martes, 11 de julio de 2017

EXCURSIÓN EN BARCO AL RÍO CUBAS, EL PERIBONKA DE SAMPEDRO


A pesar de llevar veinte años en Santander, nunca antes había hecho  la excursión al Río Cubas, el río Pipas de Pereda en su novela Nubes de estío, el lago Peribonka de José Luis Sampedro.

Me dijeron que era un clásico del verano de las familias santanderinas para ir a merendar y, como depende de las mareas y del clima, no se puede hacer en cualquier época del año, así que ¡hay que aprovechar!


Nuestro barco es el Regina Doce, un barco moderno con una amplia terraza arriba. La velocidad es lenta, apta para mirarlo todo con tiempo, deteniéndose. Surcamos la bahía desde el Palacete del Embarcadero en dirección al puente de Somo, cruzándonos con veleros, motoras y otras embarcaciones, pues en julio el mar está muy demandado.


El capitán del barco es el narrador, en tono un tanto decimonónico, pero de agradecer ante tantas cintas grabadas, monocordes y sin alma: “Tomen posesión del barco…” – nos dice. Nosotros lo hacemos, encantados. “Vamos a remontar el río Miera 8 kilómetros…”. En el folleto, el recorrido desde el embarcadero, abarca Pedreña y Setién, en una margen del río, y Suesa y Cubas, en la otra.


El Miera tiene una longitud total de 41 kilómetros desde su nacimiento a su desembocadura, en la Ría de Cubas. Atraviesa los municipios de Soba, San Roque de Riomiera, Liérganes, Riotuerto y Ruesga. La deforestación, para abastecer con carbón vegetal los altos hornos de la fábrica de cañones de La Cavada, ha traído consigo la erosión de los terrenos. Los sedimentos en suspensión son responsables de la turbidez del río junto a los producidos por el lavado del mineral de hierro extraído de las minas de Peña Cabarga. Además, ha habido desecación de marismas para convertirlas en pastos. Todo ello da el paisaje que hoy puede verse, de praderías y eucaliptales que no resisten y se despeñan por las laderas junto al agua.


Tras pasar el puente de Somo con la broma de si nos daremos con las cabezas, el “Peribonka” de Sampedro, una masa de agua lisa y ancha que parece un lago, dejando el golf de Pedreña a la derecha.


Llegamos al convento de las Trinitarias de Suesa, dejamos atrás la finca de Gandarias y nos adentramos en el río, que cada vez se hace más estrecho hasta llegar al lugar llamado La isleta, donde damos la vuelta y paramos unos minutos que, dependiendo de la marea, van de los 10 a los 30, para bajarse quien quiera y descansar en el prado o dar un paseo.


Luego, el regreso, con acercamiento a la isla de Mouro, o no, tras rodear El Puntal viendo casi flotar el faro al otro lado. Un día glorioso, sea nublado o con sol.



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