuelve una mujer con un perro. Mis amigos (desde la isla de Mull), los cuervos, graznan sobre la ría de Solía.

…Ya vuelve mi señora del chándal azul prieto. Ha llegado hasta Liaño. Pasado el cruce de Liaño, en el otro lado de la calzada, me encuentro a dos coches (uno, un 4X4) por la “Vía Verde”. Las casas cercanas tienen la salida por ella. Más adelante, veo un cartel: “solo vehículos autorizados”. Menos mal, ya pensaba que iba a tener que ir sorteando automóviles…

Atravieso la carretera de una urbanización (podían haber pintado la acera de rojo para que no tuviéramos dudas) y vuelvo a avistar la senda junto al consultorio médico. Una vez en el buen camino, decido sentarme un momento en un banco de madera a mirar la campiña y oír los “píos”  y el rozamiento de los coches con el aire. ¿No dicen que somos incapaces de estar diez minutos sentados, en silencio, sin hacer nada (ni consultar el móvil) en esta vida acelerada que llevamos…?. 8.35-8.45 h. No, yo no tengo ese problema…


No recordaba el camino tan sombreado hace años: es más, recordaba una solanera…Son arces, principalmente, pero también hay acacias, castaños, robles…Un camino  fresco y húmedo a estas horas de la mañana. Huele a heno dulce y veo menta en la cuneta. Es una zona muy humanizada. Constantemente han de recordar que el camino está prohibido a coches y motos. Estaría bien que añadieran postes kilométricos para saber lo que llevamos recorrido...

Sobre las 9 h. oigo levantar persianas en una casa próxima y canta un gallo rezagado. El siguiente panel informativo, pasado el kilómetro 4 – según han escrito a mano con pintura blanca en el alquitrán- ya no tiene pintadas (supongo que la lejanía del centro urbano influye). Así me entero de que el valle de Villaescusa es la zona entre la ría de Solía y el macizo de Peña Cabarga. Sobre los pájaros que pueden avistarse, se citan: cornejas, cuervos, ratoneros, urracas, bisbitas, jilgueros, golondrinas, currucas, pinzones, petirrojos, cernícalos, lavanderas…


Por el norte, a mi derecha, el cielo se va cubriendo de una especie de niebla negra. Creo distinguir, a lo lejos, las rocas especiales del parque de Cabárceno. Atrás he dejado la antigua estación de La Concha. Sí, -me confirman unos paisanos, quienes me dejan encaminada al pueblo de Obregón, donde pienso coger un autobús de vuelta-. Es el paisaje kárstico y lavado de las antiguas minas. De nuevo, el calambre en la corva derecha. ¿Es que ya no voy a poder hacer ni seis kilómetros…?

La parada de bus está frente al restaurante "El Moderno". Me hubiera tomado un café o un helado, pero la taberna Mary o el bar Moderno están cerrados y no veo a nadie a quien preguntar. Son las 10.30 h y, de repente, oigo voces. Una señora con un perrito atado a una correa muy larga, me confirma que sobre las 11 tengo autobús a Santander.

Ya en casa...Una noticia de 2011, leída ahora, en 2015.
http://www.eldiariomontanes.es/20110316/local/cantabria-general/tren-unira-santander-cabarceno-201103161342.html. Tranvía de Astillero a Sarón, con parada en Obregón para 2013. Hasta hoy…

DÍA 5. A LA CAVADA Y RUCANDIO

Me quedaban pendientes algunas recomendaciones que me han hecho a lo largo de estos 9 meses; una de ellas era “bajar en La Cavada e ir a Rucandio, mi pueblo”, que me hizo la dependienta de la pastelería María Luisa, de Liérganes. Así que, ¡allá vamos…!

Jueves, 18 de junio

17º C  a las 7.48 h. Todo despejado.

Felipe hoy viene con un elegante jersey amarillo y sin el “tres cuartos”. Me reconoce.
Redistribuye los panes entre el saco y las dos  bolsas y le ayudo con ellas de camino al primer vagón.

El trayecto se me pasa volando hasta La Cavada charlando con él. Tiene 81 años, ojos grises y ánimos para ir todos los días a Liérganes, de lunes a sábado, a llevar el pan duro a los animales. En tiempos, tuvo 21 vacas -a las que trataba bien- y alergia al cemento, por lo que hubo de dejar la construcción.Ahora vive en Santander, pero sigue levantándose temprano y, “algo hay que hacer”… “Para Rucandio, tira a la derecha”- me dice desde la puerta del tren, cuando me bajo en La Cavada.


Los pájaros pían como locos y algunos entonan cantos melodiosos. Hay gordolobos en los campos, al sol, y menta en las umbrías.

Voy rodeando una tapia de piedra de más de tres metros de alto y llego a un paso a nivel sin barreras. No sé cuál es el camino: si el que asciende o el que cruza la vía. Me decido por el que sube en sombra, más fresco. Las farolas en la carretera y algunos coches que suben o bajan, me hacen deducir -como una Sherlock Holmes- que estoy en el camino correcto. 

Con mi libro de plantas en la mano, creo identificar una flor que no conocía: la Campanula patula. Crece en la cuneta junto a unas ortigas de hojas gigantes. También descubro flores de digital. Con esta, como dice el libro, “no hay posibilidades de confusión”.

En Rucandio, cien metros cuesta arriba, el aire huele caliente. Quizá no estemos a más de 20 ºC, pero tengo calor.

Atraída por un árbol de copa amarillenta que no distingo qué es, dejo atrás el albergue juvenil, cercano a la iglesia. El árbol está junto a un magnolio dentro de una gran finca, pero no veo bien las hojas y me quedo con la duda.

Un cartel me informa de un sendero local de algo más de 4 kilómetros entre Trasnoval, Rucandio y La Cavada.


De camino a la iglesia de Santa María Magdalena, barroca, con una torre octogonal (esto lo leeré luego en casa porque, por primera vez, se me ha olvidado mirar en la Wikipedia -premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2015), un perrillo me corta el paso en las lajas de acceso, así que decido ir por la carretera que la circunvala. El can me sigue por arriba y lo pierdo de vista un momento. De repente, está junto a mí moviendo el rabo. Menos mal. Es amistoso…

La iglesia, en un alto, es como un gran mirador; lástima que unas acacias desgalichadas estropeen la vista hacia las montañas. Huele a hierba recién cortada y veo los aperos en reposo. La cuadrilla de jardineros está descansando un rato a la sombra en un banco. Les pregunto cuándo abren el albergue, cerrado y con las persianas bajadas, y sin ningún anuncio de fechas u horarios. Me dicen que la llave la tienen en la casa de abajo, y que abre "cuando hay gente"...

El perro, que no sé si es suyo, me acompaña un tramo del camino que bordea la finca de los árboles magníficos, por la derecha. La tapia, por zonas, está derruida. A ratos, él, o ella, va delante. Otros, yo. Cada cual a nuestras cosas. A oler, a purgarse, él (o ella). A tomar notas o fotos, yo. Es un perro paciente y andarín, un perro humanizado que no ladra (¿será mudo?) ni se asusta de mis bastones. Me acompaña por otros circuitos que emprendo y, a veces, se para a esperarme. Yo creo que le gusta dejarse llevar por alguien y ver los caminos habituales de otra forma. En una de las  posibles subidas a la iglesia, campo a través, tres pirindolos, una especie de menhires “fabricados por el hombre”, me llaman la atención. Parecen repetirse en una casa con un reloj de sol de 1723, a la salida del pueblo. Me intrigan…

Rucandio tiene parada de autobús con asubiadero. ¿Por qué nunca ponen los horarios, para viajeros despistados que caen por ahí…?

De vuelta, me huele a alubias caseras. Ummm. En el bosque, a la bajada, cuento encinas, avellanos, majuelos, rosal silvestre, saúcos, arces, robles, fresnos… Me llama la atención un banco, desplegado detrás del quitamiedos, muy apropiado para desnucarse por el precipicio. Por supuesto, no me siento. La próxima vez que vaya a Liérganes, tengo que decirle a “Mª Luisa” que sí, que su pueblo, Rucandio, es muy bonito.

Como solo son las 11  cuando llego de nuevo a la estación de FEVE, decido tirar hacia el Ayuntamiento de La CavadaUn cartel me informa de la Real Fábrica de Artillería, de 1650, y La Montañesa Textil, de 1847, “empresa de tejidos pionera en Cantabria”. La fábrica “de cañones”, con 4 altos hornos, fue la primera siderurgia e industria armamentística de España (produjeron hasta mil cañones por año). Entonces vinieron técnicos de Flandes, cuyos descendientes aún conservan los apellidos, más o menos castellanizados: Arche, Baldor, Guate, Lombo, Roqueñi…

Enfrente del colegio público “L. y J. del Valle”, en lo que eran las antiguas escuelas, se alza el Museo de Artillería. En el jardín, cañones varios – fabricados en La Cavada- con su explicación. Me entero, por ejemplo, de que la fragata “La Magdalena” fue utilizada por von Humboldt en una de sus expediciones científicas. O que la fragata “Prueba” participó en la expedición del San Telmo a la Antártida en 1819.

http://www.lacavada.es/. Museo de Artillería en La Cavada en las antiguas escuelas, inaugurado en 2006.


Junto a la iglesia de San Juan Bautista, un jardín en memoria del párroco, con el lema en la puerta: “Hasta aquí, el tiempo. Desde aquí, la eternidad”. Nunca mejor dicho. El prado, alrededor, trufado con las inefables toperas.

Dejo atrás la piscina municipal, el polideportivo y varias casas indianas maravillosas para coger el tren de las 12 y 10. El próximo día, Ceceñas.

DÍA 6. A CECEÑAS. ÚLTIMO DESTINO ESTE "CURSO"

Miércoles, 24 de junio de 2015. 7 de la mañana. 17 º C. “Tren a Liérganes, situado en vía 7”- oigo decir a la señorita por el altavoz. En el luminoso pone “en andén”. ¡Ja!

En la sala de espera, los restos de la noche de San Juan y algunos vociferantes. Se suben en mi primer vagón. ¡Vaya! Decido moverme al segundo para dejar de oírles. Una pareja también se cambia.

Cuando estamos todos acomodados, vienen a desalojarnos. “El tren es en la vía 2”. Hoy sí que me gustaría haber tenido unos casquitos con buena música…

Como es muy pronto, decido ir primero a La Cavada para ver lo que me faltó la otra vez.
Día naranja. ¡Bien!

La cuadrilla de chicas se baja en Astillero. Entre los chicos, un tal Jonás es el más pasado y díscolo. El grueso se baja en Solares y el llamado Jonás se pasea arriba y abajo del pasillo del tren como Pedro por su casa. En Ceceñas, fuerza la puerta para salir. No sé si ha tirado de la anilla y se ha bloqueado todo. Solo vamos el conductor y, aparte de ellos y yo, otro chico que se ha subido en la parada anterior y que le mira divertido. Espero que se vaya a dormir a casa y no encontrármelo luego por Ceceñas…

A las 8, todo está dormido en La Cavada. Villa Pilar, a la salida de la estación, aún conserva encendida la bombilla de bajo consumo de su portón. Un perro empieza a ladrar. El paso habitual de parroquianos no le importa, pero si te paras y permaneces un rato quieta…


Voy hacia el centro del pueblo. El hostal Riotuerto está encima de la carnicería Esteban. Por una rejilla de ventilación sale un olor a carne… que a estas horas de la mañana me marea. Junto a ella, “el rincón” de Vicente Trueba, “el primer rey de la montaña”, con una fuente y un monumento. La localidad tiene otro ciclista famoso: Isidoro Bejarano Lavín (1913-1970), “vecino de Riotuerto”, pueblo que está a 2 kilómetros.

Junto al arco de Carlos III, de 1784 (la entrada al recinto de la Real Fábrica de Artillería), la posada restaurante Carlos III, en color pistacho. La verdad es que el arco queda como testimonio exento entre el taller “Real Sitio” (revisiones pre-ITV y reparación general del automóvil); Gerardo, barbería, el centro de tercera edad, una sucursal de Caja Cantabria y una casetuca (¿la del factor?) del centro de turismo activo Alto Miera. Un conjunto poco armónico y algo deslavazado.

En el cartel explicativo, leo que, mientras duró, la fábrica produjo 26.000 cañones, además de munición, consumiendo ¡10 millones! de árboles. Pero consiguieron disminuir en un 25 % el peso del cañón, y eso, en barcos de la época que llevaban hasta 140, fue muy importante (para no hundirse).

Me tomo un cortado y unos “conguitos” (bolsa de 20 gramos) en “El cestuco”, que abre temprano. Luego, me deslizo por un sendero a la vera del río. En abril de 2014 han recuperado un lavadero y la fuente de Tarancón, creando, con una pequeña intervención, un lugar plácido y sedante, sombreado y tranquilo. Con el murmullo del río como acompañante.


A las 9 y 12 estoy en Ceceñas. Cuando salto al andén, huele ¡a mierda! Veo el campo cercano inundado por lo que parece abono líquido. ¡Algo era ello!

No sé por dónde es la salida hacia el pueblo y, como no veo a nadie, tomo hacia la izquierda para bordear la iglesia (de San Vicente); pero es un camino sin salida.

Una chica, que resulta ser profe, y que me ve un poco despistada, se empeña en llevarme a su cole (Colegio Bilingüe Apostolado -del Sagrado Corazón de Jesús), para preguntar a alguno de sus colegas, que es de aquí, si existe algún sendero cercano “andable”. Les dejo pintando las puertas de azul brillante y cojo ahora a la derecha del cole. Después,  tiro hacia una zona sombreada, cruzando la vía sin barreras. Huyendo del calor.

Las nueces ya están gordezuelas, pero aún verdes. Los maizales (de unos 50 centímetros de altura) empiezan a esponjar. Al fondo, la Casa Blanca del pueblo de Valdecilla, la iglesia, y Peñacabarga.

Voy hacia el barrio de El Casar, donde distingo una casa indiana? que me gusta mucho, bordeando el maizal. En el portón pone: 1890. Frente a la casa, cuyos muros han recrecido, un grafiti: “Sonríe que te vigilo”, dos corazones y Bribriblibli.

Así llego al parque fluvial “La Regata” junto al río Miera. Está un poco abandonado. A la entrada, me “saludan” cuatro zapatillas deportivas  tiradas sobre el asfalto. Chopos y plátanos sombrean la zona, y las ortigas prosperan por todos lados. La hierba está alta y se ven restos del botellón nocturno. Al inicio, una caseta que no sé si se transformará en bar en verano. Al otro lado, dos estructuras de madera, a modo de asubiadero, con  mesas para comer. Hay una fuente.


A medio camino entre los dos extremos, una ingeniosa entrada al parque entre dos tapias bajitas. Me dedico a cortar las bardas que salen al camino. Me siento un poco como Juanito Manzana, solo que en vez de esparcir semillas, corto zarzas…

Vuelvo por el barrio Rubayo y cruzo de nuevo la vía del tren. Salgo a la carretera general hasta que veo un cartel que señala FEVE por el interior, y me meto por ahí. Como aún me queda media hora para el próximo tren, cojo de nuevo hacia la iglesia y sigo eligiendo los caminos más sombreados. La gente trabaja en sus huertas: un señor sulfata los tomates con la mochila a la espalda, y sin máscara. Distingo cebollas, judías verdes, lechugas…Callejeando, llego hasta la bolera, junto a la carretera general, y decido que ya está bien por hoy.

En unos paneles, leo los horarios de entrada a la finca Marqués de Valdecilla (no imagino que, semanas después, en un curso de verano de la UC, me lo van a enseñar todo con detalle).


En la estación, tres profes del cole vienen a echarse un pitillo, fuera de la vista de la dirección. Pajarines y mariposas revolotean en el campo segado frente a mí. En el cielo, las primeras nubes, y la brisa, que empieza a crecer. Esta es mi última salida este “curso escolar”. Pero pienso hacer más el próximo…




jueves, 30 de julio de 2015

CARTAS A VID (9)

30.7.2015. 9º CUMPLEAÑOS SIN TI. ESTE AÑO HUBIERAS CUMPLIDO LOS 50

¿Cómo serías ya en la mediana edad? ¿Seguirías teniendo un cuerpo de atleta y unos pies “de anuncio”…? Lo que estoy segura es que conservarías tu risa explosiva de dios tonante como la de Papatán.

¿Sabes que los chinos también escriben novela policiaca…? Hay quien dice que es el género que mejor refleja los cambios sociales. Acabo de terminar una de Qiu Xiaolong en las que internet y las redes sociales son protagonistas de la historia. Te la hubiera prestado…

Por aquí, todos seguimos recordándote:

Mamá siempre te pide ayuda para localizar las cosas que deja aquí y allá: unas llaves, el móvil, unas gafas trastabilladas…También cuando se sube  a una escalera para colgar o descolgar una cortina…Por si acaso.

Papá, ahora que la mácula ha progresado, hace los autodefinidos aumentados a DINA 3, con rotulador negro, una lupa y una linterna para ir resiguiendo las letras de las definiciones. O con Bea como lazarillo…

Tu ahijado ya ha cumplido los 15. Parece que fue ayer cuando la enfermera nos dijo: “¿Quién es el padre? Pues ea, a cambiarlo”. Sigue con la misma pasión por los coches de los tres años. Quizá sea un diseñador de nuevos motores para los automóviles del futuro. Como las cosas van cada vez más deprisa, los padres ya no pueden imaginar en qué vayan a trabajar sus hijos.

Todos te seguimos conservando en nuestros corazones, aunque parezca que ya no nos acordamos.

Yo he decidido hacerte mi particular homenaje -con la ayuda de quien se ha querido sumar- mediante un powerpoint de fotos y pequeños textos. Porque creo que los años, y las décadas, a partir de los 50, deben celebrarse especialmente. Ya somos muy conscientes del tiempo que nos queda y de que “estamos en periodo de descuento”.

El año pasado celebramos en Cosgaya los 50 años de Litos. Un lugareño, en Potes, nos hizo una foto a todos sentados en un banco como los vejetes de “Astérix en Helvecia”. Tienes un sitio chiquitín, a mi lado, en el banco. Como los espíritus no abultáis mucho…


miércoles, 13 de mayo de 2015

DIARIO DE UNA RETRATISTA APRENDIZA

PRÓLOGO

Como en el taller anterior (Ver blog: http://ficcionesdeloreal.blogspot.com.es/2014/01/diario-de-dos-pintoras-en-ciernes-i.html) había llegado a la conclusión de que solo me gustaba pintar “cosas con ojos”, como decía Sonia, mi profesora, en marzo de 2015 me apunté a un taller específico sobre Retrato.

“Una cara se olvida antes si no se han encontrado sus ojos…En los ojos está la identidad de una cara”- escribe Antonio Muñoz Molina en su última novela,  “Como la sombra que se va”,  una posible crónica sobre el asesino de Martin Luther King.

Igual tengo que hacer un ejercicio de solo pintar “ojos”... Aunque el pelo, el cabello, es para mí también bastante definitivo a la hora de identificar a una persona. La prueba está en que, si no he visto sin gorro de piscina a mis compañeras “acuáticas”, soy incapaz de reconocerlas por la calle.


He aquí mi primer dibujo conservado a punto de cumplir los 5 años. No es precisamente prometedor. Y en las notas de 1º de EGB, la de dibujo (¡los famosos flamencos!) desentona claramente entre las otras, incluidas las tablas de multiplicar. Hasta en el orden (fíjate tú qué cosa, con lo arbularia que soy ahora) me ponía la maestra “Muy Bien”…

Hoy ha salido en la prensa una noticia curiosa: un vestido al que unas personas ven de color azul, y otras, dorado (yo soy de las segundas). http://www.mujerhoy.com/moda/informate/color-vestido-azul-negro-blanco-dorado-859096022015.html. No me imaginaba que dos personas distintas pudiéramos ver un mismo objeto en colores tan diferentes…

PRIMER DÍA DE CLASE

El primer día…¡fue el caos! Sonia nos puso dos ejercicios para que aprendiéramos “el canon de las proporciones”. (No sé si, visto lo visto, es mejor que pintemos a ojo).

Teníamos que hacer dos “marcos”, en realidad dos cuadrículas, uno de 14 x10 – para practicar el retrato de frente- y otro de 14 x14- para el de perfil. Ahí ya empezaron las complicaciones: “¿dónde va el 14?”, “¿a lo largo  o a lo ancho?”. Además, no habíamos traído regla para tirar las líneas que iban dividiendo el cuadrado/rectángulo en secciones.

Cada vez que Sonia daba una nueva pauta, era la revolución: “Dividid la altura entre tres y medio”. “¿Y eso qué es?”. “Pues 3´5 cm, 3´5 y 3´5”. “Que no: son 4, 4, 4 y 2”. En fin…Tere decidió que ella medía los 14 centímetros sin contar el cero, o sea, desde el uno. Luego, claro, no le salían las cuentas.

“Los ojos han de quedar en la mitad del rectángulo, en los 7 centímetros…”. Así nos fue chivando dónde debían quedar el rabillo del ojo, el lacrimal del otro ojo, la base de la nariz, las cejas, el nacimiento del cabello o la parte de debajo del labio inferior. Después, cada cual juntó los puntos y, oye, ¡salieron retratos de lo más curiosos y distintos!

Pero aún quedaba lo peor: el retrato de perfil o de cráneo. Para mí, esto sí que era difícil, así que como Carmen había traído un libro de retratos, copié un modelo que venía con las mismas divisiones. Y me ha quedado una especie de galán clásico estupendo, una especie de Victor Mature.


A estas alturas de la clase, Mª Jesús decía que ella quería pintar una cara en posición “tres cuartos”; pero eso ya es para nota. Bastante tengo yo con tratar  de poner rectos los rostros que me llegan algo ladeados en las fotos.

Sonia propuso – para ayudarnos-, que hiciéramos un tercer rectángulo con los ejes inclinados, pero eso será ya material para otro día. “¡Buscad fotos de caras en diferentes posiciones e inclinaciones!”- nos puso como tarea. ¡Qué trajín…!

SEGUNDO DÍA DE CLASE

“Hoy vamos a hacer ojos”- nos dijo la profesora, mientras nos repartía hojas llenas de ojos.
También trajo una calavera, de plástico, para que viéramos que el ojo está siempre metido en un agujero. “Es una canica en un agujero”. Lo decía por el tema de las sombras (mi cruz).

Como los ojos eran únicos, se trataba de copiar uno y recrear el otro. Yo, que soy una Fitipaldi, acabé enseguida y empecé a guarrearlos con las sombras, como siempre.

Cuando Sonia cogió el dibujo por banda es cuando realmente aprendí dónde iban las sombras (porque sigo sin verlas, a pesar de la calavera…).

El siguiente ejercicio se trataba de calcar narices y bocas para dibujarles los ojos. Yo escogí una cara de frente total -las había que miraban hacia el techo o el suelo, y ¡vete tú a saber cómo se pintan los ojos en blanco…! El retrato de perfil, como la primera vez, me resultó más difícil. No me gusta pintar de perfil, al menos no sin modelo real. No soy capaz de imaginarme cómo se ve un globo ocular de lado.

Y como otra vez resolví el ejercicio velozmente, me puse a copiar uno de los modelos de las fotos que había traído de casa. Era el actor este, Gerard Butler, que hace un anuncio de colonias. Su cara estaba un poco ladeada, así que para no ponerle recto -como acostumbro- tracé un par de ejes inclinados.  Luego, apliqué la teoría: “entre los dos ojos, hay un tercer ojo”...Pero no. Por lo visto, no siempre es así. Es una teoría muy teórica, porque luego uno tiene un puente (de la nariz) muy estrecho y unos ojos muy grandes, por ejemplo.

Así que claro, con mi teoría me salían unas narizotas…Sin embargo, sus ojos de párpado caído, muy parecidos a los míos, creo que me han quedado bastante bien.


No sé qué nos tendrá Sonia preparado para el próximo día. Esperemos lo mejor.

TERCER DÍA DE CLASE

Hoy la tarea era la contraria al día anterior: Sonia nos repartió ojos y teníamos que “inventarnos” narices y bocas.

En la hoja, además de diferentes ojos en diferentes posiciones, había unos inquietantes globos oculares atravesados por un palillo como si fueran aceitunas o banderillas. Era para enseñarnos cómo con un ligero cambio de la córnea? podíamos conseguir que los ojos miraran de frente, hacia arriba o hacia abajo. A mí, la verdad, mirarlos me daba un poco de dentera. Me parecía estar en la película de Buñuel, Un perro andaluz.

Elegí primero unos ojos de frente porque poner narices y bocas a unos ojos de perfil o tres cuartos, y encima mirando hacia abajo, me parecía muy difícil. Al fin y al cabo, solo soy una aprendiza, y no precisamente aventajada…”El tres cuartos es muy bonito para retratar”- nos ponía Sonia los dientes largos. Pero yo no piqué.

Eso sí: elegí unos ojos que en vez de mirar de frente, miraban hacia los lados, como por el rabillo del ojo. Tracé mi cruz en el centro, ¡y a dibujar! Tras pintar cejas y ojos, volví a mi cuadrícula del primer día; pero me hacía un lío con las medidas. Antes (el curso pasado), lo hacía a ojo y creo que me salía mejor. Pero desde que nos ha enseñado a medir, he perdido la confianza en mí misma, y ahora no me atrevo a prescindir de las medidas…

Después de un triunfo de años diciendo “cuatro por cinco”, “cinco por cuatro”…,- me parecía que la frente y el pelo quedaban a años luz de las cejas- terminé la cara. “Te ha quedado un poco caballuna”. A mí se me parecía a esa cantante de copla joven…Pero lo que mejor me sale, sin duda, es el pelo: les hago unas melenas con cuatro trazos…Sonia me acortó un poco subiendo la nariz y los labios como si fueran el dobladillo de una falda. Y el resultado mejoró.


Luego, como quedaba tiempo, me puse con dos ejes torcidos… y aquello ya fue la debacle. Hasta el punto de que he decidido que quien quiera en el futuro que le pinte un retrato, que se ponga de frente frontal, o nada.

Los ojos, más o menos, los conseguí: lógicamente, el que menos se veía debía ser más pequeño, y el otro más grande. Pero con la nariz y los labios ya me hice un lío…de Vitigudino. La profe tuvo que acudir en mi auxilio para redibujarme el óvalo de la cara y perfilarme los otros dos rasgos.

No sé qué nos deparará el próximo miércoles, antes de las vacaciones de Semana Santa. Creo que voy a tener que hacer muchos cursos de retrato.

CUARTO DÍA DE CLASE

Hoy Sonia trae fotos de muchas caras, y ¡a encajar! No le interesan el detalle ni las sombras sino las proporciones.

Yo reviso la cuadrícula del primer día y me quedo con la idea sencilla (yo necesito nociones muy básicas y entendibles)  de que -en las proporciones ideales- mide lo mismo del nacimiento del pelo a las cejas que de las cejas a la base de la nariz, y de ésta a la barbilla.
Carmen me dice que ella usa como medida estándar la anchura de la nariz (¿o era la altura de media nariz en su parte más baja y ancha?), que ocupa un cuadro, igual que el ojo, pero eso para mí es mucho lío.

Elijo entre las fotos que quedan la de Louise Bourgeois de mayor, una cara alargada con muchas arrugas y un gorro de lana. Tiene los ojos muy pequeños y estrechos y la boca es apenas una raya sin labios.


La termino enseguida porque yo -en no teniendo que dibujar sombras-, soy una flecha. A Sonia le gusta y me dice que está “bien encajada” y que pase a otra foto. Elijo entonces la de una mujer con una trenza en la cabeza que mira hacia arriba y divido de nuevo mi eje vertical en tres partes iguales. ¡Ah! Pero esto es un escorzo y ya no vale mi regla de 4, 4 y 4. En un escorzo hacia arriba, la nariz es más pequeña. ¿Y dónde está el resto de la cara…? Pues en el cuello…

Pero así se queda. Ahora voy a por la foto de la cara de mi profesora, de frente y con melena suelta. También me sale un poco alargada (¿tendré un ojo deformado a lo Modigliani o el Greco…? Lo cierto es que Sonia tiene una cara más chata y redonda. Pero no quiero borrar ni repetir. Así se queda.

Mi siguiente elección es una cara que mira hacia abajo, otro “escorzo”. Le hago una nariz tan larga que ya me paso. Y Sonia viene a acortármela un poco. Tengo que volver a dibujar los labios que creo que estaban mejor la primera vez; sin embargo, me gusta cómo me han quedado los ojos, rasgados y con cierta expresión enigmática. Los ojos y captar el tipo de mirada son para mí lo más importante; si lo haces bien, tienes mucho ganado.

Sonia toma la medida del ojo como referencia para compararlo con la nariz y otros rasgos. No me parece mala idea. Me la apunto.

Después de las vacaciones, nos meteremos con las sombras. Eso sí que va a ser “sombrío”…

Le he dicho a Sonia que cada año tiene que hacer, al menos, un monográfico de autorretrato: para practicar nuevas ocurrencias y mejorar nuestros defectos.

DÍA CINCO. DESPUÉS DE VACACIONES. RETRATOS A BASE DE MANCHAS

(Recordar: He de apretar más el lápiz. Que si no, luego no se ve nada en las fotos…).

Hoy se cumplieron mis peores temores… Sonia entró por la puerta en tromba, anunciando: “¡Tenéis que sacar a manchas las luces y las sombras!”. “Hoy, ¡lápices fuera! Fijaos en los volúmenes…!. Traduciendo: no podíamos utilizar el lápiz ni hacer rayas. Y ya sabéis que yo no veo sombras; solo veo rayas. “Nubla un poco la vista…”- me sugería uno de mis compañeros. Pero ni por esas.

Los materiales, en esta ocasión, eran ceras de punta redonda y engrosada, y un lingote de bordes y puntas afilados llamado grafito.


Para mi primer “failure” elegí al pobre Benicio del Toro. Menos mal que nunca se verá inmortalizado por mí. Me quedó un poco “hombre-lobo”. Lo que sí soy es rápida y veloz: en apenas hora y media, hice ¡6! dibujos. Más bien, caricaturas.

Para el segundo modelo, decidí arriesgarme con las ceras. Lo que más me gusta hacer son los pelos, los cabellos. Me encanta pintar ondas y darles volumen como si fuera una mascarilla. Este segundo, que no recuerdo quién era, ¡también me quedó un hombre-lobo! Si es que claro, tanto guarrear el papel, cómo no van a quedar hombres-lobos llenos de barbas…

Así que, en mi cuarta elección, aposté por una mujer, a ver si también me salía una “mujer-loba”…También es una mujer-loba…de cara bien alargada.

A estas alturas, Tere empezaba a quejarse: “¡Cómo me duelen los dedos…!”. Claro, no se puede apretar el carboncillo como si fuera una tiza de modista…

Para mi quinto intento, opté por una mujer embutida en una caperuza de neopreno  que miraba hacia arriba y a quien se le veían, bien grandes, los agujeros (ventanas) de la nariz. Esta vez me equivoqué, de nuevo, con el apéndice nasal: demasiado largo, tenía que haberlo recortado.

Sin embargo, la última me quedó bien guapa. “Pero si te ha salido pop…”. Lo cierto es que, quitando a los buenos, que siempre son buenos, los demás hemos hecho versiones fauvistas diversas y chapuzas varias.


“Ya veréis: con esta práctica aprenderéis a descubrir otra manera de pintar y de resaltar los rasgos”…Ya, ya…

DÍA 6. POSADO DEL NATURAL

A partir de hoy Sonia ha dicho que todos los días, durante los primeros minutos de clase, ella se ofrecerá como modelo para que la captemos en distintas posiciones del rostro. Cada posado no durará más de cinco minutos y se trata de un breve bosquejo para captar la postura.

Tenemos que coger el lápiz por el medio para así tener más y mejor juego de muñeca. A Tere no le dio tiempo ni a casi empezar el primero. Claro, cogía el lápiz tan abajo que todo lo quería hacer muy minucioso y detallado.


El primer posado no me quedó demasiado mal. En el segundo, mirando Sonia para abajo, me salió una nariz de bruja pirulí. Del tercero, mirando hacia arriba, con la barbilla levantada, Carmen me dijo que había conseguido el gesto.

Luego ya pasamos cada uno a nuestras fotos elegidas para pintar con trazo, línea, grafito o cada uno como quisiera. Yo saqué una de mi tío Héctor y empecé a hacerla a ojo, sin medidas ni nada. Creo que me ha salido aceptable. Lo único, la mano, debajo del mentón, que era muy difícil y, al final,  la  he dejado solo en armazón…

Para la siguiente foto, Sonia nos propuso el ejercicio de poner la imagen al revés (“Haced el chico al revés, a ver qué pasa”), y pintarla como si se tratara de otra cosa -en vez de una cara- para así no estar tan atados a ojos, nariz y boca. Me pareció un ejercicio interesante. Elegí una de Antonio Muñoz Molina barbado y, cuando di la vuelta al cuaderno, me sorprendí para bien. Mi hermana dice que le he sacado más guapo  y Carmen me ha explicado que yo soy de dibujo “de trazos”.

Sonia nos ha dicho que, en general, todos tenemos que trabajar más las bocas porque “tienen mucho volumen” y nosotros las pintamos como si fueran planas. Es fácil de decir: ella pinta dos tracitos y les pone unas sombritas y las cosas se le despegan del papel, pero las mías parecen pegadas con supergén. No las levanta ni una grúa…

DÍA 7. APRENDIENDO A DIBUJAR EXPRESIONES

Sonia ha aparecido hoy con un cuadernillo de dibujo para niños. No, no es que nos estemos infantilizando (al menos, eso creo…). Además de para pintar ranas de colores, sirve para que veamos las principales emociones representadas de la forma más esquemática: esto es, la alegría, la tristeza, la sorpresa y el enfado.

Pero primero, hemos hecho varios  bocetos de la profe en distintas posiciones como el día anterior. He aprendido que el dibujo se puede hacer con sombras (a manchas), a línea…Yo soy de línea, claro. Pero apretando poco. Así que Sonia me ha dicho: “Ya que te gustan las líneas, recréate y resáltalas más”. Lo intentaré, pero es que excepto los ojos – que siempre parece que tienen rímel- tiendo a pintar muy flojito.

El segundo apunte de Sonia me quedó una chapuza. Además de apoyar la cabeza en la mano -con lo que teníamos que dibujar una mano, que ya son palabras mayores- no dejaba de hablar y de gesticular, así que un ojo me quedó medio cerrado a lo Jack Elam, y la mano, como un tronco. La culpa fue de ella. Eso le debía de pasar a Picasso cuando estaba en su época cubista: que l@s modelos se movían, y así  le salían un montón de ángulos…

El tercer modelo, de una foto, decidí empezarlo boca abajo. Ahora Sonia quería que cogiéramos caras y les cambiáramos la expresión. Por ejemplo, el modelo de la foto estaba serio, pues le poníamos una sonrisa. Pero claro, al sonreír no solo se estira la boca; los ojos, también se achinan. Y eso de imaginarme en abstracto expresiones, me resultaba muy difícil. Yo, como Santo Tomás: Si no lo veo…

“Al reírnos, la boca se estira y queda más larga”- nos asesoraba Sonia. “Al enfadarnos, las cejas van hacia adentro y hacia abajo”. Yo le he sugerido que el próximo taller monográfico que hagamos de retrato lo dediquemos a trabajar distintas expresiones. Y también en los apuntes de primera hora, puede poner “caras” para que las representemos en vez de solo subir, bajar o torcer la cabeza.


Decidí ahora pintar a Federer, el tenista, de una foto. Al hacerlo, me di cuenta de que pese a su aparente belleza apolínea, tiene una nariz de boxeador. A mi juicio me quedó tan bien, que no quería cambiarle la expresión, ni volver a dibujarle, así que pasé a otro modelo. 

Aún me dio tiempo a intentar la cara de susto, inventándomela de la nada. Pero me quedó fatal. Paloma, sin piedad,  me dijo que le había hecho la boca de una "muñeca hinchable". Y cuando Sonia hizo la tournée, me hizo caer en que, en la cara de sorpresa, la pupila queda nadando en lo blanco del ojo, despegada de los extremos. Conclusión: Yo necesito modelos vivos que pongan muecas. En abstracto, no sé.

DÍA 8. TENGO DEFORMACIÓN MODIGLIANESCA

Hoy no sé lo que nos deparará Sonia, pero yo me he traído dos guapos para copiarlos (otra cosa será cómo queden…). Uno es Manzanares, el torero de ojitos de pitiminí (yo llamo así a los ojitos pequeños y rientes, que me encantan). El otro es un modelo desconocido, pero también guapo, en posición tres cuartos, como los abrigos.

Ya apenas me quedan hojas en mi cuaderno: como soy tan prolífica y tan rápida…

Mientras llegan los rezagados para que Sonia nos ponga caras, elijo la foto de uno con pinta de despistado. No sé si será porque tiene en la frente una carta que le tapa la expresividad (la posición de las cejas, los frunces…), pero no consigo sacarle la expresión (ya sabéis que lo de imaginar no es lo mío). Decido pintarle los ojos y la boca con mis acuarelables, pero ni por esas…

Luego, voy a por mi modelo barbado. Me queda demasiado “longitudinal”. Sonia dice que nos cuestan las posiciones de perfil porque tendemos a dibujar poco cráneo y poco lateral. (A mí, de hecho, se me sale de la página…).

Sonia pone primero la expresión de “enfadadísima”, una posición extrema que le va a dejar con arrugas para los restos, y luego la de “asombro infinito”, con la boca abierta y las pupilas despegadas de los bordes del ojo. En la primera, lo que mejor me queda es la coleta. En la segunda, los ojos me han salido tan juntos que no es que no quepa el tercero: es que no cabe ni un alfiler. Ahora, rápida, sí soy. La inmortalizo en un pis-pas. A mi lado, dos compañeros la mar de habilidosos, hacen virguerías. No sé para qué vienen  a clase, si ya son unos maestros…Carmen me presta una colección de caras que expresan distintos sentimientos, sacadas de un libro. Así las puedo estudiar en casa con calma.

Cuando finaliza el periodo “apuntes rápidos”, vuelvo a mis modelos. Ahora me toca Manzanares. Es más difícil de lo que parecía. Y como está casi todo en sombra…, vuelve a salirme un hombre-lobo. Además, “le falta cara”- como dice Sonia, que ha de trasladar la oreja un palmo para que recobre las proporciones. Muy desolador. Yo que quería que me saliera divino…y me ha quedado un desastre. No sé si en la clase que nos queda voy a ser capaz de hacer algo digno…

DÍA 9. FIN…POR AHORA

Hoy me he llevado a clase el cuaderno que me regaló Conchi, para estrenarlo (El otro ya se me ha acabado). Con mi caja de lápices Derwent -también un regalo- soy la envidia de la clase…, y hasta de la profe.

Sonia nos ha sugerido -como ejercicio- que dibujemos a dos de nuestros compañeros para cambiar de modelo y que no sea siempre el mismo, o sea, ella. Yo he elegido a  Elvira porque la tenía enfrente, y tan concentrada que no se movía un ápice. Esto es fundamental.


Como segunda opción elegí a un “chico” de clase, a José, y se movió tanto que me ha quedado fatal, como muy alargado. Vamos, que parece un pepino. Creo que la posición tres cuartos no es lo mío: siempre me salen más largos que anchos.

Cuando se lo enseñé a Elvira, me dijo: “¡Mejórame!” Pero yo creo que su caída de párpados  tras las gafas está muy conseguida.

Luego me puse conmigo misma, copiando una foto de cuando tenía 6 años. No he logrado sacar esa cara suave de inocencia que todos tenemos a  esa edad. Es como si me hubiera pintado años después, ya adolescente. Se ve que tengo que hacer muchos más talleres…


Sonia ha dicho que el curso que viene empezará con el de retrato y que también tiene intención de ofertar uno sobre la figura humana. Eso son brazos y piernas, y manos y pies, además de caras con sus ojos, sus narices, sus bocas y sus orejas. No sé si van a ser demasiados miembros… Pero quizá lo intente para dejar de pintar manos como manoplas y pies siempre calzados…

Creo que este taller me ha hecho fijarme, sobre todo, en la diversidad de ojos que hay. Ahí se concentra, para mí, toda la expresión, aunque es verdad que si no atinas con las proporciones de la nariz, por ejemplo, tampoco consigues (ver) el parecido. Eso me pasó con mi intento de dibujar a George Clooney. La nariz era demasiado larga y la boca tampoco estaba conseguida; en cuanto Sonia los devolvió a su ser, los ojos cobraron sentido y ya “se parecía”.

De todas formas, al ir haciendo ejercicios y ejercicios, te das cuenta de que las líneas siguen un cierto gesto de la mano. Le digo a Sonia que es como cuando con el volante tomas una curva cerrada: no tienes que moverlo constantemente sino que, como la curva está trazada a compás,  solo tienes que mantener la posición del volante. Supongo que eso es lo que los antiguos llamaban las proporciones ideales. Tengo aún mucho que aprender. Pero ya será el curso que viene. Os seguiré contando…