miércoles, 15 de octubre de 2014

CAMINOS PARA ANDAR CON TROCANTERITIS I. DE LA VIRGEN DEL MAR A LAS POZONAS DE SAN ROMÁN. 16 de mayo de 2014

Me dicen que la línea de bus 17 Corbán-Ciriego es la que me queda más cerca de la Virgen del Mar. En esta ocasión, haré el tramo que me falta, en sentido contrario, hasta donde dejé el sendero costero la vez anterior, en las Pozonas de San Román.


Con 17 º C a las 9.20 horas, hoy va a hacer un calor de muerte (si no sale el nordeste).

He perdido el autobús de las 9.15 h, así que cojo el de las 9.45. A las 10.15 horas estoy frente al cementerio de Ciriego (http://www.cementeriodeciriego.com).Como no tengo prisa, aprovecho para entrar y echar un vistazo.


A la entrada, los “hijos ilustres”. Solo una mujer, Sor Ramona Ormazábal. El resto: Pancho Cossío, Joaquín González Echegaray, Guillermo Arce, Manuel Llano, Augusto G. Linares, Jesús Carballo, Sixto Córdova. Juan Ignacio Pombo… No sé si me dejo alguno. Quedan 4 nichos libres para otros 4 ilustres.

Dividido en manzanas y calles (con nombres de santos y santas), como si fuera una ciudad (la de los muertos), conviven  en el cementerio “naves” con “módulos” y “urnas”.

En el cementerio civil (http://elpais.com/diario/2007/02/03/espana/1170457222_850215.html), los muertos están agrupados por orden alfabético bajo placas de mármol oscuro. Veo a un tal Luciano Herreros Saiz. Tengo que preguntar si es pariente.

Al salir del cementerio, me dicen que baje la cuesta, y sí, veo al fondo la ermita de la Virgen del Mar.


Llegando, hay un camping y un asador. En el parking, “El chiringuito” y “Bambara Tavern”, aún sin parroquianos. A él llega el carril bici.

Desde el camino de cemento que bordea la ermita, veo hacia el este la antena de radio a la que había llegado en mi anterior etapa. Están arreglando los desperfectos de la ermita, supongo que para la próxima festividad de la Virgen del Mar, el 6 de junio.

Hay gente en la playa: uno bañándose y otro en la ducha. Una pareja con un perro se resguarda del viento en una oquedad del terreno.

A las 11 tomo el camino de vuelta siguiendo el carril bici. En la cuneta, trébol de cuernecillos, la flor del asno, trébol rojo, cerrajas, anagálides y malvas. Se oyen grillos, y el viento. A ratos, huele a hierba recién cortada.

De pronto, me doy con una pared inmensa (¿un estadio de fútbol aquí…?) que, al tiempo, reconozco como la del cementerio en su parte baja, opuesta a la puerta principal.

Al llegar  a la esquina, veo un pequeño aparcamiento y una zona acotada por una valla de maderos. Es un área de encinar cantábrico recién creada, pero lo cierto es que los árboles, desventados y deshojados, dan pena.

El camino, de guijo gordo, bordea la costa. Han levantado el prado natural para “urbanizarlo” con bordillos de cemento y suelo de piedrecillas. No sé si es que así el terreno se compacta menos (¿??) con la pisada humana. Yo, lo hubiera dejado como sendero costero natural, sin intervenciones, a la manera británica…


CODA, 3 de octubre de 2014

Me horrorizo al ver las fotos con la “empalizada” costera. Recuerdo que, en un curso, hace años, nos preguntaron a las personas participantes qué pensábamos. La mayoría (por no decir “por unanimidad”) dijimos que dejarla como estaba salvo ordenación y limpieza en lugares puntuales. ¿Para qué preguntan…? -me pregunto yo.





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