miércoles, 10 de febrero de 2016

DIARIO DE SALUD DE UNA CINCUENTAÑERA

[Este es mi diario del curso 2012-2013. En vistas de que no me recupero del desgarro de talón para seguir andando, ahí van otras reflexiones salutíferas…]

Creo que ya lo he escrito en otro lugar: A partir de los 40, se te acaba la garantía -como a las lavadoras. Y, a partir de los 50, ya degeneras, directamente.

El 1 de mayo (pasado) cumplí 50 años. Han transcurrido volando. No hay más que dar un repaso al álbum de fotos y parece que fue ayer cuando me sucedió esto o aquello.

Creo que, en vez de por días, y ya que -visto lo visto, no soy muy constante con la entradas diarias-, voy a escribir -por esta vez- con etiquetas y epígrafes. Como los actos suelen repetirse…

Que conste que yo tuve la idea antes de que Pennac publicara su “Diario de un cuerpo”…

El peso ideal

Según el papelín de la farmacia, mi peso ideal debería estar -según edad, sexo y estatura -entre los 49 y los 66 kilos. Poniéndome en la situación más beneficiosa para mí -visto el peso que tengo-, me sobrarían 10 (por lo menos). Si me pongo a pensar en 10 redondos de ternera de un kilo, cuando vas a la carnicería, son muchos quilos aquí y allá...

P.S. Como no tiro nada, en una agenda de los años de Madrid he encontrado que a los 26 años pesaba 58 kilos (Mi peso ideal entonces eran los 53 kilos 100). A los 30, pesaba 63´600 (Y el peso ideal estaba en 54. ¡Siempre inalcanzable…!). Lo que no he conseguido es pasar del 1´60 de estatura…

Las tallas

Si dicen que cada década se sube de media una talla, yo entro dentro del perfil completamente. Aunque nunca me he visto delgada, ni cuando con 20 años usaba la 42 (¿tendré una cierta deformación anoréxica…?) -me alucino de ver la cinturita de avispa que tenía entonces- ahora, que uso la 48, solo me veo gorda (rechonchudinha, en portugués, me suena mejor) en las fotos o en los vídeos: ¡qué espaldas más anchas…! ¡Si parezco un maderero…! Pero, en el día a día, me siento ágil como un antílope y, en la piscina, un auténtico delfín (aunque mi conformación sea más la de una ballena). La monitora me ha dicho que si floto en vertical, sin hacer nada, es porque tengo la grasa muy bien repartida. Así que no estoy gorda. Como Marilyn (Monroe), tengo "las celulitis muy bien puestas" -que decía Xavier Domingo…

Lunes 12 de noviembre. Apunte de una No-ama de casa

Aunque este es un Diario de salud, no puedo resistirme…Estoy encantada con mi aspiradora nueva. Además de que es ligera como una pluma y se gira con presteza en cualquier ángulo, recoge polvo como una aspiradora de pro. No solo el que se ve, que eso es normal, sino el que yo no veo. Y se queda todito a la vista tras el cristal hasta que lo vacío, con incontable placer, en la basura. El segundo filtro no sé muy bien donde está y cómo se limpia, pero, de momento, no me ha dado problemas.

Mi nuevo aspirador no tiene bolsas que cambiar cuando se llenan; lo he aparcado, como si de un mueble se tratara, debajo del cuadro con la lámina de Emily Brontë. (Los dos tienen un tono oro viejo que no disienten uno del otro). Tampoco es demasiado ruidoso. Vamos: una joya.


También quiero hacer referencia a mi balcón, plantado con acelgas, una hierba luisa y una lavanda. La hierba luisa murió (creo que tenía demasiadas raíces enroscadas y no soportó el cambio de maceta a jardinera). La lavanda está un poco floja, como desmayada y sin demasiada vidilla, pero, de momento, vive. En cuanto a las acelgas, van echando hojas, aunque estas son aún muy pequeñas y no sirven ni para puré.

Respecto a los p. pájaros, siguen sacando la tierra, no sé si con el pico o con las patas, ni para qué, pero me tienen harta. ¡Si serán cochinos…!

El colesterol

Nunca he tenido colesterol hasta después de operarme. Y ahora tengo 300. No sé si ha coincido con la edad -porque ya me tocaba- o es que se me han revolucionado las hormonas y me han salido los genes. “No comas cochinillo, ni cordero, ni tocino, ni la piel churruscante del pollo…”- me dice mi médico de cabecera. “Pero si yo no como nada de eso”. “Vas a tener que tomar la pastillita…”. “Pero, ¿tan joven? ¿Y para toda la vida…?”. Me veo comprándome un pastillero rosa como el de mi madre. “Y poco aceite de oliva. Por los triglicéridos”. ¿Y qué voy a desayunar ahora? Ni mantequilla, ni queso de cabra, ni huevos, ni aceite de oliva… Corn flakes puedo tomar un día. Pero me aburren. Galletas, otro día. Pero lo que menos me aburre es el pan con mantequilla y mermelada o miel. La miel o mantequilla viudas me resultan muy dulces. Porque los trozos de mantequilla bien fría hacen como de intermediarios…

¡Dichosa genética!

He ido a la revisión para ver cómo me iba la pastilla del colesterol tras seis meses… ¡y ahora tengo ácido úrico! (Por las purinas de las proteínas, que no es un insulto).

-       Pero, ¿por qué? -pregunto, escandalizada.
-       ¿Lo hay en tu familia?
-       Pues sí. Mi padre ha tenido gota hasta que empezó con el zyloric. Y recuerdo que mi tía Dora decía tener ácido úrico (¿o era colesterol?) a pesar de cenar todas las noches pollo cocido y una manzana.
-       ¡Pues eso! (Eso no lo ha dicho la médica. Lo digo yo).

Nada. Que parece que alrededor de los 50 comienza a fallar todo. Y yo empiezo a fabricarme una teoría: ¿No decían que antes, hace muchos años, el fin de la vida eran los 40 años, más o menos? Pues ahora, nos la alargarán hasta los 120, pero estamos hechos una caca. Salvo que nos vayan cambiando partes, que dicen que será uno de los empleos estrella del futuro…

La dieta resulta muy graciosa: están totalmente prohibidos alimentos que no tomo en absoluto, como las vísceras o las huevas de pescado; bebidas alcohólicas, que solo bebo cuando invito a comer a alguien o cuando voy a un restaurante, y “todos los alimentos que el paciente sabe, por experiencia, que tolera mal”. En cambio, puedo tomar sin restricciones: huevos, queso, leche y mantequilla…, que son veneno para el colesterol. Ja, ja,ja. Además, me entero de que “espárragos, espinacas, apio, pepino, cebolla, tomate, manzana y fresas” tienen gran cantidad de oxalatos (que vete tú a saber lo que son. Lo miraré por internet: por lo visto, “inhiben la absorción del calcio”). Así que ahora tengo que dedicarme a aplicar la "teoría de conjuntos" -que aprendí en la EGB (mira, para algo servía) con el “pertenece” y  el “no pertenece”-,  a todas las excepciones y permutaciones varias. Un entretenimiento para los momentos de aburrimiento, si es que los tengo.

Herencias

He ido a la revisión de la piel como todos los años. Esta vez, el médico me ha revelado que mis verrugas que se expanden y corren son herencia paterna (no cosa del estrés, como dice mi madre). Y no solo ellas…Al salir, me recomienda que alguien me mire atentamente el cuero cabelludo, por si en él se esconden diversos tipos de abultamientos. Creo que me voy a convertir en “la mujer elefante”…

La piel

De pequeña, me molestaba que dijeran que mis pecas eran como cagaditas de mosca pero, en la mitad de mi vida -o menos- empiezo a tener las manchas “de vieja” en brazos, manos y escote. Además, herencia de familia son verrugas y protuberancias varias que deben ser revisadas de cuando en cuando por si degeneran. “La única que tienes que vigilar es la de la espinilla”-me dice el dermatólogo. Y yo miro con afecto una mancha, creo que es un angioma, que me veo en las fotos desde que tengo un año. Nunca ha crecido ni variado de forma o color. Por ahora.


Los ojos, la vista

La miopía es también herencia…de mi abuelo. A mí me salió, en el ojo derecho, sobre los doce años. En una revisión rutinaria escolar, al taparme el ojo diestro, vi que no distinguía bien las letras pequeñas del cartel. Eso no me pasaba el año anterior…

A los 50, se junta con el inicio -lento- de la vejez. Un día me descubrí que solo podía enhebrar la aguja guiñando un ojo y alejándomela. Otro, en una media luz de una tarde de invierno, tuve que levantarme las gafas y acercarme el plano de Florencia a  los ojos como si fuera “Rompetechos”.

Y casi a los 51, en nuestro viaje a Praga, he tenido que pararme a la luz de una tienda de Cartier (es que los diamantes dan más luz...) porque no me bastaba la de la farola para leer el plano. ¡Descorazonador!


Creo que preguntaré en la próxima revisión por las gafas progresivas. No soy capaz de andar poniéndome y quitándome, alternativamente, las gafas de cerca y las de lejos.

Los pies

Tengo un juanete en uno de mis "pies de anuncio"-que diría mi hermano David. Se fue desarrollando poco a poco, como si fuera un nuevo volcán, y si pongo los pies, uno al lado del otro, se nota bastante. La verdad es que no me duele (bueno, a veces, sí; entonces me siento como una campesina china a quien hubieran vendado los pies), y no es resultado de haber llevado zapatos prietos, porque siempre voy de lo más cómoda y con los dedos desparramados. Últimamente, tengo que ir a la podóloga de cuando en cuando porque se me clava la uña en los dedos gordos. Esto, antes, tampoco me pasaba. Lo último, y agradable, que me ha dicho, es que las uñas se engrosan y  los pies también cambian y se deforman con el paso del tiempo. "¿No ves cómo se te queda tieso el dedo índice (del pie)…?".
Aunque ella se empeña en decirme que no, yo afirmo que la carne me crece alrededor de las uñas de los dedos gordos. Igual soy una mutación…

También tengo, a veces, un dolor difuso en una de las falanges del pie derecho. No sé si será el reúma, tan socorrido, o una artritis. Pero me fastidia bastante. Lo de llegar a centenaria no se me hace apasionante...

La boca

Como no quiero tener dentadura postiza, -y que se me salgan los dientes al comer un filete o cogiendo una ola en la playa-, cumplo religiosamente con  las citas cada 6 meses de mi dentista. Un poco más perezosa soy con tanto colutorio, palillos interdentales y demás zarandajas, pero todo sea por no tener que echarme kukident o ahogar un paladar postizo en un vaso de agua por las noches...


El pelo. Cuando parezco una abubilla

Aunque mi médica de cabecera me haya dicho que, según mis hormonas, aún me queda para la menopausia (tengo 120 de no sé qué), yo ya hace unos años que me quejo de ser una “calorífica”, o de que el cambio climático ha aumentado dos grados la temperatura habitual de mi cuerpo. Siempre he sido calurosa y ya me recuerdo de pequeña, en gimnasia, con rosetones en las mejillas y, en mi primera juventud, borrándome el sudor de la nariz y la barbilla con el dorso de la mano. Y como no puedo abrirme la cremallera de la piel como hace la “pantera rosa” (The Pink Panther), he descubierto que algo que me desagobia, un poco, es llevar el pelo muy corto. Esto es, cortado en seco, al tres o al cuatro, con maquinilla. Pero la incomprensión en el entorno es absoluta y tengo que oír de todo entre familiares y amigos. No hay quien les haga comprender que uno o dos centímetros de pelo sobre la nuca dan un calor…Y hasta dolor de cabeza. Además, cuando el pelo empieza a crecer, como tengo tantos remolinos, pronto parezco una abubilla (un pájaro con cresta; mirar en un libro de pájaros...). Mi madre, cuando se levanta así, se aplasta el pelo con un cepillo o se pone un pañuelo en plan castañera. Pero a mí, eso, no me resulta nada gratificante. Así que, voy a mi peluquero, y le digo: Como siempre, y asunto solucionado.



Dolores varios: trocanteritis (o inflamación del trocánter, que no es el delco del coche)

Al filo de los 50 años me diagnosticaron esta inflamación que me sigue sonando a enfermedad de caballo, o de yegua. “Inflamación de las bolsas serosas que se sitúan en la extremidad proximal del fémur”.

Yo le decía al médico que era como si se me hubiera girado el muslo unos grados hacia la ingle. Al principio pensaba que quizá había hecho algo mal en la piscina, pero cada vez me dolía más, sobre todo al subir escaleras y cuestas. Luego, ya me dolía hasta andando en plano más de una hora. Aunque fuera por la playa de La Concha en San Sebastián. Y no podía cruzar la pierna para ponerme el calcetín o sentarme en el suelo con las piernas como un “yogui”.

La terapia de rehabilitación que me han asignado es calor en todas sus formas: infrarrojos, o lámpara de pollos, microondas… Y electricidad, corrientes. La verdad es que, al principio, me daba un poco de dentera. Era como tener uno de esos cohetes que en Valencia reptan por el suelo, recorriéndome el muslo. Una especie de electrocución controlada.  En fin, veremos cómo van la termoterapia y la electroterapia.

También usaron la magnetoterapia. “No vas a notar nada”. Y, efectivamente, transcurridas las 20 sesiones, con ejercicios de rehabilitación incluidos, no he notado nada de nada. Estoy igual, o peor.

Y muy preocupada. Porque una de la piscina me ha dicho que ella lleva cuatro años, y que el dolor se le ha quedado “clónico”. Y yo, dolores clónicos, esto es, iguales a otros, como los chopos,  no quiero tener.

Luego, a raíz de la tropecientas operación del rey, me fui a internet a buscar el blog del doctor Villamor, su traumatólogo. Encontré, en una de las entradas, “Falsas trocanteritis, o trocanteritis que no son”. La próxima vez que vaya a ver a mi médico, se lo diré, a ver si le aporto alguna idea…Cada vez que leo en el periódico alguna marcha de senderismo, ¡me da una envidia…! No es que ya no pueda con las marchas de 21 kilómetros; es que ya no puedo ni con las variantes que preparan para los más novatos, o desentrenados, de 13.

Leyendo y leyendo, me he enterado de que no tenemos dos glúteos, como yo pensaba: el derecho y el izquierdo; sino que hay glúteos menores, glúteos medios…También sé, según la resonancia (esperemos que éstas sean fiables cien por cien) lo que no tengo (parece un catálogo de los horrores): displasia de cadera, condromalacia, roturas labrales  (que no laborales), lesiones de ligamentos redondos; signos de impingement (así, en inglés, o en lo que sea) femoro acetabular; edema óseo, necrosis avascular de cabezas femorales. Y que mis tendones de iliopsoas, fascia lata y resto de estructuras tendinosas son, o están, normales. ¡Gracias a Dios!

Lo cierto es que ya no puedo sentarme en el suelo como antes: ni con las piernas cruzadas, ni extendidas. Simplemente, no encuentro postura y me tira de todos lados. ¿Será esto mi entrada en la vejez…?

Viernes, 15 de marzo de 2013. Empieza una nueva etapa de mi vida…O no

El viernes por la tarde acudí a una osteópata o quinesióloga, o lo que sea. El caso es que salí sin mi dolor en la cadera. ¡Y ya llevo 4 días…!

La alternativa de la medicina canónica era: primero, infiltraciones; y, si con eso, el dolor no se resolvía, abrir. Yo, quería una segunda opinión, antes.

Me colocaron el cuerpo, desanudaron un nervio, restablecieron los flujos de energía. ¡Benditos sean!

Quizá sí pueda, finalmente, volver al monte, y hacer el Camino de Santiago el próximo septiembre…Mayo de 2011 fue mi última excursión. Ahora empieza la mejor parte de mi vida.

O no… El 11 de abril vuelvo a la fisio. O se ha descolocado otra vez o la bonanza fue una falsa alarma. Ahora me duele hasta la clavícula izquierda…

25 de abril. Día de los “Cravos” (que no son “clavos”) en Portugal

La del dolor “clónico” en la cadera me dice que ahora tiene una “bolsitis” en un hombro. Me pregunto si será de cargar las bolsas de la compra…Ya lo digo yo: “No se pueden cumplir los 50”. – Pues verás cuando llegues a los 64…

Y encima se me está volviendo a clavar la uña del dedo gordo del pie. Es que a veces no aguanto tenerla como “una peineta”, que me recomienda la podóloga. A mí me gusta llevar las uñas muy cortas y “anguladas”. Creo que esta tarde tendré que pasarme por la consulta…

¡Otros 23 euros del ala! A medida que nos vamos haciendo mayores, (nos) costamos un dineral. Deberían poner precios especiales o hacer “el Día de la uña encarnada”, “el del juanete”, “el del espolón”…porque como tengas que ir todos los meses, te dejas un potosí… si es que lo tienes.

Mi hipotálamo (que no es el tálamo nupcial) está fatal

Leo en una noticia que su función es clave en la “regulación de la temperatura, el sueño o el hambre”.

Así que es eso…Ya decía yo que, de un tiempo a esta parte, sentía como si mi cuerpo también hubiera sufrido el cambio climático y que me costaba “desalojar” el calor; como si tuviera desnortado algún sensor corporal. En cuanto al dormir, también estoy fatal y duermo “de aquella manera”. Y acerca del comer, “todo me aprovecha”, que decía mi hermano David. Pero, a mí, es que “todo, todo”. Y siempre para quedármelo, claro.

O sea, que es que mi hipotálamo está chinado... Me pregunto si en ello influirán “los metales tóxicos de los pintalabios”, que leo en otra noticia. “El cromo, un carcinógeno relacionado con tumores estomacales"…O el manganeso, “relacionado con la toxicidad en el sistema nervioso”...

Yo que me compro los pintalabios por el olor y el sabor -porque como suelo comérmelos... Y no digamos mi madre, que no puede salir de casa sin pintarse los morros y, además, lo hace varias veces al día.

Y eso que nosotras no somos de la liga de las de “para presumir hay que sufrir”… En fin, de algo hay que morir. Y por lo menos, que sea degustando un buen “lipstick”.

Esto me hace recordar las épocas de la historia en que las mujeres bebían vinagre por litros para mantenerse pálidas o los maquillajes con plomo en la China para parecer más bellas. Si es que, a veces,  somos más tontas…

Fiestas para celebrar la menopausia

En Estados Unidos, claro. Miniventiladores, albornoces rojos, chapas con la frase: “¿Hace calor aquí o es que estoy menopáusica?”…La terapeuta Ellen Dolgen incluso ha iniciado un blog, Menopause Mondays (algo así como “Lunes Menopáusicos”), para hablar de todo lo que hay alrededor.

De la noticia, lo que más me ha aliviado es que ella también empezó un buen día a perder la memoria, y no es que estuviera alzheimer sino, al parecer, un síntoma (posible) de la menopausia. Esto me ha tranquilizado mucho porque yo que antes recordaba títulos de libros, autores, películas, actrices…, ahora empiezo a divagar orillando la palabra hasta conseguir que alguien lo adivine. Solía decir que era que “mi disco duro estaba ya  demasiado lleno”, pero esto es una nueva, y tranquilizadora, perspectiva. A partir de ahora, cuando me falle la memoria diré que estoy premenopáusica y que, por eso, se me caen las neuronas…

Somos los que más sabemos de nosotros mismos

Lo digo y lo repito: Los pacientes, que no son los que pacen, somos los que más sabemos de nosotros mismos. ¡Para eso llevo conviviendo con mi cuerpo más de 50 años...!

Pero algunos médicos se creen que por haber estudiado 20 años, sin parar, el colesterol, tienen derecho a decirte cualquier cosa, sin respeto y educación, como si tú fueras tonta o no supieras nada de nada. Y podrían hablar en un lenguaje más sencillo, que parece que solo quieren entenderlo ellos mismos. Es como les digo a los de los pájaros: primero, si tienen un nombre común, pues dilo en nombre común; luego, si quieres, pon en latín su nombre, entre paréntesis. A mí es que lo del común denominador o el común múltiplo, ya no recuerdo como era, siempre me pareció muy unificador (por la base). Pienso que, en lo sencillo, incluso las mentes más cultivadas y sibaritas pueden encontrar algo interesante, o nuevo; pero, al revés, si algo es muy abstruso, se te descuelgan unos cuantos por el camino, y los pierdes para siempre...

10 de enero de 2013. El oído

Tengo que consignar la fecha porque hoy he recogido del buzón, con mi nombre, -sin haberlo solicitado ni acudido a ninguna de sus sucursales-, una carta de una empresa de ¡audífonos! Si aún no he cumplido los cincuenta y unoooo…

Me dicen que me regalan un cuchillo y un libro de recetas -¿qué tendrán que ver con los oídos…?. Además, me hacen un descuento del 20% y me los dejan probar en casa. Como que no sé si pasarme…

Me escriben que “Viva mi experiencia auditiva”. Pues la mía es inmejorable…si no le preguntas a mi hermana, que siempre he creído que oye “de más”. Yo solo he notado que si estoy echada de lado, con la cabeza apoyada en el cojín, oigo peor. Pero igual es por eso, porque solo oigo con un oído; así que, ¡oigo la mitad!

Otro apunte infiltrado de una NO-ama-de-casa

Acabo de terminar de coser un parche en mi forro polar que llevo a la piscina en invierno (es mi uniforme hasta que empiece el calor y lo sustituya por un chándal de algodón). Me lo regalaron, como tarde, el cumpleaños del 1 de mayo de 1995 y, a pesar de estar bastante despelucado y de haberle cortado los puños, ya hace años, sigue dando la talla (aunque se le ven algunas calvas). Creo que he estado al menos media hora cosiéndole un parche a uno de los bolsillos, por detrás, que tenía varios agujeros (no quería que se me colaran por ahí las llaves de casa). El otro, por lo bien que está rematado, creo que se lo dije a mi madre.


El parche es de rayas blancas y naranjas; procede de una mermelada de esas finas que te venden con caperuza de tela. Me ha costado Dios y ayuda y, al final, he cogido un pellizco de la otra parte del bolsillo con el hilo, que he tenido que cortar. Espero que no se me deshilache del todo. Hasta dolor de espalda me ha dado de estar tan concentrada... Al darle la vuelta y ponerlo del derecho, uno de los agujeros no ha quedado tapado del todo. Tendré que esperar a otra mermelada de esas finas, con caperuza de tela, para superponerlo. Que sea dentro de mucho tiempo. He quedado agotada.

La piscina, diez años ya

El 20 de enero de 2003 me apunté a la piscina de mi barrio y casi, casi, de mi calle, porque solo subo unas escaleras, y ya. Han pasado casi diez años y, a menudo, recuerdo las palabras de uno de los monitores: “Hay que hacer ejercicio moderado a partir de los 40 para que la curva -y la señalaba con la mano- en vez de ser así (con caída en picado) sea así (una caída más dulce y sostenida).


Yo no sé si será verdad o no, pero siempre lo cuento a quien lo quiera oír: que gracias a la piscina, a la que voy todos los días media hora al menos, no he tenido problemas con las lumbares, y si me he torcido un pie, no ha resultado un esguince. Dicen que es fundamental tener ligamentos y músculos fuertes.  Quizá por eso no me duelen las rodillas a pesar de tener un ligero sobrepeso (sin llegar a la obesidad y, mucho menos, mórbida, que no morbosa, aunque pudiera ser…).

No somos descuidados, es que perdemos facultades

Hoy he tenido una revelación inquietante: Al irme a quitar unas “barbas” de la barbilla me he dado cuenta de que no veía tan bien como antes. Y me he puesto a reflexionar: igual no es que las personas mayores sean descuidadas (al menos, no todas; siempre puede haber algún guarro/a) sino que, al disminuirse los sentidos y no ver, oír, oler tan bien, parece que no se preocupan de su aspecto: no notan que se les cae la comida; no se huelen, etc. A los 50 años, esta revelación es casi como una puñalada...

Qué es la vejez. Aquello con lo que no contamos.

Menchu, de 81 años, me revela que ella sola no puede meter el edredón en su funda. Recuerdo que yo me pongo de pie en la cama, tras hacer coincidir las dos puntas de la cabecera, y luego lo sacudo hasta que la funda va descendiendo por el edredón. Pero tengo 50 años...

Mi tío Marcelo, de 94, me confiesa que ya no puede darse la vuelta en la cama ni ponerse los calcetines solo. A mí, con lo que me gusta dormir de lado, no sé si -cuando me toque- seré capaz de quedarme dormida mirando fijamente al techo…

También se va haciendo difícil cortarse las uñas de los pies (esto aún no me pasa a mí…): porque no ves bien (y te cortas un dedo), o porque no llegas (por la tripa)...Un día viertes la leche sobre el culo de una taza, que está puesta del revés -para que no entre el polvo; otro día confundes una albóndiga con una aceituna negra…O quemas un cazo, o un trapo, porque se te olvidó apagar la cocina…Y, cuando solo distingues el dulce del salado, ¿para qué vas a comer…? Ay, y si leo al noruego Askildsen, ya se me cae el alma a los pies...Al menos, ¡que nos quede el buen humor hasta el final...!

Lesiones

La cosa más nimia puede lesionarte. Ayer, por ejemplo, quería hacer una limpieza de emergencia del cubo de basura. Se conoce que no me agaché como se debe, flexionando las rodillas, y hoy casi tengo un lumbago en mi glúteo izquierdo – o el medio, o el menor- que, desde la trocanteritis – que aún conservo- ya no sé cómo se llama nada. He tenido que ponerme los calcetines sentada en la cama (Eso debería hacer también un tío mío que pasa de los 70 y aún se los pone brincando por la habitación. Un día se va a desnucar…). Esto me ha hecho pensar en otra cosa: ¿Por qué los señores no hacen pis- al menos cuando están en su casa o en un baño con puerta, no en un “meódromo público”- sentados, para no salpicar y dejar los alrededores como si tuvieran un aspersor…?).

Mamografías y otros aplastamientos

El otro día, la SS (Seguridad Social) me envío una carta para recordarme que había cumplido los 50 años y que era aconsejable que me hiciera una mamografía. Como la revisión me tocaba a finales de este año, decidí ir a la sanidad pública y cumplir con mis obligaciones salutíferas.

Unas breves preguntas para el historial, y ya me estaba aguardando en la puerta la encargada de la máquina “aplastapechos”.

Antes, en la sala de espera, una señora novata, me preguntaba: "¿Duele?". "Hombre, no es insoportable, pero tampoco cantas la Traviata…".

En el cuarto de desvestirse, supongo que por la crisis, no había ni camisola ni patucos ni nada...Yo siempre pregunto que cuándo van a inventar otras máquinas que no te compriman las mamas como si fueran requesón, pero la encargada me quitó la idea de la cabeza: "Puede que existan, pero como ahora, con la crisis, no hay dinero para comprarlas…". Así que dentro de dos años me veo acudiendo de nuevo al suplicio. Yo creo que las podían poner en el Museo de la tortura con una cartela: “Siglo XXI. Máquina de compresión y aplastamiento mamario”. Esto, me llegó por feisbuk...


Menos mal que, si mi madre tiene razón, después de los 70 años ya no te llaman para nada. “Debe de ser que ya no importamos…Solo te dicen: beba agua, y camine”.

Lo primero que hago al llegar a casa

Sobre todo, si llevo tiempo en la calle, lo primero es ir al baño. También debe de darlo la edad; una hora, aguanto, pero dos…

Lo segundo, soltarme el sujetador. ¡Qué alivio! El otro día leí que alguien recomendaba que se durmiera con él puesto por las noches para mantener los pechos en su sitio. A mí, como si se me caen a los pies o tengo que echármelos a la espalda, como la Ojáncana...

Acabo de recordar que a un modisto fashion se le ocurrió otro buen día que por qué no volver al corsé…Las mujeres, claro. ¿Y qué tal si se lo ponen ellos en salva-sea-la-parte…? ¿Acaso no se acuerdan del chiste de Gila y del “todos contra la pared” al quitarse la faja -¿era la suegra o la mujer?-. Porque claro, todo se ablanda de estar tan prieto. Y luego, se desborda…

Apuntes infiltrados (de la casa y de la huerta)

-       A las labores de casa yo le dedico los “tiempos muertos”, esos minutillos con los que nos sabes qué hacer entre una cosa y otra: te van a pasar a recoger a una hora aproximada, vienen a comer y se retrasan un poco…Otros, y, sobre todo, otras, les dedican toda su vida, o la parte más importante ¡Buffff!

-       Ya no sé qué hacer con las p. de las palomas, todo el día sacándome la tierra de las jardineras. Tengo que preguntar en la tienda por un remedio eficaz. El otro día, eché pimienta negra, a ver si ello les disuadía. Mi hermano me había dicho que a ellos, con los topos, les funcionó. No sé si es que estornudaban mucho, y por eso se fueron, o que la pimienta les provocaba una reacción hormonal displacentera. El caso es que cogieron su petate y se mudaron de jardín.

Consciente del paso del tiempo

No sé si es la edad (haber cumplido los 50), ver la gente que se te muere alrededor o, simplemente, una consciencia lúcida, pero yo, que creo siempre haber sido sensible a las personas mayores, me doy cuenta de que, llegada una edad, y aunque estés bien de cabeza, la gente a tu alrededor empieza a disponer de tu vida y –quizá convencida- de que hace lo mejor por ti, empieza a tomar decisiones o a excluirte de cosas sin contar contigo, sin preguntarte nada, sin consultarte: - Ya no está para ir a ningún sitio. – Estará más cuidad@ en una residencia…

Me horroriza que, alguna vez, creyendo interpretar lo que yo quiero o deseo (o debiera desear, a su juicio...), me aparten de algunas cosas o me impongan otras. Tendré que hacer como El viejo que saltó por la ventana y se largó

La urgencia por dejar algo y La intensidad de vivir

No sé por qué -al cumplir el medio siglo- me ha entrado, de repente, una urgencia por dejar cosas hechas. Si eso me sirve para ir quitando  de en medio papeles o libros…

Decía José Luis Sampedro (+ 2013) que su fórmula para llegar a una vejez satisfactoria era “vivir con dignidad, intensidad y sinceridad”.

A veces pienso si mis dolores de cabeza son producto de la “intensidad de vivir”, de la concentración para hacer las cosas bien y a fondo, de entregarse a tope...

Mis “carrillitos” y ser pelirroja


Eso es lo que dice mi madre que más echa en falta – de ella misma, sus carrillitos. A partir de la prótesis de rodilla, la infección subsiguiente y el “lavado con el jabón” de los antibióticos, perdió mucho peso muy rápido. Como resultado, se le “cayó todo”, también las mejillas, que se  le quedaron arrugadas como la corteza de un olivo. Sus pómulos altos, heredados de su madre, y su cara tersa y rellenita, eran su orgullo. También el mío, después de tres generaciones…Aunque a mí, lo de que de verdad me hubiera gustado, es nacer pelirroja...

Los codos

No sé por qué pero, a medida que pasa el tiempo, se van pareciendo más y más al papel de lija. ¿Será la falta de colágeno…? Ya he soñado el próximo anuncio televisivo: “Ahorre en tiempos de crisis. Lije usted, con sus codos, las puertas y ventanas. Una ligera pasada varias veces y, ¡listo!”.

Mayo. Practico la vejez todos los días

Para que no me coja desprevenida, entreno la vejez todos los días…Cuando no llueve (este año nos vamos a convertir tod@s en ranas),  me siento un  rato en un banco, al sol, a ver pasar la vida, sin hacer nada, dándome una tregua, y sin sentirme culpable. Simplemente, disfrutando del sol en los huesos, de estar viva y de tener alrededor gente que me quiere y me aprecia. Es una buena preparación.


4 de junio. Apunte infiltrado de ama de casa

Hoy tengo tan pocas ganas de estudiar para el examen de inglés de la Escuela Oficial de Idiomas que hasta ser ama de casa me parece placentero.

De repente, me he acordado de que tenía dos visillos nuevos que podía sustituir por los del salón, ya un poco renegridos. Y me he apostado a cambiarlos.

Los he puesto en un balde con agua templada y Norit Viaje en tubo, que se me iba a caducar. Espero que no se me desintegren como me ocurrió con otros hace años. Del sol, se rasgaron como si los hubiera tocado el de la peli esa de terror, no Manostijeras, otro que salía de debajo de las camas por las tripas de los sufridos protagonistas...No puedo recordar el nombre: será la menopausia... (Freddy Krueger. Lo oigo días después en las noticias...No es que la fuera a ver: las pelis de terror siempre me han aterrorizado, aunque fueran de terror sanguíneo. Pero ya se sabe: te ponen trailers después de comer o entre programas, y te enteras aunque no quieras…). 

13 junio. Otro apunte

Ayer, día de calor bochornoso, tras la lavada salvaje, y manual, de todos los pañuelos y fulares, bufandas de invierno incluidas (¡Por Dios! Que nadie me regale otro pañuelo…), pensé en mis labores “amadecasiles veraniegas”: pintar alféizares de blanco y barnizar ventanas, ya de color opaco comidas por el sol, lijar barrotes de los balcones… En fin, poner la casa a punto aprovechando, esperemos, las horas tórridas de encierro casero estival.

Hoy he empezado por quitar el polvo inveterado alrededor de los cristales, incluido el de la obra de picado de fachada de los vecinos de al lado, que los dejó blanquecinos. Luego, y, a pesar de estar lloviendo (es lo que tienen estas calenturas no-amadecasiles) cogí trapos viejos y el cristasol azul de mi infancia y me puse a sacar brillo  a los vanos.

¡Ah! Se me olvidaba: ya había empezado la “limpieza general” el otro día, lavando – a mano- los minivisillos de las ventanas del salón. Estaban negros como si hubiera pasado un deshollinador. Claro, que no recuerdo la última vez que los lavé…Como que todavía tienen el apresto de cuando los puso Luis, el cortinero…

De vuelta a la salud…Esos dolorcillos difusos

Últimamente me levanto con un dolor en las costillas izquierdas que no sé a qué es debido. Aunque me ponga todas las noches la minimantita eléctrica en la espalda. ¿Será que mi colchón ya pasa de los diez años recomendados...? ¿Será cosa de la artrosis, genética y de familia...? ¿Se me habrá roto una costilla, que dicen que son muy quebradizas...? ¿Será un tumor en los huesos…? Menos mal que no soy aprensiva e hipocondriaca como el amigo de mi hermano que, sin llegar a los 50, ya ha empezado a renunciar a deportes, y casi que a vivir. Yo digo que, para eso, que me abran una ventana…, y salto.

O puede que sea el sujetador (¿quién inventaría el término, que suena a algo tecnológico como “destornillador” u otro “–dor” cualquiera?)…, que me aprieta. El otro día, un iluminado dijo lo contrario de lo que había escuchado poco  antes: que había que quitarse el sostén (qué otra palabra más fea) porque si no los débiles músculos de la piel se acostumbraban a la sujeción, no hacían su papel y se relajaban. Pero me ha llegado un poco tarde. Los míos ya se han relajado hasta el límite. ¡Cachis!

16 septiembre. He hecho 11 días el Camino de Santiago, con trocanteritis


Como no sé si alguna vez estaré mejor, este año me decidí y el día 2 de septiembre cogí mi mochila y los bastones y salí de Comillas al amanecer rumbo oeste, a San Vicente de la Barquera.

Hasta el día 12, por la tarde, el dolor de cadera quedó en sordina, relegado por el dolor en las plantas de los pies a partir del kilómetro seis, o el de las costillas, presionadas y aplastadas por el peso de la mochila.

Todo es relativo en esta vida, como me demostraron el extremeño de 66 años que, con inicio de artrosis en los dedos de los pies, hacía más de 30 kilómetros diarios, en previsión de que se pusiera peor, o el chico vasco, operado dos veces de espalda -y en espera de una tercera- que, inasequible al desaliento, también hacía largas jornadas.

Así que, el año que viene, más Camino de Santiago, con cadera o sin cadera, con las manos o con los pies. Porque, para mí, parafraseando a Goethe: “¿Andar? Es vivir en la dicha...”.


FIN DEL “DIARIO DE SALUD DE UNA CINCUENTAÑERA”



1 comentario:

  1. Aída,no sé cómo llegué a leerte pero me encantó este diario de una cincuentona .Yo en octubre cumpliré 60 y no lo puedo creer. Desde ya te cuento que me sentí más que identificada.Saludos desde Buenos Aires con lluvia torrencial y su característica humedad que nos hace doler hasta el culo.

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