jueves, 24 de enero de 2013

SOY MANIÁTICA



Igual que me pierden el chocolate negro con naranja o la coliflor con bechamel de queso, no puedo soportar al leer un libro que le falten acentos, que haya faltas de ortografía o que las letras estén trastocadas o sin terminar. Me pongo enferma y tengo que parar de leer e ir a buscar corriendo un bolígrafo con el que arreglar el desaguisado al instante.

Otra manía que tengo son las etiquetas: en los sujetadores, pican; se te salen para arriba en las camisetas, y, en general, molestan. Así que las corto siempre que puedo.

También me gusta llevar las uñas muy al cero: tanto las de las manos como las de los pies. Que no se vea lo blanco.

Una vez que había estado plantando semillas en tierra, soñé que iba al médico y este, en vez de mirarme la garganta o auscultarme, me ordenaba: ¡Enséñeme las manos! Yo no quería, y las escondía a la espalda. Cuando por fin se las mostré, a regañadientes, miró mis uñas y dijo: “Usted ha comido chocolate, naranja, etc”. Y yo, con una vergüenza terrible por tener las uñas sucias. En cuanto a las de los pies, si uno anda mucho y, sobre todo, baja cuestas o pendientes, enseguida se da cuenta  de que las uñas largas se clavan como una garrapata en los dedos. Por lo demás, cuando me aburro o si decido dedicarme un tiempo a mí misma, a veces me da por ahí y me pinto todas las uñas, las veinte, de una tacada; y así, hasta la próxima sesión, que puede ser tres o seis meses después, cuando el esmalte ya se ha quitado y requetequitado...Pero, ¡qué más da...!

De la casa, no me gusta nada salvo cocinar. Bueno, tampoco me importa lavar los platos, aunque odio fregar los tenedores. La ropa, me da igual tenderla en las puertas, por una manga o sin pinzas. Planchar para mí es quitar las arrugas de un sitio para ponerlas en otro. En cuanto al polvo, me encanta limpiarlo cuando hay mucho, y casi tengo que tirar la bayeta de lo sucia que queda. Si debo limpiar, por lo menos, que se note.

Otra manía son los felpudos bien alineados. ¡Quién lo diría en una persona tan desorganizada como yo! Pero cada vez que bajo la escalera, no puedo evitar poner rectos a cualquiera salido de su sitio, aunque el ángulo sea sólo de 10º.

Con el pepino -pasando a las manías gastronómicas- me sucede una cosa curiosa. No me gusta solo o en ensalada -me parece que todo sabe a pepino- pero, en cambio, con piel, en rajas muy finitas, me encanta en los sanwiches o cuando lo ponen en las hamburguesas. Raro, ¿no...? Creo que debería alquilarme a algún psiquiatra a ver si me da contestación a tanta  y tanta rareza...

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