martes, 23 de abril de 2013

SE ME MUEREN LOS ELECTRODOMÉSTICOS



Buen momento para que empiecen a fenecer… En plena crisis.

Ayer, a mi tele Sanyo, que no es digital ni de plasma, le salió una línea azul en la pantalla, una pixelización que deja todos los cráneos rasurados como si les hubieran cortado la cabellera. La encendí y apagué varias veces, a ver si era una cosa coyuntural, debido a una tormenta atmosférica, o a un fallo del repetidor, pero no: es permanente, y no se quita.

Por otro lado, la nevera cada vez hace más hielo, y la lavadora, últimamente, me devuelve una especie de posos de té entre las ropas recién lavadas, bastante inquietantes. ¿Será porque en quince años no he limpiado el filtro inencontrable…?

Además, acabo de darme cuenta de que el termo de agua caliente presenta en las junturas un color azul sulfato. ¿Será venenoso? Porque debajo tengo el secaplatos… Igual me estoy envenenando con arsénico, o con plomo, y me vuelvo azul como un guerrero picto o un pitufo. ¿Y si se me pone el hígado blu...?

Menos mal que, al menos, todavía me queda la aspiradora de última generación -que muevo con el meñique y con una cubierta transparente -donde veo con placer todo el polvo, invisible a los ojos,  que se acumula entre pase y pase.

Unido a que mi puerta de la calle cada vez se cae más  (dentro de poco voy a ser una Alicia en el País de las Maravillas entrando por una puerta enana), y a  algunas grietas en la pared bastante asustantes,  mi morada se parece cada vez más a la de la peli  Esta casa es una ruina.

Y ahora, para remate, están picando la fachada trasera del edificio que linda con el mío. Espero que no se me desconche más la pared o se me caigan los “cellos” que he pegado para que no se desprenda la pintura. Me recuerdo a una compañera de clase que se cosía el dobladillo de la falda del uniforme con una grapadora o cinta adhesiva. Primeros auxilios estilo “macguiver”, en cutre.

La última moribundia: se me acaba de morir la impresora. Estaba haciendo su trabajo tan ricamente y, de repente, sin aviso ni admonición previa, dejó de funcionar. Encendí y apagué el ordenador. Enchufé y desenchufé sus conexiones eléctricas. Cambié de clavija las terminaciones… Pero la luz de encendido permaneció impertérrita. ¿Será que ya le ha llegado su obsolescencia programada…?

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