lunes, 28 de diciembre de 2020

CON GALDÓS POR CANTABRIA. 40 leguas..., revisitado

40 LEGUAS POR CANTABRIA, REVISITADO 144 AÑOS DESPUÉS

Cuando Galdós salió de excursión por el occidente de Cantabria con Pereda y Andrés Crespo en su coche de caballos un septiembre de 1876,  tenía 33 años.  Llevaba ya 5 años acudiendo al veraneo de Santander (“mi cuartel de verano, mi refugio contra el calor [de Madrid]”).

SANTILLANA, la “villa difunta”

A ella llega desde Torrelavega, pasando por Puente San Miguel y Vispieres -como el telégrafo… "Al entrar en Santillana parece que se sale del mundo…”- es el inicio de  Cuarenta leguas por Cantabria, su primera frase lapidaria.

“Por la calle central de Santillana no se va a ninguna parte más que a ella misma…”- continúa.

“Los habitantes mejor situados de esa venerable villa muerta son las monjas”… de los dos grandes conventos (el de San Ildefonso y el de Regina Coeli).


Habla de las “históricas/venerables casas” de “negros balconcillos…medio cerrados, medio abiertos…”; aleros podridos, paredes verrugosas, ojivos ventanucos, gibosos balcones, tragaluces tuertos..., destartalados edificios. “Hay casas pequeñitas…; otras, ventrudas y derrengadas…Las hay que muestran el vanidoso escudo ocupando media fachada; las hay que muellemente se reclinan sobre su vecina…A todas les ha salido de tal manera el musgo…Ejércitos de helechos en fila coronan el muro de un extremo a otro…Una higuera extiende sus brazos hasta media calle…En otra parte, un gran arco de fábrica, por el cual un arroyo se mete tranquilo…sobre aquel río se alza una vivienda misteriosa, toda negra, toda húmeda…”.

Lo que más le asombra: que “no se ve gente. No hay nadie. Nadie nos mira, nadie nos sigue…Todo es soledad, un silencio como el del sepulcro…”.

Hasta que “Por fin, vemos gente…Un aldeano pasa y nos saluda…Por la calle de las Lindas bajan dos muchachas…En la puerta [de la botica]…varios jóvenes…hablando de política, de los toros de Santander o de las menudas historias de la villa”…

A la colegiata (La Abadía), le dedica un epígrafe. Y otro, al claustro. 

Lo que más le sorprende es tener que pasar sobre una reja [antiganado, paso canadiense] para acceder al atrio...

COMILLAS

Su descripción del lugar, comienza: “Para entrar en esta villa de los López [Antonio López y López y Claudio López Bru, marqueses de Comillas] y de los 4 prelados [los 4 arzobispos de la llamada “Villa de los arzobispos”: Juan Domingo González de la Reguera, arzobispo de Lima; Rafael de la Nava, arzobispo de Guatemala; Bernabé Martínez de la Rabia (arzobispo de Sonora, México) y Gregorio de Molleda, arzobispo de Charcas (en el virreinato del Perú; hoy, Bolivia) es preciso atravesar el mar en coche…”.

…”en la cumbre de un atrevido cerro, se alza la Coteruca, un palacio que vuela, según está de alto y enriscado…”.

“…la calle principal de Comillas…sube, baja, da de codo a las casas para que la dejen pasar y, al fin, con trabajos mil, logra llegar hasta la plaza [del Ayuntamiento]…”.

Hay un colegio de mármol [en 2021, sede del Ayuntamiento nuevo], una parroquia suntuosa [San Cristóbal] y una casa de Ayuntamiento, cuya fachada es casi un libro…donde está el registro de los hijos ilustres de la villa”.


“…al extremo izquierdo del arco que forma la playa.., el puerto…; un puño cerrado que puede contener diez o doce barquitos…”.

“Hay expediciones a cercanas grutas…[Cueva del Portillo, entre Comillas y Ruiloba, en Casasola; Mina Numa en La Molina (Ruiseñada) y Cueva de La Meaza, en Ruiseñada, descubierta en 1907 por Hermilio Alcalde del Río]”.

Las marismas de La Rabia son tristes, solitarias…Las árgomas [tojos, escajos]…invaden todo el suelo. Lo que de este queda libre, se lo toman para sí los helechos…no hay nada más que charcos salobres y cien mil islas bajas”.

SAN VICENTE DE LA BARQUERA, "la villa caduca"

…su situación al pie del cerro, en cuya cima está la iglesia; reflejando en el agua dormida sus casas pintorescas…

“Pasando el gran puente del siglo VI, de 32 arcos…Un convento que fue de franciscanos parece que vigila la entrada [San Luis]…”.

Torciendo a derecha mano…entramos en la calle principal de San Vicente, una especie de avenida de fango, limitada a la izquierda por larga fila de altos caserones con zancudas arcadas, y a la derecha por la muralla inmediata al río. A un lado, oscuras y feísimas tiendas, balcones de hierro…pesados y antiguos…

“Semejante a una choza de pescadores, allá lejos, junto a la orilla está el santuario de la Barquera”.

…“las empinadas calles…conducen a la hermosa iglesia ojival (en ella, “la hermosa estatua” del inquisidor don Antonio del Corro, “atenta a la lectura de un libro”)…Por un lado y otro se ven enormes muros, rotos arcos y restos de edificios…, esqueletos coronados de yedra…”.

Caduca por “decadencia pura y por ley del tiempo”. Galdós habla de que en los muelles, “ni un buque, ni una grúa, ni un tonel, ni una caja, ni un ancla rota…”.


 

 

 

 

 

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