viernes, 8 de diciembre de 2017

PASEOS DE OTOÑO, EN TREN. Lo que me quedó por ver. HERAS

En otoño de 2014 inicié mi diario anual de octubre a junio, el curso escolar, sobre Viajes en tren de cercanías a lo ancho y largo de Cantabria. Le siguió, el curso siguiente, el Diario de viajes en autobús, en el que llegaba en transporte público por carretera a los sitios donde no era posible por ferrocarril.





Pero me quedaron sitios y paradas intermedias por ver: de ahí, la elección para este otoño de esos viajes que se quedaron sin hacer y de esos pueblos que se quedaron sin reseñar. ¡Felices jornadas!

HERAS, donde se hace el pan del “Machi”

Martes, 5 de diciembre de 2017

8.10 h. Frío, cielo despejado y gaviotas graznando en mi calle. Hoy vuelvo a mis paseos de otoño.

¡Se me han olvidado los guantes!...6 grados en Santander.

En la estación, como siempre, al poner la vía en los rótulos, sale automáticamente: “en andén” y, como siempre, el tren no está…

Un joven se ha saltado la valla y nadie de seguridad se ha dado cuenta. Los demás, hacemos como que no hemos visto nada.

El trasero se me ha congelado el breve minuto que he permanecido sentada. Espero no coger cistitis…

Antes, en la cafetería de RENFE, he tomado un café y un sándwich vegetal que se veía fresco y recién hecho tras los cristales.

Saliendo de Santander, aún se ve la luna, casi llena, sobre las casas de Valdecilla. ¡También he olvidado el abanico…!

De repente, el tren se pone a vibrar como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Me levanto porque, sentada, me resulta muy molesta la reverberación.

En Valle Real la niebla  flota sobre los campos.

Llegando a Astillero, ocurre de nuevo: siento como si me estuvieran electrocutando. Miro a la gente alrededor a ver si también se revuelven incómodos, pero a ellos debe de parecerles que atravesamos un plácido lago…

Por fin, la recta de Heras: naves y más naves...

Al salir de la estación, tiro hacia la derecha, como veo hacer a un chico y una chica. El ruido de la autovía se me hace ensordecedor. Enseguida veo la silueta del instituto de Heras. El IES La Granja está frente al moderno tanatorio. ¡En algún lugar tendrían que ponerlo…! En la carretera, un grupo de cinco o seis chicos hacen pellas, o están a la espera de la siguiente clase…El suelo está un poco helado y hago aquaplaning.


En vez de ir hacia la autovía, y al pueblo de Heras, decido coger a la derecha la desviación al barrio La Estación. En la distancia, las montañas nevadas. Un mirlo viene a posarse  en un cable de la luz ante mis narices: le saco un perfil divino. Me sigue o parece que quiera indicarme algo; vuela sobre el cementerio hacia un ciprés del muro.


Aún hay muchas zonas en sombra donde la helada y la escarcha permanecen. ¿Me saldrán sabañones en los dedos…?


Aunque hay varios chalés más modernos y nuevos, me seduce una casa despintada en colores blanco, verde y ladrillo.


A las 9 y 35 he llegado a la estación de nuevo tras hacer un circuito circular. Creo que para ir a Heras pueblo tengo que coger la indicación hacia la autovía. Al cruzar el puente sobre la autopista, veo un gran parking a la izquierda frente a las naves de (transportes) Margutsa.


Estoy en el barrio La Sota. Me llego a la iglesia de San Miguel. Junto a ella el edificio escuela al que asistió en 1862-1863 el niño Ramón Pelayo, luego marqués de Valdecilla.


A un hombre que pasa con un pan debajo del brazo le pregunto dónde está la panadería (no he olvidado que mi objetivo es descubrir el lugar donde hacen el pan tan rico que desayuno a veces en “El Machi”). Es la casa amarilla a la derecha de la iglesia. “No pone nada”- me dice. Sí, son ellos (la panadería artesana y familiar Gómez Pan. https://www.gomezpan.es/) -me confirma la mujer a la que compro un delicioso pan de centeno con pasas, recién horneado. Me dice que venden su pan en varios sitios en Santander y que en la plaza de la Esperanza están restaurando su puesto. ¡Bien!


Luego, para ir al baño, me pido un cortado en el café La Plaza. Es un sitio nuevo con unos servicios amplios, muy limpios.

Solo me queda ya ver la torre de Alvarado (de las sugerencias del poste magenta), cruzando la carretera general. Está en venta. La vende Solvia.es. Dándole la vuelta, tiene adosado un pegote (la casa, supongo); pero el escudo en la parte frontal es maravilloso: un guerrero parece esconderse tras el escudo, que contiene cuatro flores de lis y dos hombres barbados frente a frente (en casa, un libro de Carmen González Echegaray, me ilustra: las cabezas afrontadas son, en realidad, un moro y un cristiano. Y el lema, Jus est in Armas, significa "la Justicia está en las armas"...Pues vaya. Cómo se las gastaban en el siglo XVI).



De camino al tren, veo un estornino entre los caquis. A mí me parece un fruto de lo más insípido, ¿o es la chirimoya la que solo me sabe dulce…?


Al final, cojo el atajo lleno de musgo que antes pensé terminaba en un paso para animales. 


El tren llega puntual a las 11.21 h. Y a las 11.45 h estoy en Santander...con mi pan...




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