viernes, 13 de marzo de 2020

PASEOS DE MEDIA HORA. TORRELAVEGA, PARQUE MANUEL BARQUÍN

Lunes, 9 de marzo. 9.50 h. 12 grados

Hoy, día de “huevo frito con lluvia”, decido hacerme el parque Manuel Barquín como si fueran las calles de un supermercado.

El mojón, en la entrada por la calle Cid, flanqueado por dos cameliales en flor, y comido por el musgo y la humedad, pone: Parque Municipal Manuel Barquín Agüero. Año 1950. Leo luego que, en los años 1920s, el espacio que hoy ocupa el parque era una hondonada conocida como “El Pozo hundido”, que fue posteriormente rellenado.


En los árboles (castaños de Indias, abedul), empiezan a verse algunas yemas reventonas. Un mirlo macho se pasea por el suelo y un perro negro sin correa da rienda suelta a su libertad. Entre la hierba, margaritas, ranunculáceas y vilanos de un diente de león.


Llego a la calle Teodoro Calderón y voy hacia arriba, en dirección al parque de bomberos para coger la paralela de vuelta a la calle Cid. Llego a una glorieta con una palmera rodeada de camelias. El “soplador” de hojas, con su ruido infernal, está cerca  del auditorio Lucio Lázaro.


Se oyen, y se ven, urracas; veo un ¿carbonero? (distingo algo negro y amarillo); no conozco muy bien a los pájaros pequeños -quitando mirlos, gorriones, petirrojos y lavanderas. Más tarde, creo distinguir los colores de un pinzón.

A los Pisardi (ciruelos rojos) ya les han salido las hojas granates y me llega un olor a higuera, pero no veo ninguna cerca. ¿Será el eucalipto gigante tras el auditorio…?


En el parque conviven bancos de distintas épocas y estilos y en distintos estados de deterioro (eso sí, de madera). Con los árboles, pasa lo mismo: algunos parecen miniaturas o producto de un trabajo bonsai  y otros tienen más de 70 años.


Las palomas (bravía y torcaz) son otras habitantes del parque: leo que también hay tórtolas turcas.

Llego a la plazoleta del toro y el tejo mientras el cielo se pone negro. “El pueblo de Torrelavega a Jesús Otero. Agosto 1986”. Amentos, hojitas, yemas y flores pugnan por desenrollarse y desarrollarse.


A las 10 y 25 sale un viento frío y mojado. En la finca donde mi padre y sus hermanos paraban a tomar un vino, han crecido mantos de la virgen a discreción.


Se nubla y se intensifica el olor a humus, a tierra mojada y a pudrición. El suelo está resbaladizo, de verdín y barrillo.


Hace un frío que pela: me dejo las calles longitudinales para otro día. No sé cómo los viejos pueden aguantar sentados: van a coger una pulmonía. Son las 10.45 h.


Próximo paseo: Las plantas en los alcorques de la Avenida de España.

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